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Centro de Divulgación y Medios
Notas de Prensa

Una mirada Interior

Por: Pablo Enrique Triana Ballesteros

La Cinemateca Sala Alterna presentó la película Interior (2017) de la directora caleña Camila Rodríguez Triana, quien estuvo durante la proyección y habló de su obra al final.

Una habitación de hotel barato en el centro de Cali es la protagonista de este largometraje que trasgrede los límites entre el documental y el argumental. En ella, se presentan diferentes personajes, que como el título de la película lo indica, dejan ver lo que suele estar vedado para el público, lo que queda afuera cuando la puerta se cierra, el interior.

“Es una película en la que vemos a distintas personas entrar y salir de esta habitación y, a partir de los cuales, podemos intuir cosas que están viviendo, situaciones familiares, económicas, sociales, etc. Y es una cinta que cuando uno la ve completa construye como un retrato de nuestra sociedad”, comenta su directora, Camila Rodríguez Triana, en una entrevista otorgada al Centro de Divulgación y Medios de la Facultad de Artes de la Universidad Nacional de Colombia.

Camila afirma esto, porque estas situaciones que viven los personajes son situaciones de marginalidad, pobreza, exclusión, abandono, violencia, olvido, indiferencia, injusticia, e inequidad (entre muchas otras) que, como ella bien dice, lastimosamente no son ajenas para la mayoría de quienes componemos la sociedad colombiana.

Por ejemplo, en el filme se retrata, a través de una pareja de ancianos que entra al cuarto, la inoperancia y precariedad del desquebrajado sistema de salud que adolece el grueso de colombianos que deben lidiar con la ineptitud de las EPS y todo lo que ello implica.

Así mismo, la presencia de personajes como un presunto jibaro o una posible prostituta dotan de una gramática urbana este largometraje que a la vez suscita muchas más preguntas que respuestas mientras, una cámara fisgona nos introduce al interior de esta habitación, y con ello a los intramundos, en ocasiones sórdidos de estas personas que, por cierto, nunca sabemos si son actores profesionales, actores naturales o personas reales atrapadas dentro de un formato documental.

Pero es que precisamente, esa es la idea. A la directora poco o nada le interesa lidiar con esas nociones o categorías convencionales que rotulan, etiquetan, y en últimas limitan la creación artística que es lo que a ella le interesa, mucho más allá de definir si es un documental o un argumental.

“La academia tiene un formato ya establecido para todo, eso es lo que a vos te enseñan en las facultades de cine y hay mucha gente a la que el esquema le funciona, pero hay mucha otra a la que no, como a mí, y pues cuando eso pasa, como en la vida, como cuando te dicen que todos se tienen que casar y tener hijos, pero a vos eso como que no te termina de cuajar del todo, pues hay que buscar tu propio camino, lo que a vos te funciona y no está mal”, explica Rodríguez, quien durante la conferencia que vino después de la exhibición de la película abrió diciendo que no creía en la realidad, lo cual apoyó con una cita de Jaques Lacan: “la realidad no se puede tocar”. Y de este modo explicó que Interior no es un documental, ya que para ella esa ilusión de “objetividad” o “mirada objetiva” no es más que eso, una mera ilusión. Y así mismo rechazó la insinuación que provino de una de las preguntas del público acerca de si su obra cabría dentro de la categoría de cubo blanco.

Y en ese sentido la cineasta cuenta que, sencillamente, durante el rodaje de su película anterior conoció este hotel y se sintió tan interpelada que supo en ese momento que quería hacer su próxima película allí.

Así que comenzó a frecuentar el lugar, a explorarlo y hasta se quedó varias veces allá, a pesar de lo difícil que esto le resultaba, ya que la habitación no tiene ventanas y para ella esto no era un asunto menor, sin mencionar que claramente no estamos hablando de una habitación en un hotel de lujo, sino a algo muy equivalente a lo que podría encontrarse en el barrio Santa Fe en la ciudad de Bogotá.

Sin embargo, persistió y se dio a la tarea de conocer a la gente que habitaba dicho espacio, habló con varios huéspedes, conoció sus historias y finalmente, los invitó a participar de la filmación. “muchos de los personajes son reales, clientes reales (para Lacan la realidad era diferente a lo real) de ese hotel que aceptaron exponer algunos de sus problemas para la película. Hubo otros que no quisieron participar, pero que igual yo quería que salieran, entonces a esos sí los representé a través de actuaciones”, cuenta Rodríguez.

Así mismo, esta cineasta afirma que el espacio era muy importante, que el cuarto tiene una semántica especial muy propia, una significación sustantiva y que, por eso, no pudo haberse tratado de un cubo blanco, pues para ella y para quienes vimos la cinta, cada escena forma un todo.

Un todo que, sin embargo, como toda totalidad, siempre va impregnado de un perfume a nada y es justamente en esas intersecciones, en esos espacios blancos entre los renglones que escriben lo que se dice, en esos intersticios entre lo que se pronuncia y lo que se calla, entre lo que se muestra y lo que se oculta, ahí, en ese no lugar del lugar, que brota la flor del arte.

Y es que como los buenos banquetes literarios que describía José Asunción Silva con novelas como De Sobremesa, la obra de poética, o de arte, si es que existe alguna diferencia, no ha de darle todo masticado y deglutido a su audiencia, sino más bien proponer un juego entre emisor y receptor en el que ninguno produce la obra artística por sí solo, sino precisamente en ese espacio entre los dos, donde el uno arroja una piedra a una laguna, pero la calma o tempestad de la misma producirá cierto tipo de hondas y esas hondas vendrían siendo aquello; como una especie de tecla del piano que al tocarse no produce un sonido por sí solo, sino que se articula con una cuerda y la vibración, producto de ese juego entre las dos es lo que conocemos como música.

“Vos solo conocés la materia trabajando con la materia. Por eso dormí mucho tiempo en ese hotel y conocí a la gente. Por eso deconstruir la estructura convencional del cine me parece tan importante, y no solo eso, uno se tiene que deconstruir a uno mismo. En la película uso muchos planos generales y yo creo que es porque tengo problemas con la proximidad de las personas, pero estoy deconstruyendo esto”, confiesa Rodríguez, quien además se declara fan de Pedro Costa por su posición frente al cine y esa ruptura con el naturalismo que tanto lo caracteriza.

Finalmente, esta mujer, cuya obra parece ser la encarnación viva de esa frase de Saramago que dice que “dentro de cada uno de nosotros hay algo que no tiene nombre. Y eso es lo que realmente somos”, seguirá exhibiendo sus trabajos en espacios como en los que actualmente lo hace como La Muestra Internacional Documental de Bogotá (MIDBO) o como lo hará en el próximo XI Festival de cine de Cali que, por cierto, homenajeará a su fundador, Luis Ospina, cuya una de sus mayores obras, según Camila, es sin lugar a dudas, este espacio que nos legó a todos los colombianos amantes del cine y en el que ella, particularmente, se siente muy honrada de poder participar con su siguiente trabajo.