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Ante el retorno al campus, mi percepción optimista

Por: David Lozano Moreno*

Estimados profesores y compañeros:

En momentos de pesimismo e incertidumbre sobre el futuro en tiempos de coronavirus, deseo compartir mi percepción optimista sobre lo inmediato y las precauciones a tener en cuenta ante las medidas de retorno a clases presenciales en el campus de nuestra universidad:

  • Por fin los porteros podrán controlar efectivamente el ingreso al campus. La malla de aislamiento que nos separa del riesgoso entorno urbano adquiere mucho más sentido y valor. “Durante este periodo de crisis se restringe el ingreso de las personas diferentes a los integrantes de la comunidad universitaria”.
  • Será obligatorio, es decir, más efectivo el uso y porte del carné institucional para facilitar el trabajo de control de los porteros.
  • Cambian las normas de cortesía de la urbanidad de Carreño. Ya no estoy obligado al saludo de mano. Se recomienda evitar los saludos que impliquen contacto físico.
  • Por fin se va a hacer reciclaje en fuente y separación adecuada de residuos, pues adquiere mucha importancia el uso de bolsas según el color, especialmente las rojas.
  • Vamos a tener jabón, papel de manos y papel higiénico en los baños.
  • Tendremos suficientes elementos de protección personal en los laboratorios y talleres.
  • Se centraliza el uso de información de los auditorios y podremos disponer de ellos con suficiencia. “Siguiendo este parámetro, las vicerrectorías o direcciones de Sede y las decanaturas determinarán la máxima ocupación posible en cada espacio académico o administrativo, y publicarán la lista a su entrada”.
  • Seguiremos el ejemplo cauteloso de nuestros congresistas. Los mayores de 60 años, profesores y administrativos, trabajaremos en casa, pues ya no estaremos en la universidad. Esto acelera nuestro ánimo para pensar en la pensión. Se implementa el tiempo justo de los periodos de jubilación temprana y con ello se accede a una política fuerte de relevo generacional. No nos preocuparemos por tener cargos académicos administrativos. Se cumple a cabalidad con la política de jubilación masiva del exrector Marco Palacios.
  • Por fin, todos nos unimos en torno a una única causa común ¡Defenderemos Unisalud y el Hospital universitario!
  • Por un corto tiempo se desplaza la venta de drogas y alucinógenos a otros espacios fuera del campus.
  • Las aves retornan al campus después de haber desaparecido del humedal por la construcción del acceso a la hemeroteca, las canchas de futbol y por el pánico provocado por el uso de gases lacrimógenos y petardos.
  • Ante la falta de edificios y la precarización del trabajo docente, se logra que los profesores y estudiantes de la Facultad de Artes tengan acompañamiento y seguimiento a las condiciones de salud; las no conformidades serán reportadas al Comité de Prevención del Riesgo.
  • Se logrará lo que ninguno de nuestros amados mandatarios nacionales ni la clase política soñó: que la distancia social obligatoria también profundice la brecha social ¡Ya tienen ayuda extra!

David Lozano. Foto. Agencia de Noticias, artículo "Violencia sobre el cuerpo, uno de los temas de la exposición Inflexiones", 2016.

  • Ya no se usará papel en las oficinas por riesgo al contagio por su manipulación, lo cual implica salvar muchos árboles diarios.
  • Ante la poca afluencia, se acaba la presión de la comunidad universitaria para obtener baños dignos y un número justo de cafeterías modernas y adecuadas. En fin, se acaba con la exigencia de áreas comunes suficientes y dotadas.
  • Se acaba Artbo, pues ahora funciona allí el hospital más grande de Latinoamérica. Por desgaste ante la ausencia de esta élite del arte en la exposición anual del Museo de Arte, ya no tendrá sentido solicitar a las directivas de la Universidad Nacional la institucionalidad del museo. Este se convierte en un espacio democrático, abierto y público. La junta directiva del museo entra en funciones y diseña un programa de actividades con una programación fuerte que da respuestas a iniciativas de la comunidad universitaria, de la Facultad de Artes y de los artistas.
  • Los estudiantes y profesores no tendremos excusas por llegar tarde a clase, pues se dan dos cosas determinantes: tendremos acceso a Transmilenio sin apretujones y la virtualidad hará que todos estemos conectados y nos pongamos al día con la consulta de los repositorios virtuales.
  • Las obras de infraestructura física ya no tendrán urgencia. Los cronogramas de cumplimiento ahora serán mucho más flexibles.
  • El acoso físico disminuirá, el uso del tapabocas dificultará el intercambio de miradas.
  • Se logrará lo que ningún rector o vicerrector ha conseguido, a pesar de las múltiples iniciativas y programas: No tendremos vendedores ambulantes ni chazas. ¡Mejora el bienestar estudiantil!
  • Pierde sentido el eterno eslogan ¡La lucha continúa, ni un paso atrás! O el ¡No nos callarán, no pasarán!, incluso el creativo eslogan ¡Amigo mirón, únase al montón!
  • Nos deshacemos, por peligro al contagio, de las máquinas de comida chatarra instaladas en las entradas de los edificios.
  • Duque ya no necesita maquillar encuestas ni hacer contratos para favorecer su imagen. El manejo de la pandemia en televisión le da la legitimidad y favorecimiento público que le hacía falta.
  • Se acaba la excesiva presión por tener un cupo en una universidad pública. El presupuesto ya no debe ser aumentado y el pasivo de la universidad por esta razón se disminuye. Las carreras más solicitadas son Psicología y Trabajo Social, contradiciendo la opinión de nuestra vicepresidenta.
  • Se moderniza el Hospital Universitario Nacional y el gobierno invierte en la construcción de la torre B para adelantarse a cualquier futura crisis sanitaria. La presión de los urbanizadores, constructores y del POT cesa en favor de la Universidad Nacional.
  • Los prados reverdecerán y no serán podados en horas de clase, pues debe restringirse el uso de espacios públicos —como áreas verdes, parques, polideportivos—, así como los espacios en donde el control sanitario y el distanciamiento social no sea posible.
  • Veremos con extrañeza que el Esmad ya no permanece en las inmediaciones y alrededores del campus. ¡Esto es histórico! ¡El Esmad construye puentes y obras civiles de beneficio social, justificando su abultado presupuesto!
  • Se minimizará el riesgo de desnutrición y enfermedad, pues nadie venderá corrientazos en las entradas principales.
  • No volverán los estudiantes a donar sangre en los bancos improvisados que, sin control, son instalados en las entradas. Ya no hay que solicitar control sanitario y legal sobre ellos.
  • Podremos deshacernos de los peligrosos hornos microondas.
  • Veremos comer a los estudiantes de la lonchera llena de comidas autopreparadas.
  • No habrá más papas bombas, pedreas o manifestaciones, pues se deben mantener dos metros de aislamiento, como mínimo.
  • No habrá que pedir permiso a la Alcaldía para hacer mítines o manifestaciones. Esto será ahora inútil, pues ya no habrá convocatoria que valga.
  • ¿Venceremos el miedo? ¿Se destapa la verdad mundial?
  • ¿Por fin seremos más felices?

“Esta es mi percepción individual y no compromete otras opiniones, ni instituciones”.

* David Lozano Moreno, artista plástico y magíster en Artes Plásticas, profesor titular de la Escuela de Artes Plásticas y Visuales de la Facultad de Artes de la Universidad Nacional de Colombia.