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Centro de Divulgación y Medios
Notas de Prensa

El maestro Santiago García en voz amiga

Por: Pablo Enrique Triana Ballesteros

Por estos días de desasosiego y angustia, la tristeza arreció aún más con la partida del Maestro Santiago García. Sin embargo, revivir en la voz de los amigos puede ser buen antídoto, incluso contra la grandilocuente muerte.

El pasado de marzo falleció el maestro Santiago García, una de las figuras más importantes y relevantes del arte y la cultura en Colombia al fundar el Teatro la Candelaria y con él, el teatro moderno en Colombia, partiendo desde la Universidad Nacional de Colombia.

Es poco lo nuevo que se pueda escribir acerca de un personaje de tantos quilates que el lector ya no sepa de sobra, como que fue el fundador del Teatro La Candelaria, uno de los espacios más significativos para las artes de este País, de donde han germinado nombres del calibre de Carlos José Reyes, Miguel Torres, Gustavo Angarita, y, cómo no, Patricia Ariza. Para luego sumar otros tantos como Vicky Hernández, Consuelo Luzardo y María Arango; teatreros como Carlos Parada y Eddy Armando, e incluso pintores como Enrique Grau y Alejandro Obregón.

“Santiago nos reunió y nos dijo: ‘Aquí la única manera de hacer teatro es sin esperar ayuda de nadie, somos nosotros los que lo podemos hacer con nuestro esfuerzo, talento y voluntad. Lo que necesitamos es un centro donde podamos tener la actividad teatral y quizás otras más”, recuerda Torres, en una entrevista para El Tiempo en 2016.

Frases como esta, no solo dan cuenta del recio carácter y temple de este hombre, que no solo supo fundar uno de los teatros más importantes y reconocidos de Latinoamérica, sino que además lo consolidó y sostuvo por más de medio siglo desde que partió, a comienzos de la década del 60, del grupo Teatro Estudio de la Universidad Nacional de Colombia (Unal), del que fuera director.

Mucho podría decirse desde que García comenzó esta gran aventura con su grupo en la carrera 13 con calle 20 en lo que fuera un almacén de repuestos o una ferretería utilizando tarros de galletas Noel como reflectores, hasta que un concejal de apellido Melo presentará una ponencia que les diera el reconocimiento debido para que con $500.000 pudieran compra la actual casa de la Calle 12 donde, actualmente, sigue funcionando el célebre Teatro la Candelaria que ha llenado auditorios enteros de otros teatros en importantes plazas como Nueva York.

Pero de segura, nunca nada hablará tanto de alguien como las palabras de un amigo. Es por esto que el Centro de Divulgación y Medios de la Facultad de Artes de la Unal habló con el maestro Carlos Satizabal, que aparte de ser otro grande de las tablas y la cultura en Colombia, también fue íntimo amigo de García. Estas son las palabras de Satizabal para despedir a su amigo:

“Siempre cómico y rebelde el viejo, que odiaba los hospitales y mostrar la tristeza (sólo una vez le vi derrotado, cuando murió Enrique Buenaventura, se me murió mi hermano, me dijo. Pero no por ello perdió su humor anticeremonial: cuando el cuasi despulmonado señor que hacía en la ceremonia de la catedral de Cali una semblanza de Enrique iba por los años cincuenta de su vida, dice Santiago en un silencio: ¡carajo! le faltan más de treinta años para terminar...) hoy, cuando la médica que lo atendió en casa esta mañana ordenó llevarlo de urgencias, su corazón no aguantó. Cada vez que le llevamos en estos años finales a un hospital, se enojaba. ‘Ustedes me quieren matar. ¿Cómo me traen aquí entre todos estos moribundos’? E imitaba la respiración cuasi agónica de un vecino de cama, en esa sala de urgencias... Su impaciencia crecía. En un momento intentó arrancarse los cables del suero... Le calmamos con explicaciones que nada podían explicar en esas puertas de la muerte. Y de pronto se puso de pie sobre su cama y comenzó a cantar un aria con su voz portentosa de cómico y actor: ‘Por qué, por qué temblar, si el cielo está tranquilo, CANTEN, si el cielo está tranquilo, tranquiiilaaa está la maaar... No cantan ¿ven? Se van a morir... Sáquenme de aquí’... Ahora se fue, en medio de la peste, cuando no hay posibilidad de hacerle las ceremonias teatrales ni las fiestas y funerales báquicos que querríamos... Mañana le cremaremos. Y ya vendrán los días de esa rumba infernal, como aquellas bacanales teatrales de sus deliciosos infiernos quevedianos”...

No se cierra, pues, esta nota con punto final porque siempre que, como dice Alberto Cortés, se lleva a los amigos en el alma, se es plural porque lo exige el sentimiento y mientras la obra de un artista perdure, así como la memoria en el alma de los amigos, el telón seguirá abierto