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Centro de Divulgación y Medios
Notas de Prensa

Más allá de las montañas de Uyumbe

Por: Pablo Enrique Triana Ballesteros

El profesor Fernando Urbina presenta su exposición Más allá de las Montañas de Uyumbe, un recuento fotográfico y textual de las expediciones que este catedrático, filósofo, investigador y poeta ha recolectado por años sobre las culturas indígenas precolombinas denominadas como San Agustín.

Hubo un tiempo en que los hombres vivían en una caverna custodiados por un dios águila que, en alguna ocasión, se compadeció de ellos y les permitió salir de esa caverna para que exploraran y gozaran el mundo. No obstante, al salir perdieron algo. No sabían lo que era, pero lo extrañaban. Estaban incompletos, y entonces no podían hacer nada más que buscar ese faltante. De esta manera, una tarde, mientras se bañaban en el río vieron una anaconda, la gran serpiente y comprendieron que allí estaba la respuesta. Ese era el cordón umbilical que habían perdido al salir de la cueva y en él estaba su identidad perdida. Así que intentaron asirla, pero por su piel escamosa y resbaladiza, les fue imposible. Por eso, fueron de vuelta donde el dios águila que les había permitido salir de allí y le pidieron que se volviera a apiadar de ellos, lo cual sucedió y, así, con sus garras de rapiña pudieron tomar a la gran serpiente y la partieron en varios pedazos que se repartieron, uno por cada uno y con cada trozo de anaconda, cada miembro de esta tribu volvió a tener nombre.

El profesor Fernando Urbina explicando su exposición en el edificio de posgrados de Ciencias Humanas. Foto: Pablo Triana.

Muchos ignorantes podrían pensar y hasta han dicho que la circunferencia del espejo de agua del edificio de Posgrados de Ciencias Humanas se llenó de mamarrachos. Pero muy lejos de esto, se trata de figuras claras y reconocibles de águilas, serpientes, y hombres sentados de culturas precolombinas que, desde esa época ya, daban cuenta de que la paz se alcanza sentados y dialogando, así, como también, de que el lenguaje es lo que configura al mundo y la realidad, al menos esto es lo que explica el profesor Fernando Urbina, mientras recorremos las fotos que les ha tomado por más de 20 años a los petroglifos que ha venido registrando en la localidad de San Agustín, Colombia.

“Uyumbe quiere decir San Agustín, a mí no me gusta utilizar el nombre de San Agustín para referirme a esta gran cultura, porque tenemos uno propio que es Uyumbe y pienso que es hora de empezar a reemplazar todos esos nombres exógenos, por unos que sean nuestros”, explica Urbina en una entrevista otorgada al Centro de Divulgación y Medios de la Facultad de Artes de la Universidad Nacional de Colombia.

Se trata de una exposición que se hace en homenaje a Konrad Theodor Preuss, quien excavó en San Agustín e introdujo la arqueología científica en Colombia en el año de 1903. Este etnólogo alemán extrajo algunas de las estatuas de sus tumbas y las expuso al aire libre y comenzó a indagar sobre el sentido de esas obras, que no tenían asociada una tradición oral, pues cuando llegaron los invasores europeos a esa región ya esta cultura había desaparecido, entonces no quedaron testimonios orales acerca del significado de estos vestigios.

En la exposición se reconocen figuras humanas como esta de un hombre que danza o levanta los brazos para pelear. Foto: Pablo Triana.

De esta manera, Preuss aplicó una hipótesis o teoría llamada etnoarqueología que consiste en tomar evidencias etnográficas recolectadas de las culturas indígenas vigentes para analizar tradiciones, prácticas y saberes que conservan desde hace milenios, y así poder comprender o al menos, aproximarse al significado de esos vestigios de culturas ya extintas.

En ese sentido, las obras que hoy son arqueológicas cuando fueron hechas tuvieron que coincidir con las tradiciones que otros pueblos de ese entonces tenían vivas en ese momento. Y esos saberes ancestrales y costumbres se conservan en los mitos de los pueblos y culturas indígenas de hoy en día.

Así pues, lo que expone en realidad el profesor Urbina no es simplemente un conjunto de fotografías y de textos poéticos que elabora a partir de ellas, sino la recolección y explicación de esos mitos que pueden servir como pistas para comprender la cultura, civilización y pueblos que habitaron la Cordillera de los Andes antes que nosotros y que se esfumaron de este mundo sin dejar más huella que eso que hoy nos muestra y explica a partir de los mitos que las tribus y culturas indígenas de la actualidad, como los güitoto, mantienen.

