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Centro de Divulgación y Medios
Notas de Prensa

Las intimidades que Débora Arango introdujo en su propia obra

Por: Diana González

Mucho se ha dicho y escrito sobre esta artista, pero más allá de las certezas o inconsistencias en esos relatos, el psicólogo Emilio Meluk, profesor de la Facultad de Ciencias Humanas de la Universidad Nacional de Colombia y quien ha venido desarrollando una investigación sobre su vida, compartió en una conferencia los resultados de este estudio que da cuenta de lo que sucedía en ella cuando pintaba. Un corolario, eso es para el académico este trabajo, producto de casi 7 años de compromiso con el tema.

“En mi condición de psicólogo me aproximo más a la persona, a su historia, a la biografía, a lo que le ha pasado para entender por qué pinta, cómo pinta, por qué lo hace. Entonces, el procedimiento que yo utilizo parte de analizar ciertos aspectos en su obra, porque ahí hay un implícito, y es que la biografía de Débora está en sus cuadros”.

Así lo explicó el profesor Meluk en entrevista concedida al Centro de Divulgación y Medios (CDM) de la Facultad de Artes de la Universidad Nacional de Colombia (UNAL) el pasado jueves 4 de julio, minutos antes de impartir la conferencia “Débora Arango vista a través de sus pinturas, una mirada psicológica”, desarrollada en el auditorio Margarita González de Posgrados de Ciencias Humanas de la UNAL.

Débora Arango era una mujer muy religiosa, pero a pesar de esto, era una transgresora cuando pintaba. En la acuarela La indulgencia la mujer tiene una actitud retadora, según explicó el profesor Meluk. Foto: museodeantioquia.co.

De hecho, comentó al CDM que el título del evento académico era más que revelador, porque a partir de una serie de análisis que desde la psicología realizó a muchas de las pinturas y acuarelas de Débora Arango, empezó a descubrir ciertos elementos comunes y repetitivos que le permitieron deducir qué pasaba en el interior de la artista cuando ejercía este rol.

Por eso, recalcó, durante su conferencia, que lo que siempre le interesó fue Débora, su subjetividad, y no la obra en sí misma, aunque por supuesto, sus pinturas fueron determinantes para realizar el análisis, ya que, según dijo, los artistas tienen un signo en sus obras de arte.

Solo que en el caso de Débora no fue un signo sino varios, todos debidamente estudiados por el profesor Meluk desde las herramientas que le brindó la psicología y que, en este caso específico, usó a lo largo casi 7 años, tiempo que le tomó llevar a cabo la investigación, el análisis y el corolario.

El profesor comentó que para explicar la obra artística de Débora y, así, llegar al interior de su ser, recurrió a diversas consideraciones como el entorno social, lo orgánico, lo ideológico y lo subjetivo. En lo orgánico, por ejemplo, acudió a las capacidades de la artista, pues estas tienen, según el docente, un determinante biológico que siempre va a influir e interferir en su obra.

En términos de subjetividad, estudió las relaciones primarias, especialmente las que tenían que ver con su madre. En este sentido, dijo, “cuando la artista pinta está expresando sus vivencias –porque estas están siempre en lo que se pinta– aunque ella no lo sepa o no sea consciente de ello”.

El profesor y psicólogo Emilio Meluk ha venido estudiando a Débora Arango a partir de sus obras, biografías y las herramientas que le brinda su profesión. Foto: Sergio Ruiz, Centro de Divulgación y Medios.

Otro aspecto importante que tuvo cuenta fue el aprendizaje cultural, que en Débora estaba motivado por el carácter religioso de la cultura antioqueña, muy importante para ella, sobre todo por la época y sociedad en la que le tocó vivir, totalmente conservadoras y arraigadas en el catolicismo.

En parte, por eso Débora, según el análisis, encontraba en la pintura un símbolo místico, aunque este también provenía de su relación con la monja italiana Rabaccia, quien la orientó y le inculcó el gusto por la pintura.

“Para Débora pintar era una cosa mística. Incluso, ella solía decir que la hermana Rabaccia le recalcaba que ‘el que tú pintes bien es un don de Dios’. Entonces, para ella pintar era algo religioso, era un don de Dios, y ella estaba impregnada de eso todo el tiempo”, reafirmó el profesor Meluk.

