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Notas de Prensa

Lo que va de Arauca a la riviera francesa

La Mirada Opulenta N° 5

Por Sonia Velosa y Alejandro Hernández

Mauricio Lezama realizador asesinado en Arauquita. Foto: https://semanarural.com/web/articulo/quien-era-mauricio-lezama-el-cineasta-asesinado-en-arauca/948

En la turística y exclusiva Riviera francesa, frente al ancestral mar Mediterráneo, miles de cineastas celebraron, con gran fiesta y boato, el septuagésimo primer (71) Festival Internacional de Cine de Cannes, Francia, 2019.

La prensa en general y la especializada en particular, se concentraron en las estrellas que participan en el festival, en las películas que se proyectaron, en los diferentes eventos paralelos que conformaron uno de los eventos más significativos del cine mundial.

Las tranquilas aguas del Mediterráneo y el ardiente sol que calienta sus codiciadas playas, fueron sacudidas por la protesta ante el asesinato del realizador colombiano Mauricio Lezama que estremeció la alfombra roja en el Festival de Cine de Cannes.

Los directores Ciro Guerra y Franco Lolli, la escritora Carolina Sanín y otros miembros de la delegación colombiana en Cannes, en una abierta acción política, denunciaron la muerte violenta, en Arauca, del cineasta y gestor cultural Mauricio Lezama.

Lezama, cineasta, gestor cultural y consejero departamental de Cine de Arauca, fue asesinado el pasado 8 de Mayo del 2019 en la vereda La Esmeralda, de Arauquita, mientras trabajaba en un proyecto sobre las víctimas del conflicto armado.

Mauricio estaba en Arauca realizando un casting de actores para su próxima película, sobre la vida de Mayo Villareal, líder social y sobreviviente del genocidio contra la Unión Patriótica.

Desde una moto, desconocidos le dispararon varias veces a Lezama e hirieron al camarógrafo Ricardo Llain. Afortunadamente la indignación por el crimen llegó hasta las alfombras rojas de Cannes.

Después del estreno de LITIGANTE, la más reciente película del director Franco Lolli, protagonizada por la escritora Carolina Sanín y aplaudida en la inauguración de la Semana de la Crítica, parte de la delegación colombiana protestó con carteles y consignas de denuncia, en contra del atroz hecho.

La acción, concertada entre Ciro Guerra, presidente del jurado de la Semana de la Crítica, y Vladimir Durán, del filme ADIÓS ENTUSIASMO, aprovechó la visibilidad que brinda un espacio como Cannes, “más allá de la frivolidad” del festival.

El gesto, en palabras de Sanín, fue “un homenaje a su colega cineasta asesinado, y un mensaje al mundo para que tenga presente lo que ha pasado y lo que está pasando en Colombia”.

“Uno se siente con la responsabilidad y la preocupación de lo que está sucediendo en el país, los retrocesos, la violencia y la manipulación de la información, para hacer un llamado de atención desde el lugar en el que uno puede”, afirmó Durán.

“Decidimos que la alfombra roja era el lugar para denunciar. Desde hace nueve años no se asesinaba a un cineasta en América Latina. Ha sido asesinado un cineasta, y no es un caso aislado; forma parte de un nuevo exterminio.”

Cineastas colombianos protestan en el festival de cine de Cannes, Francia. Foto: https://www.scoopnest.com/es/s/Lezama/%20Chascomus/

Cineastas colombianos protestan en el festival de cine de Cannes, Francia [2]

El acto de protesta, que exhibió consignas como “Pedimos justicia”, “Paz”, “162 líderes asesinados en menos de un año” y “No al exterminio”, ocurrió durante el estreno de PERDÓN, LE HEMOS PERDIDO, de Ken Loach, en medio de la Selección Oficial del Festival de Cannes.

La alfombra roja ha sido utilizada históricamente como una importante plataforma de protesta. El año pasado las mujeres le utilizaron para protestar contra la discriminación de género y el acoso sexual en la industria.

Conociendo los ánimos que hay en esa alfombra roja, las cámaras y los periodistas internacionales, hacer visibles a los líderes territoriales y el crimen de Mauricio Lezama es muy valioso.

Algunos han calificado esta acción como sorprendente, oportuna y conmovedora: “Tomar tal posición en un lugar como ese, es de profundo significado para un sector cultural que es sensible a los problemas del país y que se siente vulnerable.”

Según Vladimir Durán, el gesto en Cannes y la amplificación que tendrá, resonará de manera potente en quienes buscan, un alto a esas violencias sistemáticas. “No podemos seguir permitiendo que en las regiones de Colombia se asesine impunemente por sostener un poder feudal”.

