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Centro de Divulgación y Medios
Notas de Prensa

Modificación genética, enredada entre mitos

Por: Diana González

En muchas ocasiones, este tema ha sido asociado a procedimientos cuyos resultados son perjudiciales, abominables y de tipo artificial. Pero, según el profesor e ingeniero agrónomo Alejandro Chaparro –quien el pasado 3 de julio participó en la última conferencia del Ciclo de Arte y Ciencia de este primer semestre académico–, hay mucha información infundada que poco o nada tiene que ver con la realidad de la modificación genética.

“La modificación genética y lo que se denomina, técnicamente, como transferencia lateral de genes son dos de las fuerzas que mueven la evolución biológica, y esto no es para nada monstruoso”, resaltó durante su conferencia el profesor Chaparro, de la Facultad de Ciencias de la Universidad Nacional de Colombia (UNAL), a quien en la mañana de ese 3 de julio le fue otorgada la titularidad y tenencia del cargo.

Elysia clorótica es una babosa de mar de color verde brillante, que llamó la atención de los investigadores porque descubrieron que incorpora a su ADN genes que roba del alga que come para realizar el proceso de fotosíntesis. Foto: animalesacuaticos.net

La transferencia lateral de genes a la que hizo referencia el experto hace alusión al intercambio de material genético entre organismos unicelulares o pluricelulares, pero que no sucede entre padres e hijos y, por tanto, no tiene relación con el factor hereditario. Sin embargo, sí tiene lugar entre individuos de una misma generación.

Para el docente, la modificación genética o ingeniería genética ha sido un tema sobre el que se han tejido muchos mitos y presunciones, debido –en parte– a la falta de divulgación de información verídica. De hecho, esferas como el cine y la literatura han llegado a ocuparse de este asunto.

“La modificación genética causa ciertas sensibilidades en la sociedad. Llama mucho la atención porque se tiende a pensar que tiene efectos desastrosos, que genera monstruos, esos monstruos de las pesadillas que son el desarrollo de muchas construcciones literarias. Se presupone que son resultado de la modificación genética, y que esos resultados son, generalmente, artificiales”, afirmó el profesor Chaparro.

Aunque estas ideas son producto del imaginario y de experiencias oníricas, explicó que algunas de ellas son, en cierta forma, aproximaciones al tema que prosperan a medida que la ciencia va evolucionando.

El profesor Alejandro Chaparro, de la Facultad de Ciencias de la Universidad Nacional de Colombia, es ingeniero agrónomo, M.Sc. en ciencias agrarias con énfasis en fitomejoramiento y Ph.D. en genética y mejoramiento de plantas. Foto: Sergio Ruiz, Centro de Divulgación y Medios.

Al respecto, comentó: “es interesante cómo cambia con el tiempo la historia del primer Hombre Araña. En 1950, Peter Parker fue picado por una araña radioactiva, porque era la tecnología que en ese momento estaba en la picota pública. En cambio, en la versión de los años 2000, él es picado por una araña transgénica. Cambia el contexto y, sin embargo, la naturaleza es mucho más radical que todas estas aproximaciones”.

En efecto, la propia naturaleza es la que se ha valido de las herramientas que tiene a su alcance para adaptarse al medio y satisfacer sus necesidades. Así lo demuestra la babosa de mar Elysia clorótica, una especie animal fotosintética de color verde brillante, que llamó la atención de los investigadores porque descubrieron que incorpora a su ADN genes que roba del alga que come y los transmite a su descendencia.

Pero no solo se trata de que Elysia robe cloroplastos del alga Vaucheria litorea para poder realizar la fotosíntesis, sino que, además, puede usar los genes de este organismo acuático para mantener los cloroplastos en funcionamiento, lo cual hace que su periodo de permanencia sin probar bocado se extienda a lo largo de varios meses.

De esta manera, Elysia –mitad animal, mitad planta– se convirtió, según el diario español ABC, en el primer animal capaz de realizar la fotosíntesis, en el primer caso de transferencia de genes funcionales de una especie multicelular.

“En el camuflaje extremo como en otros cientos de diferentes formas de camuflaje hay atrás, definitivamente, procesos de modificación del genoma, de modificación genética natural”. En la imagen, lagartija cola de hoja, destaca por la imitación de la forma de una hoja seca. Foto: www.shvpl.info

“Para nosotros, esto es absolutamente extraordinario –mucho más que todas las aproximaciones populares– porque se creía que los cloroplastos son específicos de las especies vegetales, que son las que desarrollan el proceso de la fotosíntesis”, afirmó el profesor e investigador en ingeniería genética de plantas.

