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Notas de Prensa

(Re)interpretaciones de la violencia en Colombia

Por: Adriana Herrera

Yo prefiero una mala paz que una buena guerra.
Ciro Galindo

La Cinemateca Sala Alterna, en su propósito de divulgar y fomentar el consumo de cine colombiano, inicia su programación de septiembre del 2019 con un ciclo de reflexión sobre la violencia en Colombia, producto de más de cincuenta años de conflicto armado.

La cinematografía colombiana ha necesitado hablar sobre este tema desde hace más de cinco décadas. Obras como Chircales (1971, de Jorge Silva y Marta Rodríguez), Nuestra voz de tierra, memoria y futuro (1982, de Marta Rodríguez), Cóndores no entierran todos los días (1984, de Francisco Norden), Rodrigo D. no futuro (1990, de Víctor Gaviria), La primera noche (2003, de Luis Alberto Restrepo), Sumas y restas (2004, de Víctor Gaviria), Retratos en un mar de mentiras (2010, de Carlos Gaviria), Un asunto de tierras (2015, de Patricia Ayala) y Ciro y yo (2018, de Miguel Salazar), entre otras, plantean la necesidad de entender la historia de nuestro país por medio de la representación, la investigación, la experimentación artística, la crítica e, incluso, el activismo político.

En estas joyas de la cinematografía colombiana, los realizadores interpretan nuestra historia, que está impregnada de violencia e inequidad, y contribuyen a la construcción social del espectador,[1] apelando a una subjetividad común. Sin embargo, por fuera de los circuitos académicos del cine y las humanidades, es difícil que el público quiera ver y dialogar sobre el conflicto y sus consecuencias.

Las interpretaciones de la violencia en Colombia han atravesado la producción artística y literaria en nuestro país. A su vez, esta producción también ha estado atravesada por la guerra. El activismo político y artístico del Teatro la Candelaria, el trabajo fotográfico de Jesús Abad Colorado o los actos de duelo que propone Doris Salcedo en sus performances son expresiones culturales que dan cuenta de la necesidad social ineludible de reflexionar sobre el conflicto, de resguardar la memoria y de mostrar y apoyar la resistencia de las comunidades y su búsqueda para construir un futuro en paz.

Figura 1. Fotograma extraído de La Primera Noche, Luis Alberto Restrepo (2003).

El cine colombiano ha explorado el conflicto armado desde distintas perspectivas, géneros y narrativas, siendo testigo de los cambios sociales y mostrando la diversidad de miradas. La Escuela de Cine y Televisión de la Universidad ha contribuido en gran medida a la conformación de esta cinematografía en el país, que es, en ocasiones, regional y excluyente. Realizadores como Rubén Mendoza, Ciro Guerra, Iván D. Gaona, Jorge Andrés Arango y Jorge Forero han llevado sus historias a múltiples festivales y escenarios internacionales. Su obra ha traído orgullo y reconocimiento a nuestra sociedad. Sin embargo, la pregunta por la paz con justicia social perdura. Otras escuelas, un poco menos privilegiadas, y realizadores de cine sin formación profesional también se han sumado a la empresa de exponer y analizar esta pregunta.

Hoy, casi tres años después de la firma de los acuerdos del proceso de paz, nuestra sociedad necesita más que nunca afrontar todas las aristas de este tema. A pesar de las intenciones del Gobierno nacional para silenciar el incumplimiento de los acuerdos y reestructurar el modelo de producción cultural, se sigue haciendo un cine que busca dignificar a las víctimas e interpelar a la sociedad de las grandes ciudades, donde el conflicto se ha vivido con menor intensidad.

El ciclo de este mes acude a interpretaciones de realizadores jóvenes y emergentes, que hacen parte de esa Colombia profunda y postapocalíptica que aún conserva rezagos de la guerra y que necesita sanar. En este país, la violencia está marcada en nuestros cuerpos, en nuestras mentes y en nuestra forma de relacionarnos como sociedad. Los colombianos tenemos como herencia una violencia cínica, innombrable, imborrable, y que muchas veces no es posible representar. Hay realidades tan perturbadoras que bloquean una parte del imaginario colectivo y, por lo tanto, solo pueden ser evocadas, vistas o analizadas a través de una gran pantalla.

Las películas seleccionadas invitan a ver el conflicto armado desde distintas perspectivas de cambio social, son jóvenes y ansiosas. Relatos de reconciliación (2017) es un trabajo dirigido por Carlos Santa y Rubén Monroy, junto con un gran equipo de jóvenes aprendices del Sena (Servicio Nacional de Aprendizaje). A través de distintas técnicas de animación, dieron forma a una serie de relatos de personas victimizadas por la confrontación armada en distintos territorios del país.

Figura 2. Fotograma extraído de Relatos de reconciliación, Carlos Santa y Rubén Monroy (2017).

Los fantasmas del Caribe (2018), segundo largometraje de Felipe Monroy —cuyo preestreno se hará en la Cinemateca—, se ubica en el denominado cine de lo real: esa zona de lenguajes híbridos, donde habita la ficción en función de distintas realidades. Situaciones que necesitan ser detonadas en forma de códigos, propulsados directamente hacia la mente y la sensibilidad del espectador. Su trabajo podría entrar en la categoría de autoficción, planteada por Graciela Speranza en su artículo «Ficciones de lo real».[2]

La proyección del documental Noche herida (2016), dirigida por Nicolás Rincón Gille, egresado de la Universidad Nacional de Colombia, estará acompañada por su productor, Manuel Ruiz Montealegre, profesor de la Escuela de Cine y Televisión de la misma universidad. Noche herida fue premiada con el India Catalina en la categoría de mejor película de la Competencia Oficial de Cine Colombiano del Festival Internacional de Cine de Cartagena de Indias 56 —FICCI—. Este documental obtuvo varios reconocimientos a nivel internacional por su apuesta dialéctica, poética e intimista.

Figura 3. Fotograma extraído de Noche Herida, Nicolás Rincón Gille (2016).

Septiembre termina, pero este ciclo necesita una sesión más. El 1 de octubre llega a la Cinemateca la película Interior (2018), de Camila Rodríguez Triana, enmarcada en las itinerancias de la Muestra Internacional Documental de Bogotá (MIDBO 21). Es una obra habitante de la zona liminal entre el documental y la ficción. Este largometraje se desarrolla en varias habitaciones de un hostal en el centro de Cali. Plantea una realidad fuera de campo, que aflora en el espacio íntimo de los personajes.

La Cinemateca Sala Alterna extiende la invitación a la comunidad universitaria y distrital, académica y curiosa, para que asista a estas jornadas de reflexión en torno al cine colombiano y estas nuevas voces de la cinematografía nacional. Los eventos tienen entrada libre. Las proyecciones se desarrollan todos los martes de 6 a 8 p. m. en el auditorio Ángela Guzmán del edificio Sindú (314), Ciudad Universitaria (carrera 30 n.° 45-03).

[1] Hago referencia a un concepto tratado en una entrevista hecha a Hernando Martínez Pardo por algunos de los miembros del Observatorio Latinoamericano de Historia y Teoría del Cine de la Universidad Nacional de Colombia (Francisco Montaña, Mauricio Durán, Diego Rojas, Pedro Adrián Zuluaga, Cira Inés Mora, Luisa Fernanda Ordóñez y Anne Burkhardt). Realizada el 16 de junio de 2011 en Bogotá.

[2] Tomado de «Ficciones de lo real», G. Speranza, Errata, 8, p. 45.