Escudo de la República de Colombia Escudo de la República de Colombia

Centro de Divulgación y Medios
Notas de Prensa

No indagar y no entender las necesidades reales de los nukak, entre los desaciertos estatales

Por: Diana González

Así se desprendió del conversatorio “La investigación antropológica en el cine documental”, que organizaron, recientemente, el Departamento de Antropología y la Cinemateca Sala Alterna de la Universidad Nacional de Colombia (UNAL) –con el apoyo de la Facultad de Ciencias Humanas y RTVC Señal Memoria–, en el marco del Ciclo de Cine & Ciencias Humanas que se desarrolla en el campus de la institución. Un nutrido diálogo, aunque con un aire de intranquilidad por el presente y futuro de este pueblo, caracterizó el cine foro de esta sesión.

Un indeterminado número de sucesos negativos en cadena amenaza la supervivencia de los nukak –la última tribu nómada del Amazonas–, tal como lo registra en su página web la Organización Nacional de Indígenas de Colombia (ONIC), cuando menciona que ellos hacen parte de uno de los 65 pueblos indígenas nacionales que “entró en riesgo inminente de extinción física y cultural”.

Una serie de infortunios amenazan la supervivencia de la cultura de los nukak, los últimos nómadas del Amazonas. Foto: Danny Mahecha, tomada de: jenzera.org.

Este riesgo, obviamente, no es casual. Viene dado de su contacto con los foráneos, quienes, de una u otra forma, los han diezmado a velocidades alarmantes. La primera vez que se hicieron contacto fue en 1965 y de ahí en adelante ya no fue posible detenerlo, según comentó la profesora Danny Mahecha, del Departamento de Antropología de la Sede Amazonía de la UNAL y una de las invitadas al cine foro en calidad de panelista. “Una vez que inicia el contacto, eso no para”, afirmó.

Lamentablemente, la antropóloga tiene razón. Aunque los nukak se escondieron por más de 20 años en las selvas colombianas, no pudieron seguir evadiendo el encuentro con la civilización, pues luego de 1988 –año en que se registró el segundo acercamiento, aunque para la prensa fue el primero de carácter oficial– el contacto fue cada vez más frecuente y, también, fatal para ellos. En parte, porque para ese entonces su territorio había sido invadido por madereros, cocaleros y grupos armados ilegales.

Hacia los años 90, cuando eran evidentes el contacto, el desplazamiento del que empezaron a ser objeto y su aparición en inmediaciones de San José del Guaviare, un grupo de estudiantes de pregrado en antropología –del que hizo parte la profesora Mahecha– inició una investigación rigurosa sobre los nukak.

Gracias a eso, los investigadores fueron contactados con el fin de dar soporte al documental “Nukak Makú: Los últimos nómadas verdes”, que realizaron en 1993 Audiovisuales, de Colombia, y AVC Rainbow, de Bélgica, con la dirección de Carlos Rendón Zipagauta y Jean Christophe Lamy, y la producción de Alberto Amaya.

Profesores Danny Mahecha, antropóloga e investigadora, y Alberto Amaya, productor del documental sobre los nukak. Foto: Sergio Ruiz, Centro de Divulgación y Medios.

“Conformamos un grupo de 16 personas y contactamos al grupo de la profesora Danny que ya había hecho trabajo de campo con los indígenas. Y fue, prácticamente, gracias a ellos que pudimos llegar al territorio para poder hacer esta película”, reveló al respecto el profesor Alberto Amaya, productor del documental y el segundo de los ponentes invitados al conversatorio.

Sobre el trabajo de campo, la profesora Mahecha explicó que, por ejemplo, en la primera salida, se dieron cuenta que iba a ser una tarea difícil a pesar de que ella y su grupo sabían de la existencia de los nukak y, para ese momento, tenían suficiente conocimiento en etnografía. Sin embargo, poco a poco fueron ganándose un lugar entre ellos y, por eso, fue más fácil, como lo explicó el profesor Amaya, llegar a los nukak con los equipos técnicos y humanos cinematográficos.

De ahí que sobre el documental la profesora resaltara que “es un trabajo extremadamente positivo que anunció cosas muy ciertas que aún hoy siguen pasando. El tema de la deforestación, por ejemplo. El Guaviare es la zona más deforestada de Colombia. Y los cultivos ilícitos, los nukak están desterritorializados en buena parte”.

De hecho, el valor patrimonial de esta producción es tan significativo que ha sido considerada una de las joyas audiovisuales colombianas y, por eso, está siendo objeto de un proceso de restauración que desarrollan en conjunto el Fondo del Patrimonio Fílmico Colombiano y Señal Memoria.

