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Notas de Prensa

Filarmónica popular y Guardia Indígena, una sonrisa del Paro

Por: Pablo Enrique Triana Ballesteros

El jueves 6 de diciembre, en el marco de un paro que no para desde hace más de 15 días, un grupo popular de músicos, dirigido por el maestro Federico Hoyos recibió a la Guardia Indígena en el Parque de los Hippies. Esto fue lo que pasó.

Eran las 4 de la tarde, el sol brillaba intensamente sobre la carrera Séptima con calle 60 de la ciudad de Bogotá, miles de personas de diferentes clases sociales, edades, géneros y sectores de la sociedad llenaban el Parque de los Hippies en el corazón de Chapinero, mientras un grupo de músicos, conformado, en su gran mayoría, por estudiantes de diversas instituciones afinaban sus violines, chelos, contrabajos, y demás instrumentos bajo la batuta del profesor de la escuela de Música de la Universidad Nacional de Colombia (Unal), Federico Hoyos.

Ermes Pete, consejero mayor del CRIC. Foto: Pablo Triana.

Luego de 15 días de Paro Nacional, los colombianos siguen resistiendo y alzando sus voces para manifestar su inconformidad ante la administración de Iván Duque y el Centro Democrático. Con arengas como, “que lo vengan a ver, que lo vengan a ver, esto no es un gobierno son los paracos en el poder”, miles de personas no paraban de vociferar su inconformidad y malestar contra el Estado colombiano, mientras esperaban que la Guardia Indígena llegara a ese punto de encuentro.

Cuando al fin asomaron por la carrera Séptima 4 buses provenientes de la Unal repletos de Indígenas de distintas tribus y etnias que sobresalían sobre el filo del brillante sol en los techos de la caravana con los puños levantados y sus bastones de mando erguidos, el Parque los Hippies estalló en una algarabía que hizo que los centenares de pitos, cacerolas y gritos sonaran como uno solo.

Los indígenas fueron recibidos como héroes de la resistencia por miles de manifestantes. Pablo Triana.

Entonces, la orquesta popular comenzó a tocar el himno de la Guardia Indígena, mientras las personas les hacían una calle de honor a los protagonistas de la tarde que, con orgullo, desembarcaron de los buses y caminaron con sus atuendos tradicionales y sus frentes en alto por el medio de una sociedad que suele pasar por encima de ellos en puentes y semáforos con indiferencia ante la exclusión a la que han sido condenados desde tiempos de la colonia por un sistema saqueador y abyecto que nos acostumbró a usar la palabra “indio” como una ofensa del argot colombiano. Pero esta vez no. Esta vez no fue así. Esa tarde, se les reconoció, como pocas, el heroísmo que corre por sus venas tras siglos de resistencia. Esta vez la sociedad colombiana se inclinó ante ellos y no ante monarquías vetustas, para que reconocer que como, bien lo cantó la inmortal voz del fenecido Elkin Ramírez, “si una ignorante inquisición fue la conquista en su misión, la decadencia fue ajena”.

La Guardia Indígena cantó su himno al son de la filarmónica popular. Foto: Pablo Triana.

“No vinimos a negociar nada con el Gobierno, pues no estamos mendigándole nada a nadie. Simplemente exigimos que el Gobierno haga lo que tiene que hacer, cumplir la Constitución y garantizar los derechos de todos. No podemos negociar cuando los derechos de la ciudadanía están siendo vulnerados, cuando pasan por encima del estudiantado, cuando en los rincones de la nación se encuentran miles abandonados en miseria comiendo basura, mientras el modelo económico que nos rige se ha creado para unos pocos y tan solo esos pocos están concentrando la economía y las tierras de este País”, manifestó Ermes Pete Vivas, consejero mayor del Consejo Regional Indígena del Cauca (CRIC) en una entrevista exclusiva para el Centro de Divulgación y Medios (CDM) de la Facultad de Artes de la Unal.

Así, luego de que la cofradía indígena atravesara la bandera tricolor y se instalara frente a los filarmónicos populares, como los llamó Hoyos para que comenzaran a tocar, sonó al compás de violines, chelos, tambores y flautas el himno de ellos, de los que nos han querido hacer creer que sobran en este, su territorio: “¡guardia, guardia! ¡Fuerza! ¡Fuerza! ¡Por mi raza, por mi tierra! Indios que, con valentía y fuerza en sus corazones, por justicia y pervivencia, hoy empuñan los bastones […] Defender nuestros derechos, así nos toque morir”.

La Guardia Indígena cantó su himno al son de la filarmónica popular. Foto: Pablo Triana.

Seguidamente a esto, sonó el himno nacional con un estribillo que se agregó durante el conflicto fronterizo con Perú (1932-1934), y que los músicos consideraron más que pertinente rescatar para invitar a los asistentes a cantar en este preciso momento que atraviesa el país y así se hizo, las notas del himno sonaron y las gargantas entonaron unidas: “Hoy que la madre patria se halla herida, / hoy que debemos todos combatir, combatir. / Demos por ella nuestra vida, / que morir por la patria no es morir, es vivir/”.

“La idea de este concierto surge desde la inconformidad porque vemos que no nos están escuchando, que están ignorando la voz de un pueblo de la forma más indolente. Y los artistas nos estamos pronunciando porque ellos, arriba, piensan que no tenemos voz y pues sí la tenemos. Y estamos representando a los indígenas porque no queremos más asesinatos ni de indígenas ni de líderes sociales ni de niños. El ESMAD ataca a menores de edad en las manifestaciones. Yo marché con la Universidad Nacional por la 26 y fui testigo de cómo este Escuadrón fue el que inició los disturbios, no los manifestantes. Las manifestaciones han sido absolutamente artísticas, creativas y, sumamente, pacíficas”, explicó el profesor Federico Hoyos en una entrevista otorgada al CDM luego de su presentación.

El profesor Federico Hoyos dirigió la Filarmónica popular. Foto: Pablo Triana.

Y así, al son de otras canciones que se han vuelto símbolos de resistencia alrededor del mundo, como El baile de los que sobran de Los Prisioneros (que por cierto, la subieron por sus redes sociales dedicándosela al Paro Nacional de Colombia) y Latinoamérica de Calle 13; una vez más, por decimoquinto día consecutivo, un pueblo, al fin con dignidad y unido, le gritó de nuevo a su déspota Gobierno de oídos sordos (al que lo único que se le ocurre para salir del atolladero en el que se metió, es algo tan ridículo como ofensivo como ofrecer 3 días al año sin IVA) que así como no se puede comprar el viento, el sol, la lluvia ni el calor, tampoco se puede comprar la dignidad.