Escudo de la República de Colombia Escudo de la República de Colombia

Centro de Divulgación y Medios
Notas de Prensa

La Universidad Nacional en medio de la crisis Covid-19

Una mirada desde la Facultad de Artes, Sede Bogotá

Federico Demmer Colmenares
Vicedecano Académico
Facultad de Artes
Sede Bogotá
UNIVERSIDAD NACIONAL DE COLOMBIA

Crisis general

La crisis desatada por la pandemia del Covid-19 ha colocado a la humanidad en su conjunto bajo una tensión sin precedentes en la historia reciente y ha revelado las debilidades y las lacras estructurales de una sociedad global basada en el lucro y la desigualdad. Adicionalmente, es necesario tomar en consideración que nadie estaba preparado para una situación semejante y, por lo tanto, en todas las instancias la pandemia nos ha tomado desprevenidos. Ningún país, institución, comunidad, o persona escapa a esta realidad.

Doble crisis UNAL

La Universidad Nacional (UNAL) en general y la Facultad de Artes en particular se han visto, entonces, obligadas a enfrentar esta crisis de manera apresurada y sin contar con los medios adecuados para responder a una emergencia de tan grandes proporciones. A ello hay que sumar que desde hace años la UNAL atraviesa una situación de suma precariedad, que afecta de manera estructural su funcionamiento debido al desfinanciamiento estatal de la Educación Superior Pública. Ello significa que estamos enfrentando una crisis en medio de otra crisis y con muy precarias herramientas para hacerlo.

“Hacer Más con lo Mismo”

Desde hace unos 20 años, la UNAL ha venido siendo afectada por la política estatal de “Hacer más con lo mismo o con menos”. Ello se manifiesta claramente en el hecho de que —ante el crecimiento de la universidad en programas académicos, calidad y excelencia, cobertura, modernización tecnológica, número de sedes, presencia nacional, necesidades de infraestructura y un largo etc.— la financiación estatal ha venido decreciendo sistemáticamente, obligando a la UNAL a entrar en una dinámica de generación de recursos propios. Eso en sí no es negativo. El problema radica en que estos recursos propios, hasta hace unos 20 años, financiaban los presupuestos de inversión de la universidad mientras que los recursos del Presupuesto General de la Nación (PGN) financiaban el funcionamiento. En la actualidad, la generación de recursos propios se ha convertido en una necesidad absoluta, simplemente para poder funcionar. Lo anterior tiene una explicación sencilla. Una institución académica, de docencia, producción de conocimiento, creación y pertinencia social es por definición una institución que tiene que desarrollarse y crecer. Y más en un país tan desigual e inequitativo como Colombia. Ello implica necesidades crecientes. Resulta evidente entonces que la política de “Hacer más con lo mismo” iba a conducir, en el mediano plazo, a que el modelo hiciera agua. A que la UNAL no pudiera ni siquiera financiar adecuadamente su funcionamiento. Es así como esta crisis nos coge en una situación tal que si no generamos recursos propios no podemos ni siquiera funcionar mínimamente. Y resulta también evidente que en el marco de la actual emergencia es imposible mantener el mismo nivel de generación de recursos propios.

La Facultad de Artes

En la Sede Bogotá, la Facultad de Artes es tal vez una de las facultades con una situación más complicada: sin infraestructura física para funcionar, con una comunidad académica dispersa y arrimada en instalaciones indignas y condiciones precarias.

A pesar de estas precarias condiciones de funcionamiento, la facultad ha logrado mantener altos estándares de calidad y un alto impacto social gracias al compromiso y dedicación de sus docentes, estudiantes y administrativos. En el más reciente Ranking QS por áreas del conocimiento, los únicos programas de la UNAL que aparecen dentro de los primeros 100 a nivel mundial son los de Lenguas Modernas, Arquitectura, Arte y Diseño (ver cuadro infra).

La crisis actual encuentra a la facultad en unas condiciones estructurales aún peores que las del resto de la universidad. Y evidentemente, esta crisis pone de manifiesto, aún más que en otras facultades, el fracaso del modelo de “Hacer más con lo mismo”, de buscar garantizar el funcionamiento con base en la generación de recursos propios. Así como un terremoto deja en evidencia los problemas estructurales de una edificación. Una crisis como la actual pone al descubierto la inviabilidad estructural de este modelo de funcionamiento que se le ha impuesto a nuestra universidad.

