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Centro de Divulgación y Medios
Notas de Prensa

El arte también celebró su día en cuarentena

Por: Pablo Enrique Triana Ballesteros

Conozca las inspiradoras historias de cómo artistas jóvenes colombianos alrededor del mundo enfrentan la cuarentena sin renunciar ni descuidar su praxis artística y creativa.

Este mes contiene la celebración del día internacional del arte y el Centro de Divulgación y Medios (CDM) de la Facultad de Artes de la Universidad Nacional de Colombia quiso hacer un especial para conmemorar esta fiesta que se vio, como tantas otras, opacada por la actual contingencia que atravesamos como humanidad, recogiendo la voz de varios artistas jóvenes alrededor del mundo.

A partir de la recolección de estos testimonios, el CDM quiso realizar un pequeño homenaje para que esta festividad no quedara sepultada por este año de encierro y solipsismo, preguntándoles qué es el arte para ellos, cómo lo viven, qué se encontraban haciendo cuando la cuarentena estalló, cómo la han afrontado, y las oportunidades que esta situación, con todo lo abyecta que es, también tiene su flor en el pantano.

“El arte es un intento por hacer real aquello que se imagina y que solo existe en los recodos del espíritu”, expresa la artista visual y dibujante Teresa Currea, quien antes de la pandemia del Covid-19 se encontraba trabajando en una residencia artística en la ciudad de Kofu, Yamanashi, en Japón.

El proyecto que esta artista se encontraba desarrollando era una serie de dibujos inspirados en la mitología japonesa, pero justo después de terminar su residencia no pudo regresar a Colombia.

“Me quedé varada en Japón. Mi taller en Bogotá está cerrado y yo con los pocos materiales que tengo aquí sigo trabajando. En compañía de otras tres artistas, una de Brasil, otra Chicago y otra de Bogotá, con quienes me encontraba haciendo mi residencia; hicimos una campaña de Gofundme para poder cubrir nuestros gastos en común aquí en Japón. Ahora somos un equipo de 4 y nos ayudamos mutuamente mientras podemos volver a nuestros respectivos países. Yo sigo trabajando en mis dibujos lo que más puedo”, cuenta Currea en una entrevista concedida desde Japón para el CDM.

Pero, por dura que sea esta situación, cuando el espíritu y la pasión son fuertes no dejan de haber rayos de luz que rastrillan las tinieblas como si fueran hojas de un otoño que hay que barrer.

Cortesía: Teresa Currea.

“En mi caso particular, me ha enseñado que los artistas podemos hacer muchas cosas cuando nos unimos y trabajamos en equipo. Normalmente trabajo sola en mi taller, pero estos meses he tenido que tener la mente abierta y cooperar para el bien común. Esta idea puede cambiar la forma como muchos artistas trabajamos y crear nuevas oportunidades en lugares y circunstancias difíciles”, puntualiza Currea desde la tierra del sol naciente.

Por su parte, Miguel Klos, un artista urbano que ha plasmado su obra en los muros que, seguramente, el lector o lectora ha visto alguna vez en la ciudad de Bogotá, opina que “el arte es todo aquello que te hace sentir algo o genera una emoción, puede ser algo efímero o también constante en el tiempo, como un solo de guitarra o una pintura en un lienzo. Mientras que el arte urbano, aunque tiene que ver mucho con lo hablado anteriormente, va más con la calle, con la gente del común, aquellos que no pueden ir a galerías o pagar la entrada a un concierto, que solo necesitan caminar por la urbe y disfrutar de la manifestación empírica que el artista urbano brinda a partir de sus vivencias, pensamientos o experiencias”.

Al momento de estallar la pandemia, Klos tenía unos proyectos para realizar con varias alcaldías, algunos estaban a punto de iniciar y otras en proceso de aprobación, así como unos murales para algunas personas que ya le habían encargado realizar una obra en su local y en su vivienda.

“La afectación es bastante ya que como artista urbano me desenvuelvo en la calle y necesito estar en constante movimiento, además los proyectos que tenía están en espera o algunos ya cayeron del todo, pero los gastos siguen corriendo, estos no dan espera”, comparte Klos.

Sin embargo, cuando se le pregunta cómo afronta estas vicisitudes, el artista traza unas pistas, seguramente sin quererlo o pretenderlo (simplemente compartiendo su experiencia con la sencillez que le brota a borbotones), de cómo podríamos todos también asumir esta inexorable realidad.

