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Centro de Divulgación y Medios
Notas de Prensa

Creación: entre la poiesis y la tékhne

Por: Pablo Enrique Triana Ballesteros

Mucho se ha hablado últimamente sobre la distinción entre investigación y creación en la Facultad de Artes de la Universidad Nacional de Colombia. ¿Investigación-Creación, investigación y creación, investigación o creación? ¿Cuál es la forma adecuada de referirse y abordar este asunto?

Desde que la modernidad desplazó la idea de Dios y entronó al hombre y a la razón en el centro del mundo, el positivismo científico ha sido, sin lugar a duda, el imperativo categórico de las escuelas y academias a lo largo y ancho del mundo occidental y sus derivados (como Colombia).

No obstante, si en algo se ha sedimentado la postmodernidad es en reconocer y criticar cómo ese exceso de positivismo conllevó a otro tipo de fe ciega, solo que, esta vez ya no se adoraba a Dios como totalidad absoluta, sino a la razón y al positivismo, incurriendo en un exacerbado racionalismo que no solo excluía y dejaba por fuera toda forma de conocimiento y de saber que no se basara en el método científico, sino que además los menospreciaba y despreciaba.

Hoy en día sabemos y volvemos a reconocer que saberes como los ancestrales o colectivos son tan dignos y válidos como las investigaciones científicas de las que tanto se ufana la academia moderna.

Empero, el arte y más puntualmente, la creación artística nunca ha sido cuestionada ni puesta en entredicho como proceso general y legítimo de la humanidad, bueno… Nunca lo había sido hasta que entró al mundo de la academia, de la epistemología, del logos y comenzó a imponérsele los cánones de la investigación científica como rasero de su triunfo o fracaso.

Por eso, el Centro de Divulgación y Medios (CDM) de la Facultad de Artes (Farbog) de la Universidad Nacional de Colombia (Unal) habló con varios profesores y directivos para comprender cual es el papel de la creación al interior de la Facultad.

“Pienso que nosotros entendemos la creación como un modo autónomo de producción de conocimiento que, por supuesto, es antiguo. Cuando pensamos en investigación, entendida como basada en el método científico, entendemos que hay una edad moderna que afianza ese paradigma, dichas metodologías. Pero la creación acude a unos modos de avance y de producción de conocimiento que son más mucho más antiguos y que están amparados en lo que en cierto tiempo consistió casi que en la única manera de conocer el mundo y el universo que fue a partir de la experiencia sensible. Por eso pensamos que la creación es un modo autónomo de producción de conocimiento que se funda en un en una relación experiencial con el mundo, en la que los sentidos están puestos de primera mano. Es decir que, conocer a través de la experimentación sensible es de repente lo que entendemos como investigación desde la creación”, explica Mario Opazo, director de la Escuela de Artes Plásticas.

Pero entonces, ¿por qué se le exige tanto a disciplinas como las artes plásticas cumplir con criterios y estándares tan propios de la investigación metódica y científica?

“Básicamente, pienso que el conocer a partir de la experiencia sensible nos arroja también a una dimensión en donde los avances son singulares a la experiencia y a la experimentación de cada artista. Es decir, los artistas reconocen algo dado por la tradición, pero inmediatamente lo reconocen se adentran en una dimensión que fustiga, que moviliza que desacomoda los lenguajes, las gramáticas y que, desde ahí, por supuesto, emerge lo que entendemos como lo nuevo y que se entiende también como la poiesis. Digamos que en esa dimensión, lo que ocurre es que hay un proceso de experimentación que sólo es posible cuando le decimos a la técnica que no lo sabe todo y la técnica se pone un poco de la mano con la poiesis, un concepto relativo a la producción pero no es a la producción predeterminada como sería el caso de la praxis, sino como una producción abocada hacia lo nuevo. Entonces cuando la tékhne que sería una técnica moderna aterrizada en una oscuridad, en una cierta errancia hacia una dimensión difusa, esa técnica moderna se va a una profundidad en su edad en donde ya no lo sabe todo, ya no es una técnica moderna que funciona a partir de predeterminaciones, sino que se despoja y la entendemos como tékhne que es una edad antigua de la técnica. Entonces, hay dos palabras clave ahí, la tékhne y la poiesis, cuando ellas se ponen fricción, en relación de fraternidad y de resistencia también abren una dimensión experimental y ahí es donde ocurre la creación y eso, es un conocimiento, de cierta manera, nuevo que se adosa, que se suma a los archivos de poéticas que nos rodean con los que construimos cultura y que rápidamente, van a empezar también a ser, seguramente, enriquecidos con otros nuevos conocimientos” complementa el profesor Opazo.

