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Notas de Prensa

La historia de la papa pastusa

Por: *Katherine Álvarez Bermúdez

Puedo decir que hasta ahora ha sido manejable la convivencia en familia y el tratar de mantener las amistades con amigos cercanos y lejanos por medio de la virtualidad y las llamadas, cuando aún las contestan.

He decidido hace un mes plantar aromáticas y algunas semillas de frutas, por distraerme y ver que podría hacer algo bien y productivo durante esta cuarentena; probablemente, influenciada por todas las actividades que nos sugerían por las redes sociales. Duré escribiendo en medio del pánico y la incertidumbre de las primeras semanas, pero ahora ya ni escribir era la salida para escapar del surrealismo no mágico que estamos viviendo.

Las escenas de series y películas apocalípticas han dado lugar al escenario más inimaginable: nuestra propia realidad. No obstante, también ha sucedido algo curioso. Hace una semana en mi casa, mientras mi mamá limpiaba el cajón del mercado de frutas y verduras encontró una planta germinada con tallos altos morados, que echaba pequeñas raíces blancas, de tamaño mediano, y que redondeaba unos 30 centímetros de altura que atravesaban una bolsa pequeña, medio llena de tierra.

En efecto, la primera impresión no fue de una planta. Parecía más bien como un ser amorfo de aspecto tenebroso y extraño sin movimiento, como las plantas chillonas que aparecen en Harry Potter. Al examinar su raíz, efectivamente, la planta en medio de la oscuridad, en un rincón, olvidada y con algo de humedad, estaba creciendo bajo su propia ley. Una papa pastusa estaba germinando sin proponérnoslo.

Historia de la papa pastusa. Fotografía tomada el 2 de junio de 2020 en Bogotá, Colombia, por Katherine Álvarez Bermúdez.

Eso ha sido lo más interesante que nos ha ocurrido durante este tiempo de cuarentena y no relatarlo hubiera sido como ignorar que, de algún modo, todo sigue su camino en medio de la adversidad; y que cada ser vivo —por más pequeño y olvidado que sea— sabe lo que tiene que hacer en este planeta. Mientras la observaba, pensaba que muchos no tenemos la claridad del ser y el estar, en el aquí y el ahora.

Es verdad que el aislamiento obligatorio o preventivo, o consciente por el hecho de cuidarnos en nuestras casas, nos ha puesto a reflexionar sobre la dirección de nuestras vidas: para unos en la total inconsciencia, para otros en medio del afán de continuar con rutina en la casa y para otros, sin tiempo para pensar porque los alcanza la necesidad de tener lo mínimo para subsistir. Todo esto en medio de las condiciones tan desiguales que se han expuesto dramáticamente en el tiempo del aislamiento, particularmente en nuestro país.

Sin embargo, esperamos con mi familia que la planta de la papa siga creciendo en el ambiente más propicio que le logramos adecuar. Ella florecerá y crecerá un poco más y, seguramente, dará una pequeña cosecha, mientras ignora que a su alrededor otros seres vivos, con plena conciencia de su existencia, están temiendo no sólo por un enemigo invisible llamado Coronavirus, sino por la pandemia del desempleo, la hambruna y la soledad.

Autora: * Katherine Álvarez Bermúdez, arquitecta de la Sede Bogotá de la Universidad Nacional de Colombia y actual estudiante de la Maestría en Arquitectura de la Vivienda de la Facultad de Artes en la misma universidad. “Soy aficionada a escribir relatos e historias anecdóticas y, también, a la literatura de no ficción, ficción realista y contemporánea”.