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Centro de Divulgación y Medios
Notas de Prensa

¡A parar para avanzar…

Por: Pablo Enrique Triana Ballesteros

Mucha gente aún se pregunta, por qué siguen protestando tantas personas en Colombia. ¿Será por imitar “la moda” de países como Chile, Bolivia, Ecuador, Francia o Hong Kong, entre tantos otros? ¿Será que de verdad hay una agenda del Foro de Sao Pablo castrochavista y oculta de la que estamos siendo víctimas y no nos damos cuenta, como aseguran las teorías de la conspiración de los uribistas? O ¿Será que en realidad hay razones de peso y de fondo para que esta situación se prolongue? A más de 15 días de protestas sostenidas, el Centro de Divulgación y Medios (CDM) de la Facultad de Artes de la Universidad Nacional de Colombia (Unal) entrevistó al senador Gustavo Bolívar y a varios profesores de dicha Facultad para obtener un análisis plural y profundo de esta situación.

No es de extrañar que personajes como María Fernanda Cabal, al contemplar la inmensa y prolifera producción simbólica y artística que se ha dado durante el Paro Nacional y todas las protestas sociales que se han suscitado en Colombia, profieran frases del tipo: “estudien, vagos”.

Claramente, para ella y los de su estirpe las manifestaciones estético expresivas de gran riqueza semántica que han abundado durante estas semanas de Paro Nacional en Colombia y que estimulan el pensamiento crítico y cuestionan con inteligencia y sagacidad el statu quo que ellos representan como sayones de unas élites tan insulsas como parasitas, que solo saben vivir del sudor y la sangre del pueblo, rebasan por mucho su capacidad de sinapsis y deben parecer ante sus ojos como nada más que una vagabundería o pérdida de tiempo.

Las manifestaciones estético expresivas fueron preponderantes en el Paro Nacional. Foto: Pablo Triana.

Ya lo dijo bien Octavio Paz (premio nobel de literatura, 1990): “Algunas experiencias pueden entreabrirnos las puertas de la visión: el amor, la contemplación, las artes, la poesía, la meditación filosófica. Todas ellas son estados transitorios y difíciles de alcanzar. Exigen fortaleza de alma, concentración, desprendimiento y otras virtudes que sólo poseen las almas grandes o, más exactamente, las almas virtuosas”.

Pero lo cierto es que, independientemente de que lo reconozcan o no, si algo ha demostrado este prolongado paro es que la creatividad y el arte son la verdadera revolución. Y que sin ellos no hay vida que sea digna de vivirse, por más que el estamento, en su afán de encubrirse a sí mismo, pretenda estigmatizar tan nobles rasgos de un pueblo que lucha por sus derechos.

Es por esto, que el Centro de Divulgación y Medios (CDM) de la Facultad de Artes de la Unal quiso recolectar la opinión y análisis de varios de sus profesores que apoyan el paro, para así conocer por qué lo hacen. Estas son sus reflexiones:

“Este Paro es un momento histórico único, después de sesenta años de muchas formas de violencia. Y los colombianos en este momento somos privilegiados al ser protagonistas de un cambio social, que no va a ser fácil, habrá consecuencias de todo tipo, habrá detractores, así como simpatizantes, pero pienso que no hay que perder el horizonte de sentido, y el paro básicamente es un proceso, no un estado, que significa formación política y social y creo que eso es lo fundamental.

Las manifestaciones estético expresivas fueron preponderantes en el Paro Nacional. Foto: Pablo Triana.