Sin embargo, el camino aún es largo y brumoso. Todavía persiste en Farbog la tendencia a asociar la creación con la investigación. Por eso, aunque pueda parecer tonto celebrar reuniones en las que la discusión gira en torno a si se, debe hablar de investigación-creación, investigación y creación, o investigación o creación; en realidad, no lo y por el contrario es un asunto de capital importancia, pues la manera de nombrar el asunto será la manera de configurarlo en últimas (“los límites de mi lenguaje son los límites mi mundo”, Wittgenstein).

“Como no hay indicadores claros en la Facultad, tampoco obviamente dentro de la Universidad, se toma la creación como algo subsidiario de la investigación. Digamos que la discusión final que hay que dar es la de la creación autónoma como un campo de generación de un conocimiento de otro tipo, no es un conocimiento fáctico, sino uno sensible. Aceptar que las preguntas nacen de la intuición, de una cierta disposición, y que por esto la creación es consustancial del campo del arte y de las artes plásticas. Uno puede decir que en arquitectura o en diseño, la noción de proyecto no tiene discusión todo el mundo la acepta, pero a la hora de la creación, unos se sienten cercanos como nosotros en Instituto taller de creación o los artistas y otros que se consideran ajenos a sabiendas, que también tienen algunos espacios que son propios de la creación. Por ejemplo, los mismos diseñadores gráficos, no se sienten cercanos al campo de la creación porque no se consideran del todo artistas, lo cual, por cierto, creo que ha sido perjudicial para la disciplina, yo creo que hace rato ellos debieron haber zanjado también la discusión porque evidentemente hay un campo de creación”, opina David Lozano, director del Instituto taller de creación.

Y, sin embargo, también reconoce que esto no significa que ahora todas las disciplinas deban darle la misma importancia al tema o incorporar la creación en sus currículos de manera antinatural o forzada, pues precisamente esa pluralidad tan propia de la Facultad es lo que, a su parecer la hace tan rica.

“En la Escuela nosotros no hablamos de creación, sino de proyectos, y lo que hacen los proyectos es resolver problemas, a través de edificios y espacios urbanos. Nosotros no concebimos eso como una creación a pesar de que, dentro de lo que dice el diseño arquitectónico, y la misma concepción del proyecto implican un acto esencialmente creativo. Sin embargo, básicamente se trata de unos principios que no tienen en su formulación básica el concepto de creación, como sí el de investigación. Hay dos formas de trabajar esto, mediante trazos, dibujos, lenguaje fundamentalmente arquitectónico, y hay otro que es investigar sobre el proyecto que es más lo que se hace en la Maestría de Arquitectura, en donde la investigación sobre el proyecto es un trabajo que esencialmente indaga sobre lo que alguien más ha hecho. Lo que, a su vez, es diferente al proyecto que hace uno como proyectista en la Maestría de Diseño Urbano, pues la concepción de la investigación es diferente en el sentido de que es una maestría en profundización y, por definición, una maestría en profundización y lo que busca no son investigaciones, sino proyectos que resuelvan problemas. Lo que pasa es que como maestría debe tener un componente académico que, aunque no tiene como objetivo la investigación, evidentemente trabaja la investigación como parte del proceso de identificar un problema y resolverlo y ese proceso es un proceso que se maneja, a través de un tema concreto, el cual, es aprender a manejar y utilizar bases de datos en la formulación y en la resolución del problema espacial que se esté trabajo. En el caso de Maestría en Diseño Urbano, termina con una propuesta de diseño urbano que es el diseño de espacios urbanos”, explica Juan Luis Rodríguez Gómez, director de la Escuela de Arquitectura.