“La mitología de los güitoto es una de las más y mejor conocidas en Colombia, precisamente por Preuss, ya que los entrevistó en 1.914 y duró trabajando con ellos de manera muy compulsiva, como un investigador alemán típico y recogió un montón de tradiciones, canciones, y mitos que luego se dedicó a traducir del güitoto al alemán. El hecho es que él publica esas obras entre 1.921-1.923, así como su obra sobre la estatuaria del alto Magdalena y, de esta manera, las culturas de San Agustín (que yo llamo Uyumbe) como la de los güitoto son conocidas internacionalmente, especialmente por él. De tal suerte, que lo que yo pretendo con esta exposición es simplemente un tratar de continuar la obra de Preuss. O sea, yo me voy al Caquetá a continuar recogiendo mitología de los güitoto y en ese viaje encuentro una serie de obras de arte rupestre que no había alcanzado a reseñar Elizabeth Reichel, hija de Reichel-Dolmatoff, ella hizo un inventario extraordinariamente juicioso, recogiendo los petroglifos que estaban en las orillas del río Caquetá, en un trayecto de 450 km, desde Araracuara hasta la salida del río Caquetá de Colombia, en la Pedrera. Entonces, en ese trayecto ella recopila más o menos unos 2.600 petroglifos y publica esta investigación en 1.977 en una de las revistas del Instituto Colombiano de Antropología, y mi viaje es de 1.978, entonces yo le hago la tarea a Elizabeth, averiguo si hay más petroglifos y, desde luego, encuentro más en el Cañón de Araracuara y en los 20 años que duré yendo a la zona, en más o menos 120 km de río hacia arriba pude reseñar más de 2.000 petroglifos y parte de ese trabajo es lo que presento en esta exposición”, explica Urbina que se ríe entre su barba blanca como algodón cuando la gente se rompe la cabeza intentando descifrar si es filósofo, antropólogo, fotógrafo o poeta.

La serpiente es una figura central y recurrente en la mitología de los güitoto para explicar los petroglifos de las culturas de San Agustín. Foto: Pablo Triana.

Pero esta ardua investigación no solo ha servido para comprender nuestras propias cosmogonías, distintas a las que nos impusieron a punta de cruces y espadas con la colonización, sino adicionalmente, aspectos técnicos muy interesantes como el paso del grabado superficial a la escultura que, desde entonces, ya manejaban esas culturas, en las fotografías se ve claramente cómo estas comunidades hacían grabado superficial, grabado profundo, utilización de las aristas de las rocas, utilización de sus formas para completarlas y darles una figura reconocible, jugando con su forma original, hasta decantar en esculturas tridimensionales.

Y como si fuera poco, también se pueden evidenciar procesos de estilización que van de figuras claramente reconocibles a otras que ya no lo son tanto, lo cual da cuenta de procesos paulatinos de abstracción que, seguramente, con el andar del tiempo, si estas culturas no se hubieran extinguido, si hubieran seguido ejerciendo su labor de ideación, de imaginación, habrían llegado hasta a desarrollar un sistema de escritura.

En fin, si el lenguaje es la casa en la que habita el ser, como decía Heidegger y los límites del lenguaje, son los de mi mundo, como expresó Wittgenstein a lo mejor la falta de identidad que adolece Colombia como pueblo desde hace tanto tiempo ya, no comenzará a sanearse hasta que comencemos a asir con garras de águila nuestro propio lenguaje, nuestra propia identidad, por resbaladiza que esta sea, desde que la aculturación de la colonización nos impuso nombres de santos extranjeros para nombrar nuestras raíces. Así que ojalá, algún día arrastrándonos entre lo dionisiaco y reptante de nuestros placeres serpentinos que tanto nos enorgullecen como pueblo, también tengamos la distancia y visión apolínea del águila para ver desde la distancia el punto medio en el que al fin podremos hallarnos a nosotros mismos y no lo que hicieron de nosotros.

El profesor Fernando Urbina explicando su exposición en el edificio de posgrados de Ciencias Humanas. Foto: Pablo Triana.

Aunque, pensándolo mejor, quizá sea al revés, quizá tal vez debamos dejar de pretender mirar con tanta distancia positivista, etérea, aguileña y lejana de una modernidad que nos pasó de lado, pero que, en medio, de un esnobismo ridículo hemos decidido abrazar a la distancia para ponernos del lado de “los ellos” y no de “los nosotros” entrando en contacto, justamente con la verdadera esencia, con el mundo circundante, con el camino de la serpiente y esa exultación de arrastrarse para sentir de verdad la tierra y entrar en contacto con el mundo que en realidad nos tocó y no con el que soñamos envenenados con delirios inoculados por una aculturación exógena y decadente.

Por lo pronto, el Instituto Colombiano de Antropología e Historia (ICANH) seguirá patrocinando el montaje y circulación por varias regiones de Colombia de la exposición Más allá de las montañas de Uyumbe, que se estuvo presentando en días pasados en el edificio Rogelio Salmona de Ciencias Humanas, pero que, aunque no se sabe todavía a ciencia cierta cuál será su itinerario, ya se sabe que, lo más probable es que su próxima parada sea la cuna de la libertad, el municipio de Charalá.