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Centro de Divulgación y Medios
Notas de Prensa

Con afecto y desde el arte, buscan recuperar la identidad cultural y los saberes y prácticas tradicionales

Por: Diana González

Docentes y estudiantes de la Universidad Nacional de Colombia (UNAL) promueven –a través de dos proyectos que tienen que ver con el arte, pero en distinto territorio– el encuentro, el respeto, la unión, la solidaridad, la fraternidad, el trabajo colaborativo, la preservación de la identidad y la recuperación de saberes y costumbres de, entre otros, campesinos, indígenas y afrodescendientes colombianos. Ellos estuvieron en el cierre del Ciclo de Conferencias de las Artes 2019-I, deleitando al auditorio con sus experiencias.

El primero de los proyectos presentados fue la Huerta, gestado y coordinado por la artista Trixi Allina, profesora de la Facultad de Artes de la UNAL durante más de 35 años y quien con esta estrategia de creación artística colectiva ha instado a las comunidades campesinas de 7 municipios del Alto Ricaurte, en Boyacá, a practicar el intercambio material e inmaterial y a fortalecer en la cotidianidad sus vínculos sociales y culturales.

De acuerdo con Allina, este proyecto se fundamenta en la metodología del trabajo de arte colaborativo, que ella desplazó de la urbe a la zona rural y cuyas bases tomó de la Sala de estudio 104, una iniciativa de recolección, circulación y documentación en arte que se desarrolló en la UNAL entre 2008 y 2014 y de la que fue directora.

“La huerta se transforma en un taller de arte, desplazado de lo urbano a lo rural. El trabajo se enfoca en las prácticas de la vida cotidiana, que es lo que me interesa investigar: cómo viven, cuáles son sus imaginarios, cuáles sus narraciones, sus historias. A través de la huerta se activa esa relación, pues ellos pueden expresar cómo se desarrollan esas prácticas cotidianas”, comentó la artista al Centro de Divulgación y Medios de la Facultad de Artes de la UNAL minutos antes de iniciarse el evento académico.

Los proyectos Huerta y Aulas Vivas hicieron parte de la última sesión de este semestre del Ciclo de Conferencias de las Artes, que organiza el Centro de Divulgación y Medios de la Facultad de Artes. Foto: Sergio Ruiz, Centro de Divulgación y Medios.

Gracias a la Huerta, los campesinos del Alto Ricaurte –Villa de Leyva, Ráquira, Tinjacá, Sutamarchán, Santa Sofía, Samacá y Gachantivá– tienen la posibilidad de encontrarse alrededor de diversas actividades de intercambio, como las prácticas de cultivo, recolección y preparación de alimentos, y transmisión de los conocimientos y saberes sobre la vida cotidiana, el cuidado de la tierra y la conservación del medio ambiente. Pero también, en torno a una práctica artística con la que no estaban muy familiarizados.

La forma de operar establece el intercambio de narraciones por semillas, pues con ellas se perpetúa su existencia y beneficios para el ser humano y se ponen en circulación los relatos de la vida doméstica que entrelazan historias con experiencias sobre las prácticas locales y la producción agrícola.

“La idea de la huerta es que produzca semillas para ponerlas en circulación a través de un intercambio, porque el proyecto se llama De intercambio, reciprocidad y circulación. Por ejemplo, ellos cuentan cuentos y yo les doy semillas, ellos siembran con nosotros en la huerta y se llevan las semillas que se han sembrado”, declaró al respecto Allina, antes de mencionar que este es un proyecto de investigación en arte y patrimonio.

La Huerta de Trixi Allina se fundamenta en la metodología del trabajo de arte colaborativo, que ella desplazó de la urbe a la zona rural. Foto: trixiallina.com

Pero no solo eso. Además, cultivan alimentos y plantas medicinales que por diversas razones habían dejado en el olvido, comparten en la mesa “de encuentro”, al aire libre, y, como si fuera poco, exploran el territorio boyacense en comunidad, fortaleciendo la conexión entre el arte y la vida, entre imágenes del campo y sus propias imágenes en un claro propósito de reconocimiento de sí mismos y de sus comunidades.

Un repositorio de imágenes, en este sentido, se está construyendo de la mano de Allina, pues al igual que las semillas, se busca devolver lo que se ha dado, siempre con este sentido de reciprocidad establecido desde el inicio del proyecto. Sin embargo, esta mediación artística no ha quedado ahí, sino que ha ido circulando, dándose a conocer en formato de exposiciones e instalaciones.

Sobre este tema, mencionó: “nosotros lo que hacemos es devolver el material que hemos recogido en forma de material sensible: imagen de fotografía, videos, sonido y hacemos instalaciones de acuerdo al tema que se ha elaborado. Por ejemplo, hicimos una instalación en un salón comunal y ahí pusimos todo el material de un año de trabajo”.

La artista también habló de otros proyectos expositivos que –en conjunto con las comunidades hortelanas del Alto Ricaurte– han sido instalados en lugares históricos urbanos, como la Estación de la Sabana y la avenida Jiménez, y, obviamente, en sitios emblemáticos boyacenses como El Molino, en Gachantivà, en donde les permitieron realizar una instalación que, según Allina, activó y le devolvió la voz a este espacio.