Débora Arango, la transgresora

Siete elementos o signos repetitivos en la obra de esta artista dan cuenta de su carácter transgresor, de su ideología, sus intereses y su postura crítica frente al contexto sociopolítico colombiano, de sus afinidades, sus inestables vínculos familiares y de las secuelas de su condición enfermiza que la llevaron a mantener un estado de excepcionalidad, según indicó el docente.

Débora se atrevió a lo que ningún hombre u otra mujer había hecho hasta ese momento: pintar a la fémina –a veces ocultando y otras, develando– en distintos roles: madre, amiga, novia, religiosa, adolescente, virgen, prostituta, marginal.

“A uno le llama la atención la gente que transgrede y más cuando es una mujer, y más cuando esa mujer tiene su juventud en los años 20-30-40 en momentos en que Antioquia era una sociedad tan cerrada, tan pacata. Y sin embargo, ella se arriesgó a romper con una serie de esquemas, corriendo el riesgo de que la tildaran de mil cosas, como en efecto sucedió”, aclaró el profesor.

El primero de los signos que evidenció el profesor Meluk es la muerte, originado en la relación de Débora con el paludismo, pues ella, según el análisis, no solo padeció esta enfermedad sino que, además, la transformó en una constante sensación de proximidad con la muerte.

La muerte es uno de los elementos repetitivos en la obra de Débora Arango. En la acuarela, La muerte de un niño. villegaseditores.com

“Ella tenía vivencias del paludismo, tenía vivencias de morirse y, por eso, las articuló en su obra. Yo diría que ella estaba pintando su propia muerte, aunque eso provenía más del deseo de poner afuera la muerte”, reveló el psicólogo tras hacer mención a una de las acuarelas de Débora, en la que pintó La muerte de un niño.

El segundo elemento hace referencia a los desnudos y a las prostitutas. Con este, Débora aludió a la vida, a la capacidad de reproducción, a la sexualidad libre, a su sexualidad, pues según el profesor, esta no es optativa y, por tanto, ella vio en la pintura la posibilidad de expresarse. Pero, “es una sexualidad vivida de una manera sublimada, alegórica, aunque es también un acto de solidaridad con las prostitutas y marginales”, dijo el docente.

A pesar de este tipo de representaciones, Débora tenía cierta aceptación del clero, debido a que, según explicó el profesor, ella era una mujer muy religiosa que acataba los preceptos confesionales. Sin embargo, era rebelde, transgresora cuando pintaba, tenía una doble faceta y, también, “la habilidad de presentar la grosería de una manera aceptable. Los seres humanos somos así, a veces somos disonantes”, aclaró el profesor Meluk.

El tercer elemento es el religioso, con el que, a pesar de ser una católica ferviente, trasgredió lo sagrado y se arriesgó a la excomunión. El cuarto alude a las maternidades, en una faceta menos conocida de ella, pero en la que “sus hijos fueron los cuadros”. Cuando ella representaba la maternidad hablaba su interior, hablaba de los hijos que nunca tuvo.

Siete elementos o signos en la obra de esta artista dan cuenta de su carácter transgresor, según el estudio del profesor Meluk. En la imagen, Justicia. Foto: 3minutosdearte.com

El quinto tiene que ver con mitos y leyendas y su capacidad de traerlos al contexto antioqueño, a los lugares, a los paisajes que conocía. En su acuarela “Trata de blancas”, por ejemplo, ella cogió un mito griego y lo convirtió en imágenes del oriente antioqueño, lo trasladó.

El sexto, de acuerdo con el profesor, se denomina la sacristana, un elemento que tiene que ver con la vivencia de Débora al lado de las monjas salesianas. “Ella tiene una especie de estructura mística, como si realmente fuera una monja. Es como si hubiera hecho unos votos de castidad que rompe con la pintura”, explicó.

El séptimo hace referencia al conflicto social, pero también al factor político. Con este, ella ejerció una profunda crítica y retrató a los políticos como animales, debido a la violencia desencadenada por la muerte de Gaitán, las negociaciones entre políticos, la dictadura de Rojas Pinilla y el Frente Nacional.

Al final de su intervención, el investigador dijo que, en resumen, era posible hablar de la subjetividad de Débora desde tres aspectos demasiado evidentes en su obra: la fuerza del sufrimiento infantil (por la enfermedad), la genitalidad inalcanzable y la muerte.

Esta conferencia se desarrolló en el marco del trabajo conjunto que, recientemente, iniciaron las facultades de Artes y Ciencias Humanas y que reiniciará el próximo semestre.