En cuanto a quienes piensan que el arte es inútil, esa supuesta inutilidad se percibe cuando se mide desde el lado de las industrias culturales, como la cacareada Economía naranja, o sea con indicadores que tienen que ver con la rentabilidad del capital, las industrias culturales se basan en la relación entre arte y economía, pero no es una relación horizontal, sino de determinantes y esto lo que generó fue clases, especialmente una de consumo y esto solo genera espacios de vacío que deben ser llenados; por eso ahora en el paro nadie está hablando de la Economía naranja, porque nunca fue más que un sofisma de distracción de Iván Duque porque ¿cómo es posible que un interés personal se haya convertido en una política de gobierno? ¿cómo fue concertado y con quién? ¿Cuáles son los sectores involucrados realmente, además de los empresarios? Y ahí está el papel aleccionador del arte, es transgresor, no se mide en términos de indicadores económicos o sea ¿cómo podemos medir el impacto del concierto de Voronkov en el cacerolazo del Parque de los hippies o tantas otras muestras artísticas que se han dado en el marco de este paro, especialmente por parte de los jóvenes y estudiantes? Hay una manera de deconstruir el cuerpo. El cuerpo está siendo transformado en la protesta, es un cuerpo que está atravesado, obviamente, la rabia, por la ira, por las exclusiones, pero que va ganando otras cosas que son insospechadas, como, por ejemplo, un sentimiento esperanzador que por fin atisba un cambio, pero un cambio que no vendrá desde la llana sumatoria de sujetos, sino en el compartir, en lo común ¿y qué es lo común a los sujetos en este momento?, pues la necesidad de cambio. Se rebosó la copa. Las pancartas lo dicen: “se metieron con la generación equivocada” y ¿cuál es la generación equivocada? La que no tiene nada. La que no tiene la posibilidad de un trabajo digno ni permanente, tampoco seguridad social ni espacios en los que pueda desarrollarse, mucho menos de un ocio creativo; del mismo modo la gente empieza a hablar de cosas que las creo, como del cuidado de sí mismo y el cuidado del otro. Me parece algo fundamental porque nos permite establecer una real comunión, forjar comunidad, lo común. Eso define algo que no es masa, sino colectividades que marchan y que lo que buscan básicamente es un acuerdo social para lograr una sociedad más justa, más equilibradas, más empoderada y orgullosa de lo local”, afirma el profesor David Lozano, director del Instituto Taller de Creación, quien, cuando se le preguntó si el arte, al igual que la filosofía servía para enseñarle a la mosca a escapar del frasco, como afirmaba Wittgenstein, respondió que de hecho son dos disciplinas que, de hecho se parecen mucho; la filosofía busca la verdad, se enfoca en lo intangible y el arte se basa también en los intangibles, en esos pequeños gestos, en torcer lo establecido y mostrar otros caminos, sin que eso implique que sea un camino fácil o certero. Seguramente, es una especie de deriva. Pero que contrario a las ciencias exactas o las ingenierías, el arte puede aventurarse a mostrar caminos que son insospechados y pues ¿cómo cambiamos las cosas ahora que todo parece dicho? Básicamente, queda el arte que, en su deriva, en su incertidumbre nos abre a otros senderos. Y eso, en una sociedad como la nuestra que parece caminar como los caballos con anteojeras mirando hacia adelante, hacia lo que el neoliberalismo nos ha vendido como progreso, no es poca cosa.

Pues si se trata de un “progreso” que se fundamenta en exclusiones, irrespeto a la vida, al territorio, en el desastre medioambiental ¿de qué progreso estamos hablando? Y esto queda claro en lo que defiende la Policía Nacional, pues si se analiza, lo que les interesa proteger son bancos, cajeros automáticos, entidades de apoyo estudiantil que parecen más despiadadas entidades financieras y crediticias, que lo que supuestamente son, como el Icetex, estaciones de Transmilenio, y el extractivismo, en general, y si para eso hay que sacrificar vidas como las de Dilan Cruz, o Brandon Cely, pues ¡adelante, que nada frene al progreso!

Las manifestaciones estético expresivas fueron preponderantes en el Paro Nacional. Foto: Pablo Triana.

Pero, justamente esa es una de las ganancias que ha dejado este paro, el desenmascaramiento de las instituciones. Para quienes no cesan de preguntar para qué sirve el paro o qué va a quedar finalmente de tanta marcha o que “tanto bochinche ¿pa’ qué?” vale la pena responderles que seguramente, tras este paro no se echará para atrás la reforma tributaria, ni el paquetazo de Duque, ni se dejará de intentar privatizar la universidad pública de manera asolapada y soterrada, ni nos dejarán de cobrar lo que se roban en casos como el de Electricaribe (por cierto ¿ha notado algo raro con su recibo de la luz últimamente?); pero si de algo sirvió todo este paro, entre muchas otras cosas, fue, precisamente, para que esas élites, que se creían intocables y que, de paso, nos creían unos idiotas en masa a los que se les podía meter los dedos a la boca con la manipulación mediática de sus noticieros y periódicos prepago, se dieran finalmente cuenta de que ya no les comemos cuento, de que sus máscaras se cayeron y que desde hace rato ya los venimos viendo por lo que realmente son.

