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Centro de Divulgación y Medios
Notas de Prensa

Lenguaje para escapar del encierro

Por: Pablo Enrique Triana Ballesteros

Este mes, en el que se celebra el día de la lengua y libro, transcurrió en el encierro. Por eso entrevistamos a varios escritores, poetas y entendidos en las letras para ver cómo, aun en medio del cautiverio, el lenguaje nos permite volar.

Sin duda, pocas cosas hay tan duras en la vida como estar encerrados, por eso no extraña que las cárceles y prisiones sean el castigo por excelencia que se le ocurrió al humano para penalizar a sus semejantes cuando infringen las leyes humanas.

Sin embargo, hoy todos, o al menos casi todos, nos encontramos privados de la libertad de cierta forma, así no hayamos cometido ningún crimen. Hemos sido arrojados a nosotros mismos y a muchos les aterra lo que han encontrado, porque tal vez, se han encontrado con nada.

Pero no es raro. En la sociedad del cansancio, del neoliberalismo y del consumo exacerbado vivimos distraídos como el camello de Nietzsche, distraídos llevando una carga de un punto A a un punto B, sin tener tiempo de alzar el cuello para mirar qué es lo que sucede a nuestro alrededor. Y quienes ponen la carga sobre nuestros lomos se aseguran de que sea la más pesada para que estemos tan ocupados en ello que, de verdad, nunca tengamos ni la más mínima oportunidad de contemplar nuestro entorno y mucho menos a nosotros mismos.

Pero entonces, ¿cómo hacer para que la vida no se nos escape sin haber sabido siquiera quiénes fuimos y de qué llenamos nuestra breve existencia mientras la tuvimos?

Heidegger nos da una pista y nos arroja un flotador para este mar de incertidumbres cuando dice: “el lenguaje es la casa en la que habita el ser”.

¿El lenguaje, una casa? Y de ser así… ¿casa de qué? ¿de cuál ser? A lo mejor, la sabiduría y el enorme conocimiento de un poeta de la talla de Juan Manuel Roca nos ayude a esclarecer estos cuestionamientos.

“No se puede leer sin asombro que el equívoco y ambicioso almirante don Crisóforo escribiera en su diario que toda la noche, a punto de llegar a estas tierras desconocidas, sintiera sobrevolar bandadas de pájaros que trazaban la palabra tierra en la palabra aire.

Si algo se pudiera celebrar hoy no creo que sea el dudoso concepto taxonómico de un idioma puro sino, con todas las laceraciones de un mestizaje por violación, la lengua en la que también escribimos, esa mezcla castellana y árabe y aborigen del azaroso cruce en el que nos comunicamos. O en el que intentamos hacerlo, sin mucho éxito.

Me gusta la hermosa lengua en la que pienso y escribo, entre otras cosas porque me sirve inclusive para buscar significados ocultos y corroborar a Jules Michelet y cómo los dioses de la religión vencida se convierten en demonios de la religión triunfante, como sucedió con los dioses paganos, con Pan o Dionysos, y en nuestro caso con el desplazado Buziraco, desterrado con agua bendita en Cartagena de Indias, una ciudad que no por capricho tiene algo de apartheid.

En el llamado día del idioma festejo el castellano y su vivo mestizaje. Sus aguas mezclan en un mismo río a Heráclito y Bachué, a Miguel de Cervantes y Buziraco”, comparte Juan Manuel Roca en una entrevista concedida al Centro de Divulgación y Medios (CDM) de la Facultad de Artes de la Universidad Nacional de Colombia.

Pero el maestro Roca no es el único que nos ayuda esclarecer a qué se refería Heidegger cuando nombró al lenguaje como casa del Dasein (ser ahí). Así como la palabra tierra se puede trazar, tan mágica como paradójicamente en el aire, con la palabra pájaro escrita en el diario de un marinero, así, el encierro de esta cuarentena puede suponer también una libertad que, tal vez, nunca hemos experimentado.

“Podríamos decir que el lenguaje es lo que nos constituye como humanos, en cuanto a que el lenguaje es, fundamentalmente, un juego de metáforas de símbolos que se intercambian, del juego de una cosa por otra. El lenguaje de la palabra. El lenguaje de la imagen. El lenguaje de la danza. El lenguaje del gesto. El lenguaje que suma varios lenguajes. El lenguaje de la música. Son lenguajes todos ellos que tienen como condición, el juego con las metáforas. Que una palabra puede sustituir a otra o un acorde a otro o un color a otro. En ese juego de sustituciones y de equivalencias se constituye el lenguaje como un sistema poético y eso es lo que nos configura como humanos.

