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Notas de Prensa

“Morir con las botas puestas”, la última lección del maestro Blas Emilio Atehortúa

Por: Diana González

El pasado 5 de enero se extinguió definitivamente el resplandor de vida que poseía este músico colombiano, una débil luz con la que permanecía aferrado, sobre todo, a su mayor pasión: la composición. Hoy, algunos de sus colegas y amigos lo recuerdan con cariño y admiración, no solo por su legado a la industria musical académica colombiana, latinoamericana y del resto del mundo, sino por su tenacidad, dedicación, carisma, sensibilidad y, por supuesto, su talento.

En sus últimas semanas y a pesar de su delicado estado de salud, el maestro antioqueño Blas Emilio Atehortúa procuraba evadir la apesadumbrada realidad, pues no quería partir de este mundo sin antes seguir componiendo, hasta el final de sus días o, por lo menos, hasta donde sus fuerzas se lo permitieran.

Así se desprende de la conversación con el también compositor Pedro Sarmiento, uno de sus pupilos y amigos más cercanos, quien en días recientes otorgó una entrevista al Centro de Divulgación y Medios (CDM) de la Facultad de Artes de la Universidad Nacional de Colombia, una de las prestigiosas instituciones educativas por las que pasó el maestro Atehortúa, primero como estudiante del Conservatorio Nacional de Música y luego, como director y docente de la misma escuela.

“Me contaba Sonia (la esposa del maestro Atehortúa) que incluso en el hospital, antes de agravarse, él estaba componiendo. Le tenían que llevar el trabajo, era un poquito compulsivo en eso, pero esa era su pasión. Él sabía y le decía a Sonia: 'la pelona' ya me está persiguiendo, por eso tengo que terminar estas obras”, confesó el maestro Sarmiento.

Su afán por seguir componiendo, pese a las dificultades, es un ejemplo de amor al oficio, del deseo de servir a su campo profesional, a su país, a la humanidad. Esta es una de las tantas lecciones que el maestro Atehortúa dejó como legado, además de su prolífica obra. Su vida fue, según sus amigos y conocidos, un verdadero ejemplo.

El maestro Atehortúa falleció el pasado 5 de enero, dejando un extenso legado musical al país, a Latinoamérica y el resto del mundo. Foto:https://spanishincolombia.caroycuervo.gov.co/

No solo en el plano musical sino, también, en el personal, académico, pedagógico y en cualquier otro en el que interactuara; siempre iba dejando una huella, aprendiendo, educando, compartiendo tiempo, conocimientos, consejos y experiencias; exigiéndose a sí mismo para dar siempre lo mejor y procurando lo mismo de los demás. Así lo corroboran los testimonios de quienes tuvieron la oportunidad de conocerlo.

“El maestro Atehortúa era una persona que trabajaba mucho todos los días. Además, era muy talentoso, extremadamente talentoso. Él siempre se levantaba a las 5 o 6 de la mañana y empezaba a escribir, siempre trabajaba todas las mañanas y, por eso, su producción es tan grande”, recalcó la maestra Liz Ángela García, docente de violín y música de cámara del Conservatorio de Música de la Universidad Nacional y una de las fundadoras del cuarteto Q-Arte, un grupo musical comprometido con el abordaje e investigación del repertorio colombiano y latinoamericano para cuartetos de cuerdas.

Similar apreciación comparte el maestro Sarmiento, quien señaló: “a nivel de música, el maestro Atehortúa era un profesional increíble, un hombre con un oficio que ya no tenemos nosotros, porque han cambiado también ciertas condiciones. Pero, era un hombre que podía componer 3 o 4 obras simultáneamente a una gran velocidad y con una claridad, con un apasionamiento por la composición, pero impresionante”.

Por su parte, el maestro Francisco Zumaqué —otro de los prolíficos y virtuosos compositores colombianos cuya carrera musical ha trascendido fronteras— comentó, también en diálogo con el CDM, que fueron contados, pero muy significativos, los momentos en que pudo compartir, a nivel profesional y personal, con el maestro Atehortúa.

La primera vez que escuchó hablar del maestro Atehortúa, Zumaqué tenía alrededor de 14 años, pero cuando sucedió una vez más –aproximadamente hacia sus 20 años— ya el maestro antioqueño era grande, reconocido y admirado por otros grandes y afamados músicos de la época. Luego, tuvo la oportunidad de ver un seminario con él y un tiempo después, de compartir un proyecto de “desarrollo y muestra de las músicas colombianas en un formato universal” que les comisionara la Orquesta Filarmónica de Bogotá en calidad de compositores directores, junto con el también maestro Jesús Pinzón.

“Quiero reafirmar que me siento orgulloso de haber compartido con él esos momentos que me brindó la vida, porque era un gran ser humano, un extraordinario compositor; orgullo no solamente de todos los compositores y los músicos colombianos, sino de América Latina y del mundo. Realmente, es alguien que debemos recordar con mucho afecto, con mucho respeto y gran admiración”, exaltó el maestro Zumaqué.