Esta denuncia, osada, valiente y necesaria, aprovechando el amplio cubrimiento informativo del evento internacional de cine, ha causado admiración en un país acosado por el miedo y el terror de actuar, de hablar, de pensar.

Este país de la economía naranja, de los eufemismos donde ya nada se denomina por su nombre, de la fabricación y difusión de información falsa, del trastocamiento histórico, mira con estupor cómo la mano negra de la censura, intenta reprimir y acallar el sector educativo y el mundo del arte y la cultura.

ALGUNOS PRECEDENTES DESDE CARTAGENA

En fechas recientes, a raíz del Festival de Cine de Cartagena de Indias del 2019, el crítico de cine Pedro Adrián Zuluaga, daba cuenta de un hecho insólito acaecido en el marco del mayor evento cinematográfico nacional.

Comentó Zuluaga que en un lánguido comunicado de prensa, el Festival Internacional de Cine de Cartagena cerró un círculo de intentos de censura y “corrección política”, cuyo punto más álgido sucedió en su noche de inauguración, la noche de gala.

En el comunicado, el Festival rechaza la utilización de ese espacio, la inauguración del festival, para promover agendas que le restan protagonismo a los encuentros que el festival propicia para beneficio de toda la comunidad cinematográfica.

Todo surgió a raíz de los debates que se originaron en las redes sociales, días previos a la inauguración del Festival, los cuales tuvieron como objeto, sin ningún subterfugio, la película NIÑA ERRANTE y su concepto particular de mujer.

El comunicado hacía mención a una supuesta dictadura progresista, crítica de la cultural oficial y de un estado, el cual, tras meses de posesión del gobierno, no ha podido sacar nada claro sobre la promesa, o la amenaza, de la economía naranja.

Este gobierno, opina el crítico, ha sido incapaz de concretar su política cultural, tomando varias decisiones que tienen las marcas de la censura, el revisionismo histórico y el retroceso de conquistas colectivas.

El debate se centró en las relaciones entre el arte y la política, la ética y la estética, en reproche a la película NIÑA ERRANTE y sobre su punto de vista obsesivo del cuerpo femenino, reduciéndolo a tan sólo cuerpo y piel.

VISOS DE CENSURA

Interpretando el comunicado del Festival, éste borra con sus acciones los discursos de inclusión que orientan la nueva propuesta curatorial; el festival corrobora que le interesa el cine como un lugar de encuentro, siempre y cuando todos estén de acuerdo.

El mensaje del Festival recorta y censura al cine, pues a los cineastas solo se les permite hablar ‘en clave‘, a través de la pantalla y ante pequeñísimos grupos de espectadores, lejos de los grandes medios de comunicación.

Sugerir, como enseñan en las Escuelas de Cine, pero sin nombrar y sin denunciar explícitamente ni con vehemencia. O quizá la idea es aún más simple: se cree que, en público, los cineastas solo deben y/o pueden hablar de cine...".

Pareciera que aún hoy algunos piensan en el cine como un hecho totalmente aislado de la política, la moral y del mismo orden social y económico que rige las demás dimensiones de nuestras vidas.

La censura, opina Pedro Adrían Zuluaga, entrelaza miedos y obsesiones de vieja procedencia. Y esos actos de censura se vinculan con la principal sin-salida del cine nacional: la relación con el otro, con la otredad.

Que lo que siempre se ha intentado censurar en las películas es lo otro que nos cuestiona, lo que se sale del árbol de lo familiar y hunde sus raíces en lo ominoso y lo oscuro.

Todo parece anunciar el retorno de la censura en el cine colombiano, el llamado a un orden patriarcal en estricta consonancia con los hechos más amplios de la política y la sociedad.

Puede ser, finaliza Zuluaga, que el cine, considerado periférico en la conversación social, sea un potente medidor de energías colectivas, y sirva para conocer, como dijo Sigfried Kracauer, el "estado psicológico de una nación".

DE LA EXHIBICIÓN DE CINE EN EL PAÍS

Otro precedente ocurrió cuando uno de los mayores distribuidores y exhibidores de cine en el país, Cine Colombia, decidió censurar la exhibición del documental LA NEGOCIACIÓN, sobre el proceso de paz en Colombia.

La cinta, que se pensaba estrenar en un circuito nacional amplio, de repente y ante el trino del mal llamado presidente eterno, quien no había visto la película, fue trastocado su plan de exhibición, amenazando con no ser presentada.

