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Notas de Prensa

Soy a veces yo

Por: *Mateo Sanabria Rodríguez

Lo peor de este encierro es estar con uno mismo, ¿verdad? Cuando comenzó todo y anunciaron que deberíamos quedarnos en nuestras casas hasta nueva orden, enloquecí de felicidad: ya no más transporte público, ni seguir un horario que amarra, aprieta y ahorca; ni tener que saludar a puros desconocidos solamente para quedar bien. Uno podía estar con uno mismo y, quién sabe, tal vez meditar sobre el tiempo, las metas de la vida o descubrir un nuevo talento… Pero no, en este cautiverio me he dado cuenta de que lo peor no son los demás, sino uno mismo.

Sí, sí, los primeros días no tenía problemas. Desayunaba con la primera capacitación del día, estaba desnudo en la reunión con mi jefe y, cuando él activaba la cámara, me burlaba de sus gestos con un montón de filtros; gastaba el dinero de los pasajes en domicilios y me dormía con documentales de Netflix de fondo. Después, ¿después? Después vino lo peor: soportar la rutina solo con mi persona. Ni los amigos ni las videollamadas familiares eran suficientes para llenar ese vacío de querer salir, de saludar al vecino que me caía mal, de abrazar un árbol, de respirar el humo del cigarrillo de la vendedora de tintos, de escuchar el pito de los carros, solo para callar a esa voz que vive en mí.

Comprendí que en verdad soy una persona bastante fastidiosa. ¡Qué mamera estar conmigo! Ya entiendo por qué mis amistades no duran más de unos meses. Soy incoherente, aunque creo tener pensamientos firmes, los cambio conforme la situación sea mejor para mí. Quiero dormir por las noches, pero me desvelo pensando en el mañana y, cuando llega, lo único que deseo hacer es dormir. Odio al cojo de mi vecino y, aun así, le abro la puerta por una supuesta brújula moral que existe. Mi familia es lo más importante, no obstante, mi ideal es que dejen de llamarme. No sé si estoy mal o si estoy bien con esto. ¡Es que ya no me aguanto!

Entonces, recurrí a una estrategia clásica e infantil: ¿Qué pasaría si a veces soy otro y no este tipo esclavo del sistema que da vergüenza? Una de esas tardes, al almuerzo, salí al balcón (ajá, tengo balcón) miré de arriba a abajo. A esa hora, varias personas también anhelaban sentir que tenían un poco de mundo exterior dentro: algunas gritaban, otras se callaban, otras discutían con sus celulares y de nuevo me pregunté, ¿qué pasaría si, a veces, fuera ellas?

Qué pasaría si, a veces, fuera Laura. Vivo con mamá y papá y quiero gozar el año escolar con mis amigas. Sí, pese a que ese mundo es horrible y cruel, ¿por qué quiero volver allí? ¿Qué me hace rogar por ser parte de algo? Tal vez, a veces, estar en un grupo es la única manera en la que me hago notar. Mi respiración depende de la de los demás. Al lucir ese uniforme me uno a un grupo más grande que yo: existo.

Universidad Nacional de Colombia. Foto: Mateo Sanabria Rodríguez.

Qué pasaría si, a veces, fuera Juan. Soy un panadero y madrugo todos los días a coordinar los envíos. He perdido varios trabajadores por la crisis y únicamente quedamos mi esposa y yo. Hasta este día acepté lo mucho que necesito a los demás. Siempre he pensado que el pan tiene su propia personalidad, que nos habla a través de las texturas, pero últimamente se ha quedado callado: no quiere salir, es como si él también quisiera estar en cuarentena… O más bien, como si quisiera cuidarnos.

Qué pasaría si, a veces, fuera Esteban. Toco el piano desde los seis años y sigue sin ser suficiente. Practico a diario, siempre y cuando mis compañeros de renta no se quejen, y no consigo ser perfecto. Observo los afiches de mis grandes maestros de la música, repaso mis dedos y mis composiciones y, ¡Dios!, nunca seré como ellos. Soy frágil, esta pandemia ha demostrado que un simple virus puede terminar conmigo, ¿y entonces?, ¿dónde se resguardarán mis deseos de perdurar en el tiempo? Probablemente, también soy culpable de que ningún artista termine bien.

Y desde esa tarde, a veces soy esas personas, a veces soy las de pisos más arriba y otras, soy de los más cercanos a la portería. Claro, de vez en cuando, soy a veces yo, porque incoherente o no; soy la única persona que me salvará.

* Autor: Mateo Sanabria Rodríguez. Nace el 8 de julio de 1997 en Bogotá, Colombia. Es profesional en Creación Literaria y estudiante de la Maestría en Escrituras Creativas de la Facultad de Artes de la Universidad Nacional de Colombia. Contribuye con el fanzine Letray-legal, una iniciativa literaria que tiene como objetivo resaltar la labor del arte desde una mirada independiente y pluricultural. Ha trabajado como promotor de lectura y es fanático de Sherlock Holmes y de resolver misterios inexistentes.