Caso muy similar al que se da en las Escuelas de Diseño.

“La creación o la creatividad es una capacidad humana, todos tenemos capacidades creativas. Probablemente, esa capacidad natural que tenemos se puede haber disminuido sesgado con el paso del tiempo, por el contacto que vamos teniendo con un sistema, con un aparato educativo formal y, a pesar de ello, una condición para realizar actividades de diseño es el despliegue de capacidades creativas para buscarle solución a los problemas en diseño industrial. Aquí, trabajamos sobre problemas atados a la realidad, sobre problemas que tiene la comunidad, sobre problemas que se identifican en algún lugar, en la empresa, en una región del país, en una comunidad en particular. Y normalmente, en las metodologías de diseño lo que se busca en una de fases iniciales es hacer precisamente eso que llamé despliegue creativo por parte del diseñador con el fin de encontrar soluciones lo más adecuadas y lo menos convencionales posibles pero fáciles”, explica Juan Pablo Cortés, director de la Escuela de Diseño Industrial.

Lo cual corrobora lo concluye el profesor David Lozano, quien aparte de dirigir el Instituto Taller de Creación también colabora actualmente en la creación y configuración del Doctorado en Creación que adelanta la Facultad:

“Pero yo creo que hay que hacer una diferencia en lo tocante a una discusión todavía más fuerte, una cosa es capacidad creadora y la creación por parte del ser humano y el otra, la creación artística. La creación artística tiene unas formas muy precisas, derivando en todo lo que deriva como obra de arte. Mientras que el campo la creación no necesariamente deriva en obra artística, puede que, en otros dispositivos, artefactos, productos y otro tipo de cosas. La creatividad, por su parte, como capacidad humana, está presente sobre todo en la manera en cómo uno se inscribe en el mundo, ahí en algún campo de la creación y eso lo compartimos desde el obrero raso, el profesional, todos somos creativos, siento en mayor o menor media, que se puede cultivar esa creatividad; digamos en unas maneras pedagógicas, incluso de asumirse. En cambio, el campo de la creación artística es más complejo porque necesita varias cosas: necesita que haya intención, atención, y que de alguna manera no pase por indicadores. El conocimiento científico no pasa por ahí, aunque puede ser usado, incluso los métodos científicos pueden ser incorporados en el campo de la creación artística, pero no son determinantes. Pueden ser insumos, pero no lo que la determinen”.

Por su parte, cuando se le preguntó al respecto, la vicedecana de investigación y extensión, Patricia Rincón explicó que:

“La investigación tiene dos maneras de hacerse, una es la investigación clásica, metodológica, pero como en la Facultad están las escuelas de Música, Artes Plásticas y Cine, que tienen otras maneras de investigar, en las que su producción no es necesariamente un texto y en las que la investigación se va haciendo, al mismo tiempo que se va haciendo algo… Sobre creación no hay nada escrito, hay una gran discusión que, de hecho, nos falta dar más a fondo”.

Así pues, los lineamientos oficiales en lo que respecta al tema son difusos. Sin embargo, una conclusión generalizada por parte de profesores como David Lozano, Mario Opazo, y en general, todos aquellos que vienen trabajando por el tema, es que ya los elementos están dado y los instrumentos para trabajar y evaluar a los estudiantes en el marco de la creación se vienen aplicando desde hace mucho en la praxis cotidiana de las clases, ahora lo que hace falta, es lanzarse más, dejar los peros autoimpuestos formalizar e institucionalizar a nivel de Facultad lo que ya se viene haciendo, casi que de manera natural, en sus devenires académicos del día al día.