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Centro de Divulgación y Medios
Notas de Prensa

Vínculos entre geología y arte se estrechan con la actividad humana

Por: Diana González

Desde la era prehistórica hasta la actual, la geología y el arte han permeado la actividad humana, formando un vínculo que puede parecer imperceptible pero que está ahí, casi que de manera intrínseca. Precisamente, esta relación fue tema de la segunda sesión del Ciclo de Conferencias de Arte y Ciencia, una iniciativa de las facultades de Artes y Ciencias de la Universidad Nacional de Colombia (UNAL).

De la geología y sus aportes al desarrollo del entorno y el quehacer artístico del ser humano habló, durante su intervención, la profesora Clemencia Gómez, geóloga y doctora en Paleontología con énfasis en Palinología del Cuaternario. A partir de la proyección de una serie de imágenes que dan cuenta de esta relación, la experta explicó cómo la geología –que le ha sido de tanta utilidad al hombre– ha permanecido “desconocida, ignorada”.

“Nos queda muy difícil percibir que los minerales y las rocas están en todos lados. En este auditorio los minerales y las rocas están haciendo parte de todo el conjunto”, aclaró la profesora al querer explicar la importancia de la geología para el hombre, especialmente, en la vida cotidiana.

Algunos ejemplos que, desde la arquitectura, dio a conocer sobre la forma en que la geología impregna al arte fueron: las pirámides de Egipto y cada una de las 7 maravillas del mundo moderno. Sobre las primeras dijo que su común denominador es que están construidas con rocas volcánicas, mientras las segundas, con rocas minerales.

El Ciclo de Conferencias de Arte y Ciencia es una iniciativa que desarrollan en conjunto las facultades de estas dos disciplinas de la Universidad Nacional de Colombia. Foto: Sergio Ruiz, Centro de Divulgación y Medios.

También, se refirió a la región de Capadocia, en Turquía, donde existen unas 37 ciudades antiguas talladas en roca volcánica; a los vitrales de la Mezquita Azul, uno de los monumentos más destacados del Imperio Otomano, gracias a su interior decorado con más de 20.000 mosaicos de cerámica azules; al Obelisco inacabado de Asuán, en Egipto, que mide alrededor de 40 metros de largo, pesa cerca de 1150 toneladas y fue tallado en granito, y también a Petra, la enorme ciudad que fue excavada por completo en arenisca rosada en el desierto del sudoeste de Jordania.

Parte de lo que explicó tuvo que ver con los resultados de un ejercicio que encomendó a sus estudiantes, a quienes les indicó que debían establecer cuál es la relación entre arte y geología y buscar en las distintas expresiones artísticas los insumos de la segunda en la primera.

En correspondencia con los resultados, pero en materia de pintura, relacionó, entre muchos otros ejemplos, la Cueva de Altamira, una cavidad natural en la región española de Cantabria, considerada el primer lugar del planeta en el que se identificó arte rupestre del periodo Paleolítico Superior. “Muchos de los pigmentos utilizados allí fueron pigmentos minerales”, explicó al respecto.

El obelisco inacabado de Asuán, una de las reliquias del antiguo Egipto de la que habló la profesora, se resquebrajó y, por eso, no se concluyó. Si no hubiera sido así, habría sido la pieza de piedra trabajada más grande del mundo. Foto: www.anfrix.com

En cuanto a objetos escultóricos, se refirió a los guerreros de terracota, piezas pertenecientes al siglo III a.C., del reinado de Qin Shi Huang, el primer emperador de China. Los más de 8.000 guerreros que hacen parte del ejército fueron esculpidos, como su nombre lo indica, con terracota, es decir, con arcilla cocida al horno.

En cerámica, mencionó el Vaso François, una cratera o recipiente de 66 centímetros de alto que data del año 570 a.C. Fue utilizado por los helenos para mezclar el vino con el agua y decorado con 270 figuras humanas y animales que, pintadas en la cerámica, recrean escenas de la mitología griega.

En poesía y literatura, destacó una lista de poemas y libros que hacen alusión o referencia a la geología. En este sentido, habló de los poemas El geólogo, de William Ospina, y Piedra miserable, de Alfonsina Storni. En materia de literatura trajo a colación a Emily Bronte con sus Cumbres borrascosas y a Ignacio Piedrahíta con Al oído de la cordillera.