Aulas Vivas: memoria, territorio, saberes e identidad

Este es el segundo proyecto que, a su turno, presentó el profesor Andrés Sicard, de Diseño Industrial de la Facultad de Artes de la UNAL y creador y director del grupo de investigación Saberes Implícitos, desde el que acompaña a Aulas Vivas, un espacio del programa Saber y Vida de la UNAL y la Red Intercultural de Saberes Ancestrales y tradicionales, que apoyan la Fundación Creando Lazos de Saber y Vida y el Instituto de Estudios Políticos y Relaciones Internacionales (IEPRI), también de la UNAL.

Durante su intervención, el docente reflexionó sobre la riqueza natural, cultural y étnica que posee el país, así como sobre el papel del diseño en la preservación de los saberes, sabores y, en general, en la idiosincrasia de los diversos pueblos colombianos. Pero, también, se refirió a la importancia de iniciativas como la de la Huerta y Aulas Vivas.

El trabajo de la Huerta se enfoca en las prácticas de la vida cotidiana, que, según Allina, es lo que le interesa investigar: cómo viven, cuáles son sus imaginarios, cuáles sus narraciones, sus historias. Foto: trixiallina.com

En este sentido, dijo que “el diseño afecta y hay que poner a los diseñadores a afectar de manera positiva al planeta y a la vida misma, porque las hemos venido afectando negativamente. Por eso, hay que recuperar la dimensión del afecto positivo para que podamos encontrarnos en un abrazo, en una entrega de servicio y en un ejercicio de orden colaborativo”.

Por su parte, la profesora Gloria Muñoz, de Aulas Vivas, comentó que el proyecto se originó en una inquietud que tiene que ver con cómo se construye sentido de pertenencia hacia la Universidad Nacional de Colombia y, más allá de ella, hacia el país en su totalidad.

Por eso y por la creación de espacios pedagógicos más humanos gestaron las Aulas Vivas, en donde estudiantes de diversas regiones del país y, también los abuelos y sabedores, tienen un lugar para expresarse, para compartir, para preservar su identidad cultural.

Desde este espacio y al aire libre, al igual que el proyecto de la Huerta, hacen un llamado a la reciprocidad en términos de afecto, cooperación y humanidad, a mantener la sana interacción con el medioambiente, a estar unidos y a enfrentar las dificultades siendo conscientes de la diversidad, pero también del lazo de fraternidad que en términos prácticos debería unir a los colombianos para rescatar y proteger su patrimonio vivo.

Con esta lógica han logrado realizar distintos eventos y participar en otros de orden académico y cultural, a los cuales han sido invitados para difundir sus experiencias frente a los temas de memoria, territorio e identidad.

Tres reglas hacen parte de su accionar y pensamiento: escuchar, respetar y aprender a compartir. “Por eso, siempre tenemos mesa de abundancia”, señaló la profesora Muñoz al referirse a la presencia de elementos como el fuego, alimentos y bebidas, que –a modo de altar con ofrendas para el público– ubicaron en el piso del auditorio Ángela Guzmán, donde se llevó a cabo la conferencia.

Un diálogo de saberes, sabores y haceres, eso es para los integrantes de esta red el proyecto Aulas Vivas. De ahí que, según la profesora Muñoz, jóvenes de todas partes del país los acompañen en el proceso, pues entre todos buscan rescatar la herencia ancestral y, por ende, difundirla con las nuevas generaciones.

Por la creación de espacios pedagógicos más humanos nace Aulas Vivas, en donde estudiantes de diversas regiones del país y, también los abuelos y sabedores, tienen un lugar para expresarse, para compartir, para preservar su identidad cultural. Foto: aulavivadesaberes.blogspot.com

“Se nos ha olvidado aprender a heredar sabiduría”, dijo sobre este asunto el profesor Sicard. Sabiduría que poseen los abuelos indígenas y afrodescendientes que forman parte de Aulas Vivas y que ese día compartieron su sentir con el auditorio. Uno de ellos, Jesús, reveló que este proyecto es muy importante porque “ayuda a despertar la consciencia y a identificarnos como seres humanos”.

Así mismo, relató que han venido encontrándose con los más jóvenes en el Círculo de la palabra con el propósito de fortalecer su identidad, de “volver a vivir en sociedad y a servir con amor”, tal como se lo enseñaron sus ancestros. A su turno, Arturo Grueso, un abuelo afrodescendiente, mencionó que Aulas Vivas les ha permitido acercarse a la academia para explicar que afuera hay otros mundos diferentes, pero igual de importantes en todos los sentidos de la palabra.

Otro de los abuelos comentó: “tenemos que reconocernos y, por eso, hemos venido aquí para compartir, para escucharnos, para buscar el equilibrio, la unión, porque entre más unidos más fuertes vamos a ser”.

Con la intervención musical de Elsy, una cantaora, concluyó la última sesión del Ciclo de Conferencias de las Artes de este semestre, que organiza el Centro de Divulgación y Medios de la Facultad de Artes de la UNAL.