Ante el clamor público, Munir Falah, presidente de Cine Colombia, por medio de un comunicado, negó que no se fuera a proyectar el documental LA NEGOCIACIÓN, limitando su exhibición a unas pocas salas en horario restringido.

La producción, que repasa el proceso de paz y las conversaciones entre el gobierno y la guerrilla, y de las cuáles se desprende un debate sobre el perdón y el fin de la guerra para los colombianos, fue mal vista por algunos dirigentes políticos.

El expresidente Álvaro Uribe, a través de las redes sociales, dio a entender que el documental mentía, al considerar que el documental lo muestra a él y al exministro de Justicia, Fernando Londoño, como "enemigos de la paz".

La indignación no se hizo esperar, y el apoyo a la proyección de la cinta, en redes sociales, fue masivo. Cine Colombia negó ante la opinión pública, haber sido presionada para retirar el documental de la cartelera cinematográfica.

SI HAY TIEMPO PARA LA CENSURA

En otro antecedente, ocurrido en Diciembre de 2013, Cine Colombia rompe un acuerdo de 140 millones de pesos con el Centro de Memoria Histórica, y censura el documental NO HUBO TIEMPO PARA LA TRISTEZA.

El acuerdo permitiría proyectar, en siete salas del país, un extracto editado del documental, sin embargo, Munir Falah habría objetado el corto por considerar que era crudo y tenía escenas demasiado fuertes.

NO HUBO TIEMPO PARA LA TRISTEZA es el relato de personas afectadas por todo tipo de violencias quienes decidieron contar sus historias ante la cámara. Son imágenes fuertes, realidades que generan empatía, memorias históricas que hay que contar, ver y aceptar.

¿Qué sucede en estos casos y porque la censura se cierne con especial delectación sobre el cine, dejando de lado otras manifestaciones y medios como la radio, la prensa, la literatura o el teatro?

Según Alejandra Guarín Téllez, el cine, como cualquier expresión artística, se halla sujeto a procesos de censura, y el séptimo arte puede llegar a un número considerable de personas en muy poco tiempo, generando un fuerte impacto.

Un buen director será capaz de transmitir un mensaje contundente, a través de la imagen y la música: este puede llegar a constituirse en una amenaza para ciertos valores y modos de vida impuestos.

LA CENSURA DESDE TIEMPOS REMOTOS

En Medellín, en la década de los veinte, cuando el cine hacía su tímida aparición cómo entretenimiento, se alzaron voces para que a los niños y mujeres, públicos supuestamente impresionables, se les vedara la asistencia a películas que les mostraran «la realidad del mundo, sus pecados y pecadores».

En 1933 fueron aprobadas las primeras leyes dirigidas a regular la producción y exhibición de material que se pudiera considerar obsceno. Las producciones cinematográficas nacionales eran por entonces todavía muy escasas.

En los años cuarenta, se nombraron juntas regionales que actuaban con autonomía al respecto. No obstante, la Iglesia Católica mantenía una posición rígida y tajante al respecto.

Las Ligas de la Moralidad, junto con la Sociedad Industrial Cinematográfica, para 1938 manejaban el funcionamiento de numerosas salas que presentaban el denominado «cine moral», acorde con los valores católicos.

Entre los años de 1942 y 1947, particularmente, la Acción Católica Colombiana, reguló las exhibiciones de cine a través de diferentes publicaciones, y en 1947, la censura se tomó los púlpitos.

Durante la eucaristía, cada domingo, se leía la censura moral de películas, panfleto elaborado por la Acción Católica. Las películas se catalogaban bajo las etiquetas de «buenas», «peligrosas» «malas» y «prohibidas».

La censura fue una de las características más palpables durante la dictadura militar del general Gustavo Rojas Pinilla. Al cierre de los periódicos El Tiempo y El Espectador, se sumó la censura cinematográfica.

La Ley 83 de 1946 dispuso que el cine era uno de los principales factores de influencia en la delincuencia juvenil, por lo que los menores de 16 años tenían restringida la entrada a películas que no fueran recreativas o educativas.

La Ley 197 creó la Junta de Clasificación con el fin de afrontar lo que se consideraba el grave problema moral que agobiaba la nación: la violencia. Se pedía que en la junta coincidieran expertos en criminalística, representantes del clero, artistas y conocedores de los procesos de educación en Colombia.

