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Notas de Prensa

Un sentido adiós a Pedro Antonio Salamanca, “Pedrito”

Por: Diana González

A tempranas horas del día partió de este mundo “Pedrito” —como se le conocía—, uno de los maestros de la fotografía, el haz luminoso en la vida de muchas personas, entre ellas sus pares académicos, colegas, estudiantes y, por supuesto, su familia.

Pedro Antonio Salamanca Figueroa era un personaje singular. Solía vérsele en diferentes espacios académicos —seminarios, conferencias, charlas— hasta que, como a todos los colombianos— lo recluyó la pandemia y una enfermedad intestinal.

Sin duda, el año 2020 trajo consigo grandes cambios, inesperados traumatismos derivados de las medidas tomadas para mitigar la propagación del nuevo virus. Pero, tal vez, pocos imaginaban que, en medio de todo este drama, se fuera a sumar un dolor más: la pérdida de uno de los “magos” de la fotografía, como lo califica Federmán Contreras —profesor de la Escuela de Diseño Gráfico de la Facultad de Artes—, uno de sus más fieles amigos.

“A Pedro lo conocí hace ya varios años. Nos volvimos amigos desde que yo entré a la universidad. Él era un personaje muy conocedor en su campo, era para mí un 'tipo fuera de serie', en qué sentido: a nivel de la fotografía. Yo diría que un conocedor —de lo que llaman en Química—, estequiométrico, refiriéndome al análisis profundo de cada cosa interna de la fotografía”, destacó el profesor Contreras en una entrevista otorgada al Centro de Divulgación y Medios de la Facultad de Artes de la Universidad Nacional de Colombia (UNAL) en la mañana de este viernes 26 de junio.

Según él, Pedrito tenía una memoria prodigiosa y una hábil manera para narrar historias, especialmente las de la Bogotá de los años 70. “Era un conocedor profundo de cada calle, él me explicaba la historia de la 22, desde la Séptima hasta el barrio Santafé, por ejemplo. Esas historias las contaba con una memoria impresionante”, resaltó durante la entrevista.

Quizá, esa misma manera de contar historias cotidianas, pero llevándolas al plano fotográfico, fue lo que cautivó a Germán Castro Caicedo, quien a partir de una muestra fotográfica colectiva (en la que, además de Pedrito, participaron Jorge Mora, Gabriel Rodríguez y Javier Vargas) escribió:

Mensaje de Hazzas Elo al maestro Pedro Antonio Salamanca tras su deceso en la mañana de este viernes 26 de junio. Imagen: cortesía, Hazzas Elo.

“Su trabajo colectivo busca aglutinar un solo tema: el colombiano de hoy (el de siempre) y su ambiente. En esta forma han logrado una mayor dimensión de la imagen, ampliada aún más por la nueva técnica del “Viraje del color”.

Esa misma destreza en las técnicas y el manejo de cada elemento en la fotografía fue también lo que inspiró a varios de sus estudiantes. Pero no solo eso, sus metodologías y su forma de ser, tanto en la academia como fuera de ella, lo llevaron a ser admirado por muchos de sus pupilos.

Tal es el caso del fotógrafo Hazzas Elo, su seudónimo artístico, quien con una profunda tristeza lamentó el deceso de Pedrito: “Eterna gratitud maestro, hoy se va un pedazo de mi corazón con sumercé. Lo quiero mucho, siempre se lo dije al terminar cada llamada, quedaron muchos planes pendientes. Y en su memoria seré mejor cada día, como cineasta y como docente. Usted fue y será mi único tutor, mi amigo, mi papá en la universidad. Hoy me siento huérfano”.

Sin embargo, para el profesor Federmán Contreras, Pedrito fue “subestimado” al interior de la academia. Según comentó, en parte debido a su edad y a la falsa y arraigada creencia de que las personas de la tercera edad dejan de ser para la sociedad elementos productivos y valiosos.

“Pedro era subestimado por esos personajes que entran y que son jóvenes, porque era viejo, porque tenía más de 70 años, eso lo tengo que decir y lo critico. La universidad pierde a un personaje conocedor profundo de la fotografía. Él iba a parar a nuestro departamento de Diseño Gráfico, porque él era amigo mío, de Bernardo Rincón, de Carlos Arturo Acosta —el director de la Escuela de Diseño— y de otro profesor de Cine y Televisión que lo estimaba, el profesor Alberto Amaya, una persona que lo protegía de alguna manera”, reveló el académico.

Falta mucho por decir de este personaje que dejó su huella impresa en la Facultad de Artes de la UNAL y en el corazón de quienes tuvieron la oportunidad de conocerlo en sus distintas facetas. Pero, las lágrimas se confunden con el estupor, con la desesperanza, con la voz entrecortada, y hasta se olvidan las palabras.

Sin duda, habrá más tiempo para recordarlo, para honrarlo, pero la Facultad de Artes, consciente de la pérdida de tan valioso profesional y ser humano, no quiso dejar pasar un solo día para rendirle este breve homenaje, aunque ya no esté presente, aunque ya no pueda saberlo ni escucharlo. Lo bueno es que, muy probablemente, su esencia permanecerá por mucho tiempo en la mente de aquellos que lo quisieron y lo quieren tanto.

“En estos momentos hay muchas cosas que se pasan, porque en estos momentos es más la pena, porque un amigo se le muere a uno y uno queda mal”, concluyó el profesor Contreras.