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Notas de Prensa

Carlos Álvarez Núñez (1942-2019)

Lo sorprendió la muerte igual que lo sorprendió en el transcurso de sus últimos años una reflexión que no cedió a morir sin confesión, ya pensionado de la Universidad Nacional de Colombia: una reflexión sobre lo que pensaba del cine, entre pesimista y optimista o, tal vez, pragmático. Él no se negó a manifestar la inconformidad que sentía con un país excluyente, desigual y, para muchos, desconocido. Un país donde el cine es visto como una herramienta, como una norma de higiene mental. Carlos consideraba que no valía la pena hacer largometrajes por las dificultades en la distribución, el poco —o casi nulo— apoyo estatal, o porque se pensaba más en mostrar las películas en el mercado del exterior que en el país.

Cuando nos encontrábamos, yo tenía la impresión, al ver la vitalidad de su voz y la ironía, y a pesar de las dificultades de movilidad por su operación de rodilla y sobrepeso, que la muerte no nos afectaría. Alguna vez, mientras hablábamos sobre el comentario de la senadora María Fernanda Cabal respecto a la partida de Gabriel García Márquez y su destino en el infierno, junto a Fidel Castro, Carlos ácidamente dijo: “Ya sé dónde voy a estar cuando muera. Por lo menos, allí se tiene con quien hablar y no tendré que dirigirme a esa señora”. En otra ocasión, en el convento de San Agustín, lugar donde se presentaba uno de sus documentales, se volvió a referir al tema y Lizandro Duque, palabras más, palabras menos, remató: “Con ese comentario (el de Cabal) se entiende lo que fue la edad del oscurantismo”.

Carlos nació en Bucaramanga en una época en la que, a pesar de las luchas electorales, la violencia no era tan fuerte como en el resto del departamento de Santander. Si bien el bipartidismo era una constante, la actividad petrolera de Barrancabermeja hizo que el movimiento sindical presionara a las empresas para tener mejores condiciones laborales. Lucha en la que también participaron otros sindicatos, como el tabacalero. Esta tensión la llevó Carlos como un sello que se ve reflejado en su trabajo.

En la década de 1950, la capital del departamento de Santander contaba con cinco o más teatros, la Universidad Industrial de Santander (UIS) consolidaba en terrenos propios su ciudad universitaria; además, la Institución tenía un cuerpo pensante y contestatario. Medios, como la radio, hacían parte también de ese tejido social. Es en este entorno en el que Carlos se inició como crítico de cine en el periódico Vanguardia Liberal, con su columna «Página semanal de cine», cuando solo tenía diecisiete años.

Siendo hijo único, recibió el apoyo de sus padres para viajar a Argentina, que en ese momento era el mayor y, tal vez, el más importante sitio de producción cinematográfica de América Latina. Allí, asistió durante dos años a un seminario de Fernando Birry, el padre del Nuevo Cine Latinoamericano y trabó amistad con Fernando Solanas, realizador de varias películas de prestigio —como La hora de los hornos, Los hijos de Fierro, La dignidad de los nadies—, así como otras sobre Perón y el peronismo, movimiento del que este director fue militante.

Luego de su regreso al país, Carlos Álvarez se vinculó a la Universidad Nacional de Colombia y empezó a colaborar con varias revistas, entre ellas, Guiones y Cine Mes, y posteriormente con El Espectador y el Magazín Dominical. En 1967 realizó su primer documental: Antioquia en marcha. En 1968, dirigió el corto Asalto, en el que tomó como referente Now, obra de Santiago Álvarez, realizador y director cubano. Este corto, trabajo que recibió varios reconocimientos, se realizó con fotografías sobre la toma de la Universidad Nacional de Colombia en el gobierno de Lleras Restrepo.

Ese mismo año, participó en un concurso en Mérida-Venezuela con la ponencia Colombia una historia que está comenzando. En 1969, con el apoyo de varios cineastas y amigos, se reunió con el realizador español José María Arzuaga para conversar sobre la posibilidad de hacer parte del equipo del largometraje El cruce. En 1970 filmó el corto Colombia 70 y, en 1971, ¿Qué es la democracia? También apoyó a Julia, su esposa, con la realización del corto Un día yo pregunté. En 1972 fue encarcelado, junto con otros artistas, en el llamado «Juicio del siglo». Situación que llevó a que se hiciera una campaña a nivel internacional para visibilizar su detención. Se lograron cerca de doscientas firmas de directores, actores y otras personalidades del cine y la cultura, entre las que se cuentan Marcello Mastroianni y Ugo Tognazzi. Después de ser liberado, Álvarez tuvo que exiliarse en Alemania.