Durante los años sesenta, los distribuidores tuvieron que seguir recurriendo a diversas estrategias para evadir la censura y para finales de esta época, empezaron a surgir propuestas de cine social en el país, y otras de trasfondo político, sin llegar a constituir denuncias serias en la mayor parte de los casos.

El Comité de Clasificación de Películas definió cuatro categorías: niños, mayores de doce años, mayores de dieciocho años y prohibidas. Los filmes vetados eran, según ellos, aquellos que incitaban a la violencia, el crimen y la sedición.

La posición de la Iglesia, moderada un tanto, insistía en la autorregulación de directores y productores, y en el estar alerta frente a las numerosas películas atentatorias contra los valores y principios de la moral cristiana.

En los años ochenta FOCINE, fomenta la realización de calidad, aunque surgieron problemas respecto a temáticas de violencia política, las cuales fueron sutilmente vetadas, negando apoyo financiero a los guiones o limitando su exhibición.

Sin embargo se desarrollan propuestas interesantes sobre temas de la convulsa realidad colombiana. Se destaca sobre todo el cine desarrollado alrededor del tema de la violencia política de los años cincuenta y sesenta.

Películas cómo CÓNDORES NO ENTIERRAN TODOS LOS DÍAS, LOS DÍAS DEL MIEDO y CANAGUARO, son puestas en escena de calidad, donde dicho problema se convierte en centro de la trama y deja de ser trasfondo político.

Foto: http://yamidencine-y-filo.blogspot.com/2014/04/canaguaro_9.html

LA CLASIFICACIÓN COMO EXCUSA

La censura en el nuevo siglo se halla presente, en tanto se considera que escenas de sexo explícito son inaceptables en los circuitos comerciales de exhibición. Películas como SHORTBUS y LUCÍA Y EL SEXO fueron tildadas de pornográficas.

La clasificación es un eufemismo aplicado a la verdadera censura; ha sido siempre un ejercicio de doble moral, en el que participan miembros prestantes de la sociedad, considerados idóneos para decidir qué deben y no deben ver los demás.

Ya desde los comienzos de la llegada del cine al país, se reconoció su poder tanto educativo como lesivo, debido a su facilidad para transmitir mensajes así como por su gran aceptación de la que gozaba en los públicos.

El cine se constituía en una amenaza a los valores establecidos en la sociedad colombiana, caracterizada desde siempre por su patriarcalismo y la preponderancia de los valores católicos.

Con el tiempo, mientras la Iglesia Católica perdía su influencia, la censura era una mezcla de temor al pasado reciente y la politización del discurso cinematográfico.

Hoy en día, el espectador colombiano tiene acceso, por medio de los circuitos legalmente constituidos y los contenidos compartidos en Internet, a una gama casi interminable de películas que abordan todas las temáticas concebibles.

No obstante, en años recientes, la industria cinematográfica nacional ha experimentado una suerte de florecimiento, y se cuentan entre sus producciones documentales de denuncia social y otros que se esfuerzan por mostrar la riqueza cultural del país.

La censura responde a intereses de diversos sectores y a razones muy diversas, siempre asociados a figuras de poder. De criterios morales y educativos, a los conflictos sociopolíticos que no dejarán de acontecer.

La censura pone en evidencia la doble moral de la sociedad: oculta las curvas de una mujer, mientras exalta a diario, por los medios de comunicación, la violencia y la degradación social.

Dependiendo de la paranoia y la debilidad de los poderes de turno, estas tiranías que posan de demócratas, hoy censuran un seno, una nalga, luego palabras y gestos soeces, para luego coartar los flujos informativos. Y cuando esto les parece insuficiente, terminan segando vidas, arrasando pueblos, exterminando culturas.

Tanto ayer como hoy han sido prácticas comerciales y monopólicas. Ayer fue la vida de comunidades indígenas, líderes sociales, trabajadores por los derechos humanos y gestores culturales como Mauricio Lezama.

De nosotros depende que este derramamiento de sangre cese o que ríos como el Magdalena termine apodado El rio de las Tumbas o recitar a coro como el funesto verso adjudicado al dramaturgo alemán Bertolt Brecht:

“Cuando los nazis vinieron a buscar a los comunistas, guardé silencio, porque yo no era comunista.

Cuando encarcelaron a los socialdemócratas, guardé silencio, porque yo no era socialdemócrata.

Cuando vinieron a buscar a los sindicalistas, no protesté, porque yo no era sindicalista.

Cuando vinieron a buscar a los judíos, no pronuncié palabra, porque yo no era judío.

Cuando finalmente vinieron a buscarme, no había nadie más quien pudiera protestar.”