“Pues lo primero es no estresarme, pero en ocasiones es inevitable ya que tengo familiares que dependen de mí. Sin embargo, tengo que aprovechar al máximo el tiempo, estudiando, practicando nuevas técnicas, retroalimentándome viendo las obras que he realizado y enfocándome en lo que quiero hacer. Pero si hay algo positivo de todo esto es que he estado más cerca de mi familia y, a pesar de que uno no crea, nos hemos conocido mejor. También he realizado varias obras que tenía en mente haciendo tangibles las ideas. Esto también es bueno”.

Por esto es que Miguel Klos reconoce también oportunidades o aspectos positivos para el arte en general y para el urbano en particular, en esta crisis que por dura y abyecta que sea no deja de ser parte del peligro que implica vivir.

Cortesía: Lili Cuca.

“Como venía diciendo, es necesario explorar nuevas técnicas y estudiar mucho. El arte urbano no es solo salir, pintar y ya, todo esto necesita de mucho estudio y dedicación, desde el análisis de la idea como el ejercicio de bocetación. Es claro que la base principal del grafiti es la calle y me hace una falta brutal, pero de cada quien depende aprovechar este tiempo al máximo, igual la calle siempre va a estar ahí para nosotros, cuando termine todo esto ¡nos vamos a desquitar!”, concluye Klos con un vigor que huele a promesa y a esperanza.

Algo muy en la línea de lo que opinan los artistas del Colectivo Dexpierte (DXPT): “las situaciones difíciles siempre terminan perjudicando mucho, pero al tiempo te obligan a pensar otras formas, maneras y medios. No será igual, pero hemos visto en redes a mucha gente haciendo cosas; un ejemplo en el tema del arte urbano es que en este tiempo no se están mostrando las obras terminadas como las solemos ver en la calle o en la publicación del artista en su Instagram, sino que ahora está pegando resto mostrar el proceso, cómo lo hace, cómo corta, cómo pinta, cómo quema el bastidor, cómo hace el grabado, cómo diseña en el programa, cómo hace el engrudo, en fin… Y en eso está el juego, en términos de compartir lo que se sabe”.

Asimismo, los artistas de este colectivo, muy respetuosos de toda diversidad, piensan que no son quiénes para decir lo que es o no arte.

“Creemos que todo lo que hagamos vinculando las artes y los oficios populares es una forma de expresión de nuestras ideas y demás. La diferencia con el arte urbano es que estas prácticas y formas de comunicar se hacen en el espacio público en su gran mayoría y, técnicamente, es más específica, aunque ya con una gran variedad también de técnicas y métodos. La verdad nunca nos hemos sentido cómodos hablando del tema, para nosotros el arte (cualquiera que sea) es una herramienta que cumple una función de comunicación más que de admiración u otras cosas. Ya habrá gente profesional en las artes o no que dirá qué es arte y sus variantes y qué no lo es. En eso no discutimos ni tenemos idea”.

Cuando se desató la cuarentena este colectivo se encontraba “moviendo” (vendiendo, intercambiando, pegando) algunos carteles, serigrafías, stickers y camisetas en Colombia, México y Ecuador, y planeando pintar algún muro.

Sin embargo, no se vieron tan afectados como otras personas, ya que su fuente primaria de ingresos no dependía de estas actividades que realizan como colectivo, pero esto no significa que no sean capaces de empatizar con quienes sí, ni que no los haya tocado de otras formas.

“Afortunadamente nuestra fuente económica primaria no es el colectivo, por lo tanto no se siente notoriamente el golpe en términos financieros. En ese sentido, lo que más nos ha afectado es no poder estar en la calle, haciendo algo: pintando, pegando stickers o carteles, compartiendo con la gente, los amigos ... en fin. Tal vez por las redes se puede subir un diseño o se puede hacer el envío de una serigrafía que quieran comprar, pero nunca será igual el espacio virtual al real, como tampoco el significado político que tiene accionar en el espacio público.

Cortesía: Miguel Klos.

Lo primero es esperar con paciencia, aprender, conocer y ser críticos ante esta situación.

De ahí en adelante, nos hemos solidarizado con algunas personas que pasan esta cuarentena con más dificultades y creemos que eso es importante, apoyar como colectivo o desde cada una de nuestras individualidades. Y desde el medio que conocemos, pues hemos podido saber virtualmente de trabajos de otros parches, a través de transmisiones, videos caseros, etc.

Hemos pensado en sacar algunas cosas para este momento y para cuando esto tenga final. Hacer planes y ejecutar los que se puedan con la situación”, cierran con optimismo las voces de Dexpierte.