En 1975 dirigió otro corto de carácter social, titulado Los hijos del subdesarrollo. Posteriormente, se reunió con Martha Rodríguez para hacer un trabajo sobre Camilo Torres, obra en la que logró entrevistar a Isabel Restrepo Gaviria, madre del exsacerdote. Este documental fue galardonado en Leipzig con el premio Paloma de Plata. Dentro de los «cortos de sobreprecio», dirigió Medellín 78, Aldea dorada y Diseño en la cultura agustiniana. Asimismo, participó en algunos trabajos de Gabriela Samper, además de realizar diferentes publicaciones sobre el cine colombiano.

En 1988, con el apoyo de Fernando Montenegro, decano de la Facultad de Artes de la Universidad Nacional de Colombia, y de Marco Palacios, rector de la misma universidad, buscó financiación con Focine para crear la Escuela de Cine Televisión. Escuela de la que fue el primer director. A partir de su gestión, se crearon otras escuelas de cine y comunicación social, por ejemplo, la de la Corporación Universitaria Agustiniana, de la que fue decano desde el 2001 hasta el 2007.

Carlos sintió en carne propia la frustración e indignación por la manera como se utilizaba a los nativos en El viaje de la serpiente. En las entregas de los premios, al actor indígena se le transformaba, se le cambiaba su traje tradicional por un frac y era exhibido como algo exótico. Situación diferente a lo que sucedió en los premios Oscar de 1973 en el recordado discurso pronunciado por Sacheen Littlefeather [Pequeña Pluma]. Su constante ejercicio de resistencia, de lucha contra la opresión, desde su papel de realizador y de crítico, eran visibles en sus incisivos comentarios: propuso cambiar el título de Aquileo venganza, película de Ciro Durán, por Aquí leo vergüenza, o solía decir que «en Colombia había más directores que en todos los países de Europa juntos».

El viernes 5 de julio lo llamé, pero no contestó. Tal como habíamos quedado, alrededor de las dos de la tarde, yo debía contactarme con él después de llegar de mi viaje a la Costa. Queríamos hablar sobre la donación a la Universidad de los materiales digitalizados de la revista Alternativa y de los audiovisuales de Alternativa para principiantes, que había realizado para Canal Capital en cinco capítulos, ya que con anterioridad se había frustrado la posibilidad de hacer la entrega. En esa primera ocasión, recibimos una negativa, que se debió a la política institucional de adquisiciones de material bibliográfico y hemerográfico, a pesar de que insistimos en la importancia de Alternativa como un hito del periodismo en el país.

Carlos argumentaba que esta donación era muy acertada, porque el carácter académico de la Universidad permitiría que la revista fuera consultada por personas de la China o de África. De este modo, se convertiría en una fuente de investigación y reflexión. Además de estos materiales, él tenía la intención de donar su amplia biblioteca sobre cine, pero tenía dudas, porque pensaba que la juventud actual no quiere leer ni ir a la biblioteca. Sin embargo, estaba convencido de que el lugar de estos libros era la Universidad.

En reuniones en su apartamento se fueron construyendo varias ideas. Por ejemplo, hacer contenidos para Internet apoyados en el material de los noticieros y en trabajos breves de personas que quisieran participar, como Rodrigo Bonilla o Fabio Medellín. Carlos también tenía la intención de hacer un proyecto titulado Por qué matan líderes sindicales en Colombia, para el que no solo contaba con mucho material, sino que continuaba buscando fuentes. El tiempo no fue suficiente para materializar su creatividad, reflexión y pasión por los temas sociales. Sin duda, su compromiso y sus innumerables planes y proyectos habrían sido invaluables en la construcción de los medios audiovisuales como herramientas para la recuperación de la memoria de un país como Colombia, que se niega a la paz.

Jorge Mora
Profesor de la Universidad Nacional de Colombia

10 de julio de 2019