Por eso, recalcó con propiedad, el primer agente modificador de lo genético es la propia naturaleza. Y agregó: “en el camuflaje extremo como en cientos de diferentes formas de camuflaje hay atrás, definitivamente, procesos de modificación del genoma, de modificación genética natural”.

Sin embargo, eso no es todo. Según reveló el experto, la modificación genética hace parte de la historia natural y, también, de la del ser humano, pues –de acuerdo con sus palabras– con el inicio de la agricultura se desató un proceso masivo de modificación genética de plantas y animales.

“No es solamente que la naturaleza haga modificación genética, por supuesto, la especie humana también la ha hecho. Comenzando con el primer animal que domesticamos en la misma época que desarrollamos los rudimentos de la agricultura, unos 15.000 años atrás, es decir, con el perro y terminando, hace menos de 1.000 años, con el pato. Pero, todos estos animales, todas estas plantas que hemos domesticado, significa que los hemos modificado genéticamente de manera importante”, explicó.

"Comer lo natural es cuestionable", profesor Chaparro. Foto: frontiersin.org.

En este sentido, el profesor Chaparro –en entrevista para el Centro de Divulgación y Medios (CDM) de la Facultad de Artes de la UNAL– argumentó que los alimentos de origen silvestre de los que se nutre el ser humano, por lo general, han sufrido algún tipo de domesticación, lo cual conlleva, de alguna manera, un determinado proceso de modificación genética.

Los deseos del ser humano, en este sentido, lo han llevado a crear nuevas especies vegetales y animales, como, por ejemplo, el ligre, resultado de un cruce forzado entre un león y una tigresa. “Por supuesto que este cruce no sucede en la naturaleza”, reiteró el experto, tras mencionar que estos animales pueden llegar a pesar más de 400 kilos y a medir hasta 4 metros de largo, casi el doble de sus progenitores.

En esta misma línea de pretensiones, se ha dado continuidad, desde 1996, al proceso de modificación de los genomas mediante la ingeniería genética, particularmente, en plantas y cultivos transgénicos.

Comer lo “natural” es cuestionable

“Uno de los mitos que nos venden más frecuentemente es ‘consuma natural, porque lo natural es positivo’. Sin embargo, no siempre es así, porque, por ejemplo, ustedes podrían comer un tomate silvestre, no modificado por la domesticación, pero solo una vez, ¿saben por qué? porque se mueren. El tomate silvestre no domesticado es venenoso. Entonces, eso de que lo natural es sano es cuestionable en ambos sentidos”.

Así lo explicó el profesor Chaparro, quien reiteró que las necesidades de domesticación de frutos o animales para el consumo humano y su estado silvestre han reducido al mínimo la posibilidad de que alguno de ellos sea un alimento realmente natural.

Alba es un conejo cuyos genes fueron modificados con proteína verde fluorescente extraída de medusas para que, al examinarse con una luz azul, emitiera un brillo verde fluorescente. Imagen: urkofff72, www.youtube.com

“Un alimento que pueda ser natural es, por ejemplo, si uno pesca un pez en un río, este pescado es natural, no ha sido modificado, pero si tú vas a un pesque-pague, ese pez allí ya ha sido alterado. Entonces, es muy pequeño el chance de tener algo que no haya sido modificado”, aclaró al CDM.

El profesor Chaparro también se refirió al artista brasileño Eduardo Kac, reconocido por crear obras que usan la biotecnología para intervenir en la estructura genética de animales. De hecho, su trabajo ha sido tan atípico que ha sido denominado “arte transgénico”.

Una de las obras cumbres de Kac es Alba –creada en Francia en el año 2000–, un conejo cuyos genes fueron modificados con proteína verde fluorescente extraída de medusas para que, al ser examinado a través de una luz azul, emitiera un brillo verde fluorescente.

Fotografías, dibujos, pinturas, esculturas y animaciones protagonizadas por Alba, forman parte de este proyecto de Kac, quien plantea que “si los avances de la genética van a cambiar por completo a la sociedad”, la única manera de reflexionar sobre estos cambios es desde el arte, pero a partir del uso de las mismas técnicas de ingeniería genética.

Esta conferencia, la última del ciclo 2019-I, fue posible gracias al trabajo conjunto que han venido desarrollando las facultades de Artes y Ciencias de la UNAL en torno a la exploración y divulgación de la relación arte-ciencia.