Así mismo, dijo que hay artistas que hacen música con las rocas, pero que también hay quienes se han inspirado en elementos y terminología propios de la geología. Por eso, aclaró que tras convocar a geólogos –por Facebook– a enviarle nombres y letras de canciones que hicieran referencia a esta disciplina, se asombró con la gran cantidad de ellas. Por citar una, Las piedras cantan, de los hermanos Lebron.

Y así, entre películas como Avatar, videojuegos como The Dig, series animadas como Los Picapiedra, exposiciones y una infinidad de expresiones artísticas que han tomado como insumo elementos y temas geológicos, la profesora concluyó su intervención en la conferencia, no sin antes revelar que, próximamente, el Departamento de Geociencias de la UNAL va a instalar en el Claustro de San Agustín de la institución una exposición temporal –La geología que inspira–, en la que han venido trabajando hace dos años.

La geóloga y profesora Clemencia Gómez y el historiador y ceramista Nicolás Bonilla, fueron los invitados a la segunda sesión del Ciclo de Conferencias de Arte y Ciencia. Foto: Sergio Ruiz, Centro de Divulgación y Medios.

Ceramista fabrica sus propias piedras

El historiador y magíster en estudios curatoriales Nicolás Bonilla, es también ceramista. Por eso, al inicio de su conferencia indicó que “como artista iba a intentar hablar desde la ciencia” para, así, poder explicar su trabajo, en el que acostumbra a mezclar la realidad con lo ficticio.

“Yo hacía floreros, pero un día me di cuenta que podía hacer piedras, entonces, desde hace cinco años hago piedras en cerámica. Y me di cuenta que son piedras por sus formas y materiales, pero las piedras que hago son hechas por mí, por un humano, no por la naturaleza”, aclaró Bonilla, quien, cual científico, tiene cientos de fórmulas químicas para la producción de cada una de sus piedras.

Una colección de 14.500 rocas fabricadas por él mismo –pequeñas en su mayoría, pero diversas en sus formas y colores, tiene Bonilla en la actualidad–; todas organizadas por nombres que él mismo inventa y que clasifica en familias. Algunas las ha llevado a museos para hacer parte de exposiciones ficticias, pues le interesa también cuestionar la realidad y las verdades y medir las reacciones de la gente.

“Me interesa mucho qué es verdad y qué es ficción, por qué la ciencia es tildada de verdadera y por qué el arte no, por qué, si todo es cuestión del lenguaje. Entonces, ¿por qué consideramos que unas cosas son más verdaderas que otras?, ¿una verdad es verdad para quién o para quiénes?, ¿para algunos, para unos pocos, para quiénes?, resaltó.

Nicolás Bonilla es también ceramista y tiene una colección de 14.500 rocas que él mismo fabrica. Foto: cortesía, Nicolás Bonilla.

Sobre este interés –minutos después de la conferencia, en entrevista para el Centro de Divulgación y Medios de la Facultad de Artes–, reveló que se produjo en él cuando trató de entender qué podía hacer con todas las piedras que había creado en su taller, cuando procuró entender la relación entre la ciencia y los seres humanos, entre la ciencia y el mundo.

“De lo que se ha encargado la ciencia, entre muchas otras cosas, es de organizar el mundo bajo unos patrones. Pero, resulta que son unos patrones totalmente subjetivos y que se nos han vendido –a quienes no somos científicos– como una verdad absoluta y como una realidad intocable e incambiable. Y cuando uno se pone a mirar esos procesos de organización del mundo se da cuenta que son subjetivos, que dependen de unos intereses”, aclaró.

De acuerdo con esta lógica, reiteró que su apuesta es tratar de poner en la misma línea a la ciencia y al arte como procesos de ficción, porque de lo que se trata es de decir que no hay una única verdad, sino que para expresarse ambas disciplinas acuden a la verdad, pero también a la ficción.

De esta manera, Bonilla busca estrechar la relación entre el arte y la ciencia al máximo nivel. “Me interesa acercar las dos disciplinas, o pensar que son lo mismo, porque no tienen por qué ser diferentes”, concluyó.