Además, recibió en París el Gran Premio del XIII Festival Internacional del Filme de Medio Ambiente en 1994 y, también –en el mismo año, pero en Bélgica–, el Premio de la Comunidad Económica Europea.

Medidas ineficaces

En la actualidad, una gran parte de los nukak sobrevive en situación de desplazamiento, en asentamientos. Algunos al servicio de los colonos y otros, utilizados como jornaleros que raspan la hoja de coca; marginados, discriminados y en situación de pobreza. Pero ahí no cesa la tragedia. Algunos, según la profesora Mahecha, siguen siendo víctimas de las enfermedades respiratorias agudas, del abuso sexual, la drogadicción, la prostitución y otra serie de males.

Sin embargo, los riesgos para este pueblo indígena no son solamente los anteriores. A ellos se le suma también la falta de planeación en la intervención institucional. Así lo aseguró la profesora, quien ha continuado estudiando la situación de los nukak, a pesar de no poder hacer presencia en el territorio.

Durante el desarrollo del cine foro, el auditorio se mostró preocupado por la situación de los nukak. Foto: Sergio Ruiz, Centro de Divulgación y Medios.

“Yo creo que se necesita una coordinación general y una reflexión por parte del Estado sobre las consecuencias de la intervención masiva y descoordinada que se ha presentado. Y en su lugar, realizar unas acciones coordinadas, unificadas, como prioridad”, informó al Centro de Divulgación y Medios (CDM) de la Facultad de Artes en entrevista pocos minutos después de terminado el cine foro.

En este sentido, dijo que las entidades estatales hacen lo que pueden, urgidas y presionadas por el llamado de la Corte Constitucional para el cumplimiento del Auto 004 de 2009, que busca salvaguardar al pueblo Nukak y a 33 comunidades más amenazadas por la violencia. No obstante, hace falta mucho más que procurar satisfacer unas necesidades que no están basadas en estudios reales de una comunidad que, aunque ya no está en su territorio –en su mayoría–, conserva parte de su idiosincrasia.

Al respecto, aseguró: “sí, están intentando hacer cosas, pero en este desorden no es posible. Además, bajo la premisa de que ellos no van a entender, de que entonces les damos esto o aquello sin preguntarles. Es decir, siempre están mirándolos desde la carencia, qué les falta, pero nunca miran todas las potencialidades que tienen”.

“Hay que dar la pelea” por el territorio para que los nukak puedan volver a su resguardo indígena, resaltó la profesora Danny Mahecha. Foto: Juan Pablo Gutiérrez, tomada de: http://memoriandofotografia.blogspot.com

Hay que dar la pelea y mantener las esperanzas

Así lo aseguró al CDM la profesora Mahecha. “Hay que dar la pelea” por el territorio de los nukak para que puedan volver a él con las garantías plenas de seguridad integral, para que puedan volver a habitar su resguardo indígena que, según cifras del Ministerio del Interior, es de un millón de hectáreas, localizadas entre el río Guaviare y el curso alto del río Inírida en el Guaviare. Una “pelea” en términos de insistencia y resistencia, según la antropóloga.

Sin embargo, lograr avanzar en este reto en el actual contexto socio-político colombiano sigue representando muchas complejidades, pues, además de que las medidas de restitución de los derechos fundamentales de los nukak no han sido eficaces ni suficientes, las disidencias de las Farc ejercen control sobre el territorio indígena, según menciona un artículo del periódico El Espectador, publicado en octubre de 2018.

Pese a ello, la profesora Mahecha recalcó: “la pelea por el territorio no se puede dejar de lado, aunque es difícil, requiere de un trabajo enorme, pero ese es el reto. No se puede desistir, porque eso es como firmarles a los nukak una sentencia de perdida territorial y yo, insisto, eso no debe suceder. Hay que mantener la esperanza de que en algún momento esa situación va a cambiar, de que se van gestar otros acuerdos para que la gente pueda volver”.

Sobre posibles medidas que puedan contribuir a minimizar los efectos perjudiciales de la civilización sobre ellos, la antropóloga dijo que “por supuesto, la alfabetización es necesaria, pero también, un trabajo sobre todo lo que vincula sus derechos como pueblos indígenas. Hace falta un empoderamiento de ese tema y la gestación de otras oportunidades para generar recursos, indudablemente eso es necesario”.

Para concluir, dijo: “les haría bien a los nukak también un momento de reflexión sin tanto actor extraño, intentando hacer algo desde su perspectiva y su visión, porque incluso en las circunstancias más tremendas uno también se fortalece, genera respuestas. De eso se trata, de mirar dónde están esas resiliencias para potenciarlas”.