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Centro de Divulgación y Medios
Notas de Prensa

“No hay que esperar a que otros hagan las cosas”, la revelación de Rebecca Manson

Por: Diana González

A esa conclusión llegó esta fotógrafa canadiense tras hacer una inmersión como voluntaria en Japón, luego del terremoto y el tsunami que azotaron este país en 2011. Su plan era estar ahí durante tres semanas, pero ante la magnitud de la tragedia y tras una “revelación”, decidió quedarse seis meses haciendo una de las cosas que más le gusta: retocar manualmente fotografías familiares para salvar recuerdos, historias y, también, algunas vidas en su dimensión afectiva.

“No había más gente haciendo esto”, afirmó Rebecca Manson –durante la más reciente sesión del Ciclo de Conferencias de las Artes del Centro de Divulgación y Medios de la Facultad de Artes de la Universidad Nacional de Colombia (U.N.), a la que fue invitada como panelista– al recordar que al principio de su experiencia en Japón se hallaba sola en su propósito de retocar y, por ende, recuperar fotografías.

Rebecca Manson asumió no solo el papel de voluntaria social en Japón tras el terremoto y tsunami de 2011, sino también el de retocadora de fotografías y recuerdos.

Si no hay quién más lo haga, “¡yo puedo hacerlo!”, fue la idea que, a partir de ese revelador momento, la iluminó y la inspiró a continuar y perseverar a pesar de notar que a su alrededor no había otra cosa más que montañas de escombros. Sin embargo, imaginó que alguna persona en el mundo, aunque fuera una sola, podía sumarse a su causa y, por eso, hizo un video solicitando apoyo, que luego envió por redes sociales –en principio– a sus colegas en diferentes naciones, aunque no los conociera, aunque no la conocieran.

La respuesta, según comentó, fue muy positiva, pues quienes acudieron a su llamado fueron creciendo en número a una velocidad, para ella, sorprendente. “Usando Facebook, los voluntarios aumentaron rápidamente. Después de dos semanas había 150 voluntarios, hasta que llegó un momento en que había más voluntarios que fotos para retocar”, aclaró Manson al auditorio.

Algunas veces llegaban voluntarios a quienes con anterioridad ella había entrenado en el oficio y, tal vez por eso, no encontraban limitación o problemas más allá de las pésimas condiciones físicas de las fotografías. Sin embargo, en otras ocasiones, Manson tuvo que instar a sus colaboradores a ser honestos.

Honestos en el sentido de su real disponibilidad de tiempo y de habilidades manuales de retoque fotográfico, pues ella ansiaba llevar la calidad en la restauración al máximo punto posible, tal como se lo sugerían su vocación de voluntaria y, sobre todo, su ética y misión profesional. “Una de las partes más difíciles fue hacer que los retocadores fueran honestos”, recalcó al respecto.

Su trabajo y la del resto del equipo recibió elogios, pero también muchas críticas de quienes esperaban que la ayuda fuera más de carácter humanitario, asistencial, es decir, de reconstrucción de viviendas y/o auxilios alimentarios, medicinales o monetarios, antes que de recuperación de “simples fotografías” deterioradas por el agua o, incluso, el fuego.

No hay que esperar a que otros hagan las cosas, reflexionó Rebecca Manson durante su experiencia de voluntariado en Japón.

Pese a ello, Manson y el grupo de voluntarios y colegas continuó avante, solo porque había personas preocupadas por recuperar fotografías de familiares, seres queridos y allegados a quienes habían perdido en el desastre natural, a quienes ya no podían ver más allá de una imagen mental, un sueño o un papel fotográfico, en un instante detenido en el espacio y el tiempo.

“A medida que retocábamos nos dábamos cuenta que era muy importante continuar nuestro trabajo. Por ejemplo, una joven encontró siete fotos y eso era lo único que le quedaba de su familia, pues ella había partido meses antes de la tragedia”, explicó Manson al relatar el sentido de su forma de contribución al proceso de recuperación de las memorias de los sobrevivientes.

Una tarea manual

Un trabajo de retoque fotográfico implicaba, como primera medida, una limpieza, una tarea que debía hacerse a mano y a muchas manos realmente, pues eran miles y miles –más de 130.000 en un momento dado– de fotografías que debían devolverse a sus dueños o a quienes se acercaban al centro de restauración para reclamarlas o para solicitar, en la medida de las posibilidades, la devolución de la integridad de esos momentos del pasado.

Sin embargo, se hizo necesario recurrir a una mayor cantidad de gente para que esta, a su vez, fuera parte de un proceso de entrenamiento de retoque con el que –finalmente– asumiría la continuación de la misión, pues no solo había aumentado el número de fotografías a reparar, sino que, además, Manson y sus colegas debían volver a sus lugares de origen, de compromiso laboral, a sus otras realidades.

Lo mejor de este trabajo, informó la retocadora profesional, era escuchar las historias detrás de las fotografías recuperadas y aunque, obviamente, había sentimientos de tristeza, también los había de alegría, de un mínimo consuelo, de resiliencia. Y por esos hallazgos eufóricos valía la pena seguir luchando.

Muchos colegas y voluntarios se unieron a la causa de retoque fotográfico a mano, iniciado por Rebecca Manson.

En seis meses, 1.100 voluntarios y retocadores se sumaron a la causa iniciada por Manson. Sin embargo, ella tuvo que alejarse del lugar de su proeza, no sin antes haber asegurado la continuación de aquel trabajo, al que también se unieron multinacionales como Ricoh y Fujifilm, pero facilitando el proceso de digitalización de aquellas fotografías físicas que, finalmente, debían ser destruidas por su alto nivel de toxicidad.

Para concluir, Manson dijo: “una foto vale más que mil palabras”, y aunque una, cientos o miles de ellas no devuelven la vida ni el tiempo, muchas de las que fueron retocadas sí tuvieron el poder de permitir el encuentro y el diálogo entre quienes nunca, luego de la tragedia, habían hablado al respecto.

Esta conferencia se desarrolló en el marco del VIII Encuentro Internacional de Fotografía - Fotográfica Bogotá, cuyo tema para este año es “Memoria y Resiliencia”.