No es que el paro haya servido para darnos cuenta de que la policía es, muchas veces, más criminal que los mismos criminales o que los políticos son más rateros que sanguijuelas anémicas o que los medios masivos de comunicación tradicionales no son más que unos lambesuelas al servicio del mejor postor o, en definitiva, que el agua moja. No. Si hubo un paro en primer lugar fue porque la sociedad ya conocía muy bien todas estas cosas y, hastiada de ello, dijo ¡basta!

No obstante, este paro sí sirvió para que los que se creían intocables escucharan un grito tan fuerte, tan unido y tan sostenido que, seguramente, hizo tambalear (aunque sea un poco) esa imperturbabilidad estoica que hasta ahora creían incólume. Asimismo, también hizo que la sociedad en masa confirmara lo que ya intuía y viera al Estado más criminal que nunca, mostrando su verdadero rostro como nunca. Y, así también, se diera cuenta de lo que es capaz cuando se une, cuando al fin, deja de temer y se atreve a gritar en las calles lo que antes tan solo susurraba en lo íntimo, en lo oscuro.

“La importancia de este paro es que no se trata de una protesta tan solo de estudiantes u organizada tan solo por un sector, sino que es una protesta social de toda la sociedad colombiana, con una preponderante voz urbana ante un Estado que, cada vez es más evidente, tan solo busca transferir a los ciudadanos las responsabilidades de su propio bienestar y lo de Electricaribe, es tan solo una muestra de ello, socializamos las pérdidas, pero las ganancias nunca […] Por eso en la Facultad de Artes no podemos seguir siendo los amenizadores de eventos de otras facultades, cuando nos llaman a tocar música para sus eventos o cosas así, una muestra clara es que hace más de 7 años se cayó el edificio de Arquitectura y todo este año, que supuestamente iban a reconstruirlo y a proveernos un espacio digno para una impartición de clases de calidad como corresponde, simplemente se la pasaron jugando con la tierra, removiéndola de un lado para otro. Por esto y mil cosas más, hay que seguir apoyando el paro, especialmente cuando la Facultad ha demostrado su importancia e impacto en la lucha por la consecución de todos estos derechos y muchos más que salen de la academia y que como colombianos nos roban a diario de la forma más descarada; la Universidad y el Gobierno nos deben tomar en serio”, afirma Carlos Torres, profesor de la Escuela de Arquitectura.

Las manifestaciones estético expresivas fueron preponderantes en el Paro Nacional. Foto: Pablo Triana.

Asimismo, el profesor Carlos Satizábal, director de la Maestría en Escrituras Creativas explica que una de las razones para apoyar y mantener este paro es porque estas agendas ocultas y soterradas para acabar con la educación pública de manera paulatina y solapada, se concatenan y, prácticamente, son las mismas que minan el proceso de paz para reactivar el negocio de la guerra, en gran parte por el miedo a la justicia transicional, por citar tan solo un ejemplo, a costa de la sangre y dolor de un pueblo al que miran con desprecio e indiferencia. “Quienes promueven la guerra van a quedar en evidencia, ya que dicha promoción tan solo persigue el lucro y además ha sido una estrategia política de dominación y acumulación de capital y de tierras (de expropiación por la vía del despojo). Se trata entonces de un capitalismo muy primitivo porque su acumulación se funda en el robo, como la misma fundación del Capitalismo”.