Finalmente, Lili Cuca piensa que, aunque viene de una construcción académica del arte [por haber estudiado Artes Plásticas y Visuales en la Academia Superior de Artes de Bogotá (ASAB)], el arte siempre fue una herramienta masiva de comunicación social. Pero no solo eso.

“Siento que el arte también es una herramienta de construcción, a través de esto que menciono de la comunicación. Y el poder haber estado al interior de ese núcleo (el académico) que genera arte para museos y galerías, me di cuenta de que eso que termina volviéndose ‘elite’ es más producto de la estética que de otra cosa y termina siendo observado por personas intelectuales y que saben del tema, que se identifican con y a través de ese tipo de creaciones, y comprendí que eso no es más que otra forma de crear murallas sociales, de separarnos como sociedad. Y fue por eso que, junto con mi experiencia previa de pintar en la calle, comprendí que yo no era una artista de galerías ni de museos, ni quería serlo tampoco y que lo que me interesaba era generar espacios para la gente común, para la gente como yo, para ‘la gente de a pie’. Por eso quise que mis creaciones, como profesional y como amante del grafiti, ocurrieran afuera”.

Por eso, para ella el arte urbano es una herramienta de comunicación muy contundente que tenemos para construir sociedad y generar nuevos mundos posibles.

“Suena onírico, pero no lo es. Creo que desde que empecé a pintar en la calle (hace más de 12 años), los que empezaron, las primeras generaciones, y los que vinimos después, es abrir una puerta gigante para hacer del arte urbano y del grafiti una manifestación cultural que define también a nuestro país (Colombia) y lo que somos en medio de una diversidad tan grande y, por eso, me siento tan orgullosa de ser parte de esto”, afirma Cuca.

Y aunque esta artista también se vio afectada por la contingencia provocada por el Covid-19, piensa que la autogestión y proyectos autosustentables anclados con la solidaridad del gremio y la construcción de redes para la cooperación mutua con otros artistas como ella y la sociedad, es la clave para superar cualquier crisis de índole económica.

Cortesía: Colectivo Dexpierte.

“Bogotá es una meca de proyectos culturales independientes y somos una gran masa que ha aprendido a moverse en conjunto y a apoyarse; de este modo surgen todo el tiempo oportunidades muy importantes para trabajar desde la autogestión. Sin embargo, eso en este momento es lo que más afectado se está viendo, no creo que desde la web estemos logrando todo lo que logramos afuera. Por mi parte, cuando la cuarentena empezó estaba alistándome para dos proyectos muy grandes, uno con la embajada de Polonia y otro con un ministerio que quedaron en stand by, estaba muy ilusionada, pero bueno... Espero que cuando esto pase, todo pueda retomarse y seguir adelante. Aunque pienso que ahora es un tiempo de no hacer muchos planes, sino de entender más bien por lo que atravesamos, si después se pueden retomar todos estos proyectos, fabuloso, pero si no, pues, nada, al menos se soñaron (risas).

Siento que es un tiempo de aprender a quedarnos quietos, estábamos siendo muy nocivos, no solo para el planeta y el ambiente, sino también para nosotros mismos; el ritmo que le hemos impuesto a nuestra vida. Creo que es momento de volver a nosotros, a nuestras raíces y que seguramente va a ser muy positivo para el arte urbano y para todos en general”, afirma Cuca.

Y sí… Con todo y todo lo terrible que puede resultar este virus. A lo mejor también se trate de ese sistema inmunológico que la vida tiene para llamar la atención de esos organismos que, como dice Byung Chul Han, ya ni siquiera requieren como otrora de un jefe que los explote porque ya han interiorizado tanto los valores y las marcas de ‘éxito’ de un sistema tan tiránico como abyecto, que ahora hasta se autoexplotan en aras de alcanzar y mantener esos estándares como el reconocimiento y el aplauso calcáreo de otros, corriendo sin cesar en una rueda de hámster desesperadamente sin saber muy bien cuál es el sentido de hacerlo más allá de que eso es lo que hay que hacer porque todo el mundo lo hace.

Pero cuando somos arrojados a nosotros mismos, a ese ‘ser ahí’, sin las preocupaciones o afanes con las que solemos distraernos, abrimos las puertas de lo que hemos construido por vida y nos aterra no encontrar nada.

En una era como la que nos tocó vivir, tal vez, esta maldición también sea una bendición que nos invita a parar, a meditar, a reflexionar y a rescatar el maravilloso arte de contemplar, para ver si así, cuando nos vuelva a tocar frenar la máquina y girar las perillas de nuestra puerta interior para ver qué hemos hecho de nosotros, nuestras sonrientes manos ya no tiemblen de horror.