Hay un hermoso verso de Hölderlin que dice: ‘poéticamente habita el hombre entre cielo y tierra’ que le interesa mucho a ese Heidegger que afirma eso de que el lenguaje es la casa en la que habita el ser. El lenguaje es eso, en la medida en la que es un lenguaje de la poesía. Porque en tanto no es poesía no habitamos, apenas si vivimos dice Hölderlin y Heidegger parte de ahí. Y la poesía no es solamente un don o un privilegio de la palabra, sino también el juego del lenguaje en otros lenguajes que transformamos en la casa del ser”, aporta el profesor Carlos Satizabal, quien además de ser el director de la Maestría en Escrituras Creativas de la Universidad Nacional, también es una institución del teatro y de las artes escénicas en Colombia.

Asimismo, Wittgenstein decía que “los límites del lenguaje son los límites de mi mundo”. De tal suerte que bien podría decirse que entre más vasto y rico sea nuestro lenguaje, más vasto y rico será nuestro mundo interior, reafirmando esa relación diádica que se teje constantemente entre lenguaje y pensamiento, en la que el uno no puede existir sin el otro.

“También, por eso esta frase de Wittgenstein expresa que lo que es indecible, lo que no es posible decir con claridad en el lenguaje, construirlo como metáfora, es imposible de pensarlo y de habitarlo. Por eso son tan buenas esas dos citas que traes a esta reflexión, son muy solidarias entre sí”, concluye Satizabal en otra entrevista otorgada para esta nota.

Pero entonces, concretamente ¿qué es el lenguaje?

“La lengua es uno de los elementos indisolubles del ser humano o que está en permanente relación con el ser humano. No podemos saber si del ser humano es del todo su relación con la lengua y con el lenguaje o si son uno fuera del otro, pero de alguna manera, todo ser humano en su estado ontológico va a relacionarse con la lengua. Entonces, la lengua nos rodea, nos envuelve, nos permite comprender. Derrida nos decía que hay dos cárceles para el ser humano que eran el espacio y la lengua. Yo pensaría que hay varias más, como el tiempo o la historia, pero los dos elementos de los que no podemos soltarnos jamás, es cierto, son el habitar un espacio, el pertenecer a una temporalidad y a una lengua, a una manera de comprender el mundo a través de una lengua. Entonces, yo creo que la lengua es uno de los determinantes más importantes de lo que es la vida de un ser humano. Es la relación consigo mismo, es la comprensión que alimenta su visión de la vida y de la realidad.

Así que, como escritora, pienso que trabajar con la lengua es hacer maleable ese elemento esencial de la vida humana”, explica la escritora Alejandra Jaramillo, quien además es coordinadora de la línea de narrativa de la Maestría en Escrituras Creativas de la Facultad de Artes de la Universidad Nacional de Colombia.

La profesora Jaramillo, actualmente, también coordina un taller de libro álbum, junto con el profesor Carlos Riaño, ya que quisieron crear un curso que combinara la literatura con el diseño gráfico como una forma de utilizar la palabra de forma complementaria con la imagen.

“La lengua es un instrumento de la comunicación humanan, un instrumento que se construye en comunidad, pero es a la vez la manera en que construimos nuestra realidad. Esa es su importancia”, afirma Riaño.

Pero si el lenguaje es la materia prima con la que construimos la realidad, ¿será que en Colombia le damos la importancia que tiene?

“Considero que el lenguaje forma parte de la esfera vital. Luego, es fundamental como una forma de construcción de nuestra experiencia. Como colombianos somos parte de una identidad donde el lenguaje es esencial. Le damos importancia desde luego, ya sea de manera consciente o inconsciente. El ámbito de la pregunta lleva a reflexionar sobre la educación y el estudio de la lengua en niveles escolares o académicos. El tema se torna complejo y considero que hace falta trasegar bastante, sobre todo, en términos de accesibilidad, dado que en nuestra sociedad hay mucha desigualdad”, complementa Riaño.

Y sí, a lo mejor el lenguaje no solo sea una forma de escapar al encierro, sino también una poderosa arma para combatir la desigualdad social. Pero para eso, quizás sea necesario que la vastedad y riqueza de esas alas y saetas sean de las épicas proporciones del confinamiento e inequidad que por estos días tanto nos agobian como colombianos.

Así que ya lo saben, si ya no soportan más el aislamiento y la opresión, tal vez sea momento de correr a la biblioteca, tomar no uno, sino varios buenos libros y expandir los límites de esos mundos calcáreos a los que nos han querido arrojar aquellos que solo desean que nuestras vidas se diluyan en trabajos y afanes que ellos quieren capotear a costa nuestra, desde sus seguros y cómodos centros de mando. Y así, de pronto, comprendamos lo que quiso decir Wittgenstein cuando se le preguntó de forma amañada para qué sirve la filosofía y él, hábilmente, respondió: “para enseñarle a la mosca a escapar del frasco”.