En medio de esta crisis existen, entonces, varias posibilidades para enfrentarla. Todo depende de “sobre quién” se descarga el peso de la crisis. El eslabón más débil de la cadena son los estudiantes. Si se descarga sobre ellos el peso de la crisis, se conduce a una situación de “sálvese quien pueda”, en donde los estudiantes en condición de mayor vulnerabilidad serán los sacrificados, es decir, quienes no puedan pagar sus matrículas, quienes no tengan unas condiciones de vivienda, alimentación y acceso a tecnología mínimas, quienes se vean afectados psicosocialmente por la crisis. La Facultad, el nivel de Sede y el nivel Central han asumido valiosos programas de asistencia para evitar esta situación. Hasta los docentes y comunidades estudiantiles han generado un encomiable programa de donaciones voluntarias. Pero ello tiene su límite en medio de las afugias presupuestales de la UNAL y no ofrece una solución estructural.

Particularmente grave es la situación de los posgrados, los cuales dependen casi que, exclusivamente, de que se matricule un determinado número de estudiantes para poder financiar su funcionamiento: contratación de conferencistas, órdenes de prestación de servicios administrativas, equipos y otros gastos. Hasta un 70% de los estudiantes de posgrado ha manifestado que en la situación actual no pueden continuar en los programas por distintas razones, entre ellas las siguientes:

  • Socioeconómicas. En el momento no tienen ingresos o si los tienen deben destinarlos para atender necesidades familiares.
  • Académicas: no consideran que la forma como se están impartiendo los cursos en modalidad no presencial justifique el pago de altas matrículas.

Ante la imposibilidad de generar los recursos propios para su funcionamiento, muchos programas de posgrado de la Facultad de Artes corren el riesgo de no poder funcionar, mostrando el fracaso del modelo basado en la generación de recursos propios. Pero el problema no es solo de recursos. Nuestros programas —alrededor de los cuales se articulan nuestras acciones de docencia, investigación, creación y extensión— son la esencia del aporte desde las artes a nuestra universidad como un Proyecto Cultural y Colectivo de Nación. Si nuestros programas colapsan, así mismo se hunde ese proyecto.

En los últimos años, ante el desfinanciamiento de la universidad, un mayor peso del funcionamiento de los programas se ha venido descargando en las facultades. Los recursos propios generados por estas se dedican en gran medida a costear el funcionamiento y muy poco a la inversión. Contratación de ocasionales en aras de suplir la falta de docentes para atender los compromisos de docencia, investigación y extensión crecientes; contratación de órdenes de prestación de servicios administrativas para suplir la falta de personal de planta; equipos, mantenimiento, planta física, etc. En la actual crisis, la Facultad de Artes puede echarse sobre sus hombros parte del peso de la crisis para que esta no la asuman los estudiantes. Pero ello tiene límites muy estrictos. La Decanatura ha evaluado que, debido a la pandemia, la generación de recursos propios de la facultad podría reducirse hasta en un 60% durante este año. Así es que la posibilidad de dar una solución de fondo a la problemática generada es poco viable.

Respuesta institucional

Para ello se requiere de una respuesta institucional de Sede y del nivel Central. Estos han implementado una serie de iniciativas para paliar los efectos más devastadores de esta crisis tanto a nivel académico como a nivel de asistencia socioeconómica, de salud y de bienestar. Pero, una solución de fondo implica: financiar el funcionamiento mismo de los programas de posgrado con los recursos que las facultades no estén en capacidad de aportar; aportar recursos adicionales para financiar los rubros de investigación, extensión y bienestar que no recibirán la misma cantidad de transferencias, y reducir el monto de las transferencias que los programas deben realizar.

Es probable que la situación descrita no aplique solamente a la Facultad de Artes. Seguramente, otras facultades en todas las sedes y las sedes de Presencia Nacional enfrentan la misma situación. Lo que resulta evidente es que bajo la política de “Hacer más con lo mismo” no hay salida a la crisis.

Reconocer el fracaso del modelo de funcionamiento basado en la generación de recursos propios implica que la universidad como institución debe, entonces, exigir recursos adicionales al Gobierno Nacional tal como lo plantea el documento “Consenso mínimo para mantener la Universidad Nacional de Colombia abierta, pero flexible y solidaria”, suscrito por un amplio número de docentes de la UNAL. Es, entonces, de esperar que desde la Rectoría y el CSU, donde tiene asiento el Ministerio de Educación, se genere una gestión decidida para darle una salida estructural a esta crisis. Así mismo, desde el SUE se deben coordinar iniciativas en este sentido con otras instituciones de educación superior públicas. Ya se ha conocido que la UPN ha hecho una solicitud de recursos de $16.000 millones al Gobierno Nacional para poder culminar el semestre.

Sin esta acción decidida, esta crisis profundizará la precariedad en la que funciona nuestra universidad, las consecuencias se descargarán sobre las partes más débiles de la estructura académica y saldremos de ella con respirador artificial y en cuidados intensivos.

Bogotá, 30.04.2020

Ranking QS-Área de Conocimiento
Universidad Nacional de Colombia 2020