Según los expertos, la obra del maestro es una mezcla en la que tienen lugar la experimentación orquestal y la adaptación de modelos barrocos, sin necesidad de adoptar alguna escuela o estilo particular. Foto: https://www.vanguardia.com/

Atehortúa, el pedagogo

Otra de las grandes pasiones del maestro Atehortúa fue la enseñanza, la pedagogía. Le encantaba compartir sus conocimientos con sus alumnos y amigos, pero también sus experiencias. Incluso, cuando ya estaba bastante avanzado en edad y sus afecciones le impedían hablar con claridad, siguió impartiendo charlas, dictando clases.

Así lo comentó la maestra García al recordar al maestro como ese ser brillante que nunca se rindió, ni siquiera en sus peores momentos.

Al respecto, la maestra aseguró: “Él era un gran pedagogo. Cada vez que llegaba acá (al Conservatorio de Música de la Universidad Nacional de Colombia) él quería dar charlas, le gustaba mucho hablar con los estudiantes. Claro, al final no se le entendía nada. En noviembre pasado habló y no se le entendió, pero fue muy lindo porque los estudiantes le hacían preguntas. Le encantaba darles conferencias y le gustaba venir al conservatorio, le gustaba mucho la pedagogía y enseñaba de una manera sencilla”.

Por su parte, el maestro Sarmiento recuerda de la época de su formación con el maestro Atehortúa que las clases eran bastante extenuantes, pues se desarrollaban los días viernes, pero cada quince días, todo el día prácticamente, pues el horario se extendía entre las 8 de la mañana y las 6 de la tarde e incluso hasta las 7 de la noche.

“Él atendía todos los niveles que tenía en un solo día, porque el trato que él nos hizo fue: ‘vengan todos todo el tiempo, o sea, destinen el viernes para mí’. Y él preparaba unos temas generales que exponía durante las dos primeras horas y después, eran trabajos, porque cuando él encontraba algún problema específico en un trabajo de composición de alguien, ahí era donde realmente se daba la clase”.

El maestro Sarmiento se refiere a que, al parecer, al maestro Atehortúa le encantaba encontrar errores y problemas en los trabajos de sus estudiantes, pues era la oportunidad perfecta para que todos pudieran aprender de ello y, por ende, encontrar una solución.

“Cuando él señalaba un problema nos decía: ‘esto se resuelve así, esto me recuerda tal cosa, cuando yo trabajé con tal director o con tal orquesta o en tal montaje, esto se resuelve de esta manera’, y ahí era donde él desarrollaba exitosamente el tema de la composición. Y como cada quien llevaba un trabajo diferente, pues realmente la clase era muy rica y por eso nos decía: ‘estén todo el día porque no sabemos qué cosas van a suceder’”, agregó.

Según destacados investigadores, como la musicóloga Susana Friedmann, el maestro Atehortúa era un hombre realmente comprometido con sus múltiples trabajos en composición y dirección de sus obras, así como con la docencia. Foto: https://hjck.com/

Un reconocimiento más a su numerosa e invaluable obra

El legado musical del maestro Atehortúa se compone de un inmenso repertorio para orquesta sinfónica, música religiosa (realizada especialmente para grupos infantiles), cantatas, elegías, obra coral, música instrumental, música orquestal como solista, de cámara y electroacústica, música para teatro, cine y televisión, así como arreglos de obras de otros compositores.

“Lo que me parece más importante de él es que llevó la composición colombiana a un nivel internacional. Es uno de los compositores que más se conoce en otros países, tuvo bastantes comisiones en Estados Unidos, ganó algunos concursos y, en medio de este desconocimiento de nuestra propia música, él fue uno de los que más se destacó”, manifestó la maestra García.

Su catálogo general de obras sobrepasó el Opus 300. Aunque el número no es preciso, al parecer son alrededor de unas 350 obras, de las cuales —según la maestra García, quien ha investigado al respecto— de esas 350, unas 5 están publicadas. “El resto, 345, están en manuscritos”, afirmó, no sin antes adelantar una buena noticia.

Según reveló, la Universidad Nacional de Colombia apoyó la grabación de dos discos, gracias a que el grupo de investigación “Conservatorio UN”, del que ella forma parte, ganó una convocatoria de investigación. “Ahorita, es decir, este año, el Centro de Divulgación y Medios de la Facultad de Artes va a publicar las partituras y, también, los discos del maestro Atehortúa”, informó.

“La publicación del maestro Atehortúa va a ser un homenaje a él y, realmente, un homenaje a todos los compositores de música colombiana; para que no se queden en el olvido, para que no se queden en el papel, sino que los podamos escuchar, los podamos tocar, los podamos interpretar, los podamos enseñar y, sobre todo, para que tengamos ese legado muy vivo y muy presente”, concluyó la maestra.