Al respecto, los profesores Miguel Gamba y Federico Demmer añaden que “en eso, los marxistas tienen razón porque cuando ya queda claro quién es el enemigo, es cuando se revelan realmente cuáles son las fuerzas que están en contienda; por un lado, el pueblo colombiano que no aguanta más este modelo económico político y social, y, por otro lado, un gobierno que está acostumbrado a gobernar, como lo ha hecho desde hace 200 años y que no entiende que las cosas ya no son iguales. Nosotros, el pueblo colombiano ya no aguantamos que nos sigan gobernando así. Y se ha generado una situación explosiva, en la que los de arriba tampoco van a seguir gobernando, eso es una situación que se vivió el 9 de abril, en el paro del 77, que se está viviendo ahora y, no solo en Colombia, sino en toda Latinoamérica y en todos los sitios del planeta donde hay un incendio similar, y esa es la explicación de lo que está pasando; que una persona decida que hay que pegarle un balazo a un estudiante a una corta distancia hasta matarlo, sucede en una situación en la que se han polarizado tanto las cosas, que hasta un soldado se atreva a hablar da cuenta de ello. Los soldados se atreven a hablar cuando sienten que hay una masa atrás que los respalda, pero también sintió que no hay caso en plantear una cosa así en el Ejército y por eso su suicidio”.

“No sé lo de Brandon, eso todavía está en investigación, pero lo de Dilan Cruz, claramente fue un asesinato de Estado y todos lo vimos así ahora lo quieran matiza o hasta encubrir”, afirmó al respecto el senador Gustavo Bolívar en una entrevista exclusiva para el CDM.

Por todo esto es que el arte es vital para la dignidad y bienestar de un pueblo por esto es que no es de extrañar que a lo largo y ancho de este paro que no para, los estudiantes y los artistas sean el foco de toda la represión estatal a la que la sociedad colombiana ha asistido como testigo de casos que van desde la estigmatización hasta el asesinato.

“El arte, si no es crítico, no es arte”, afirma contundentemente Beatriz García profesora y ex decana de la Facultad.

Las manifestaciones estético expresivas fueron preponderantes en el Paro Nacional. Foto: Pablo Triana.

Por su parte, el profesor de dibujo, Miguel Huertas, quien también es investigador de historia opina que “este paro se da porque, en Colombia es muy claro, hay una guerra contra los pobres. Estamos gobernados por unas élites voraces que no se sacian con nada, que les niegan a los pobres la posibilidad hasta de negociar con la basura y que está determinando la política colombiana, y creo que global. Es aterrador, abierta y descaradamente se legisla para los ricos y además se plantea como una política social. Por eso, en este momento es impresionante el sentimiento de hastío, desencanto, dolor, tristeza de la gente que, incluso sin necesariamente comprender muy bien las causas económico-sociales de lo que está pasando, perciben que la experiencia cotidiana está profundamente degrada. Estoy completamente de acuerdo con las teorías sociales que explican que gran parte de estas protestas se dan porque, las de ahora, se ven como unas generaciones sin futuro. La Modernidad implicaba la promesa de que el mundo puede ser mejor. Evidentemente eso no lo podía pensar un esclavo en el antiguo Egipto. Sin embargo, esa una más de las promesas rotas a la que los colombianos estamos asistiendo desde hace años y eso da rabia. Por eso pienso que esa frase de ‘que nos quitaron tanto, que nos quitaron hasta el miedo’ es todo un diagnóstico histórico”.

Definitivamente, y como tanto se expresó en este paro de las formas más diversas, se metieron con la generación equivocada. Con la generación a la que ya le han quitado tanto, que le quitaron hasta el miedo. Con la generación del precariado a la que endulzan con sueños de oportunidad y un mejor porvenir tan solo para ahogarlos en créditos del Icetex en los que terminan pagando tres o cuatro veces más de lo que les prestaron para terminar una carrera profesional que tan solo los llevó a engrosar filas de personas pidiendo trabajo en un call center o manejando Uber; se metieron con la generación que ha visto morir a sus madres y abuelas en las puertas de un hospital tras la ley 100 de Álvaro Uribe Vélez; con la generación que ya no quiere ver morir sus árboles y ríos para que los europeos y estadounidenses se sigan haciendo ricos a costa de nuestro servilismo; se metieron con la generación que ya está mamada de que “los asustadizos e inocentes agentes del orden” la maten por embellecer una pared; pero sobre todas las cosas se metieron con la generación que entiende que un poema es mucho más poderoso que cualquier bala.