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Notas de Prensa

Soy Epicuro

Llega a la afortunada casa. En el umbral de la puerta, duda. Antes de llamar, revisa su traje negro y su impecable camisa blanca, elegante y a medida. No usa trajes regularmente, pero la ocasión lo amerita. Mejora su postura y levanta la cabeza, esperando que le abran la puerta. Recibe al habitante con una sutil sonrisa, informándole que es uno de los afortunados y que, desde ese momento, su vida cambiará para bien. Ya no tendrá que preocuparse por las cosas mundanas, el alquiler, los víveres, los pagos de cuentas, el futuro, el incierto futuro.

A donde va no existen el dolor ni la tristeza. La melancolía, su compañera de toda la vida, se irá para siempre. El ganador abre la puerta, estrechan las manos y salen los dos del edificio. Mientras salen, él pregunta cosas básicas: qué privilegios va a tener, a qué hora sirven la cena, en qué actividades va a participar…

El hombre del traje resuelve con paciencia las dudas del ganador. Con una sonrisa sutil, más marcada que la que usó cuando llamaba a la puerta del apartamento, abre la puerta trasera del vehículo. El ganador sube, también sonriendo y satisfecho. Ya en el auto se libera del peso de la obligación. Es un automóvil clásico en perfecto estado: líneas de diseño puras, prístinas, diáfanas. En él se escucha música tranquila, una melodía en piano. En ese automóvil no falta ni sobra nada.

Los vecinos curiosean de manera sutil el acontecimiento. Vigilan escondidos detrás de las cortinas, murmullan y hablan en voz baja entre ellos. Nadie sabe qué comentan, sienten envidia, pero no la exhiben.

Finalmente, el hombre del traje sube al auto y lo conduce. Inicia el viaje con su pasajero, el ganador. El viaje es muy tranquilo y agradable. Tardan un poco más de una hora para llegar a su destino. Fue tan plácido que al ganador le pareció mucho menos tiempo.

Llegan a un gran condominio campestre, rebosante de verdor. Tiene una rotonda para los vehículos, como en los grandes hoteles. El ganador se baja del vehículo, camina al hall de acceso, distraído por el brillo de los pisos y techos. Al fondo de la zona de recibo hay un colorido jardín, iluminado por el sol. Se despide del hombre del traje.

Una suave voz lo invita a seguir a su cuarto. Él la sigue con obediencia y docilidad.

Llegan a la estancia —que no es un cuarto sino una casa en altura—, amplia, iluminada, con jardines y balcones con especies varias de plantas: aromáticas, medicinales y ornamentales. Con libros, muchos libros. Los portarretratos con fotos de todos sus familiares. Hay un taller, ahí puede hacer sus manualidades, maderas, cartones alambres, etc., el sueño de un fabricante de autómatas como Jacques de Vaucanson. Hay dibujos, garabatos hechos por niños, con colores, con mensajes amorosos para él.

La dulce voz se va, no sin antes responder a una duda del ganador… "La verdad, no tenemos preferencias por la gente mayor, si usted se da cuenta aquí hay personas de todas las edades, creencias y condiciones económicas. Aquí no hay apellidos ilustres ni familias influyentes. Todos son iguales…".

Se aleja con una sonrisa. Lo deja solo en su estancia. Él se sienta en uno de los sillones. Es increíblemente cómodo. Toma un libro de la mesa adjunta. Para su sorpresa es ese que leyó en su juventud, pero que en ese momento no le causó mayor interés, tal vez porque no tenía la madurez necesaria. Se pone sus lentes y comienza la lectura con una luz indirecta. Un halo de tranquilidad rodea el ambiente. Se sumergen las letras y los relatos…, lentamente se duerme.

Despierta. Se siente mareado. Su familia está detrás de un vidrio y lo mira con ojos llorosos. Esta confundido, no sabe qué pasa. Las superficies blancas le dicen que está en un hospital. Apenas hasta ahora se da cuenta que está conectado a varias máquinas…

Trata de dormir de nuevo, pero no puede. Recuerda lo placentero y cómodo que era el otro lado. Aquí todo le duele y es incómodo. Una enfermera le inyecta en su sonda un calmante. Entrecierra los ojos de nuevo, esperando volver ahí.

Autor: Luis Alfonso Castellanos Gómez, docente de la Maestría en Arquitectura —Escuela de Arquitectura y Urbanismo— de la Facultad de Artes, en las áreas de Proyecto y Representación.