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Centro de Divulgación y Medios
Notas de Prensa

La UNAL y su contribución al medioambiente

Por: Pablo Enrique Triana Ballesteros

Este mes en que se celebra el Día Internacional del Medioambiente entrevistamos a la coordinadora de la Maestría en Medio Ambiente y Desarrollo (PMAD) para conocer lo que piensa sobre asuntos como el calentamiento global, la minería y lo que hace la Universidad Nacional en pro de la conservación y protección del ecosistema.

El 5 de junio es la fecha en que la humanidad conmemora el Día Internacional del Medioambiente. Sin embargo, esta celebración no debería ocupar nuestra mente tan solo un día y ni siquiera todo un mes, sino que debería ser algo presente en nuestro pensamiento, tendiente a generar acciones todos los días de nuestras vidas, ya que estas dependen de ello.

Es por esto que en el Centro de Divulgación y Medios (CDM) de la Facultad de Artes de la Universidad Nacional de Colombia quisimos entrevistar, en el marco de esta celebración, a una experta en el tema para que nos contara cómo se encuentra la universidad en esta materia y cuáles son algunas de las iniciativas y proyectos que se adelantan para la protección y cuidado de este asunto tan importante.

De esta manera, contactamos a la profesora Rosario Rojas Robles (R.R.R) quien además de ser la Coordinadora de la Maestría en Medio Ambiente y Desarrollo (PMAD), también es profesora asociada del Instituto de Estudios Ambientales (IDEA) y del Observatorio de Conflictos Ambientales (OCA). Esto fue lo que nos contó.

CDM: Ahora que se celebra el Día Internacional del Medioambiente hay una gran cantidad de personas que creen que asuntos como el calentamiento global son puro mito ¿qué opina al respecto?

R.R.R.: Sí, después de cuatro (4) cumbres de la Tierra realizadas desde 1972, en las que se advertía ya los efectos de la actividad humana en la naturaleza, más las veintitrés (23) cumbres de las Naciones Unidas sobre el cambio climático que se celebran anualmente ante la inminencia de los cambios y de las que han surgido negociaciones, objetivos y acuerdos para limitar la emisión de gases de efecto invernadero desde 1995, más las dos grandes evaluaciones de los ecosistemas del milenio y múltiples trabajos de investigación llevados a cabo por diferentes grupos de científicos en el mundo que muestran los múltiples cambios y el calentamiento que se ha vivido, es bastante preocupante que una persona no pueda creer que es un fenómeno global y muy real.

Cortesía: UN periódico/ Medio Ambiente.

Eso sin hablar de cómo en el mundo han circulado las noticias, como buenas nuevas, de la reducción de emisiones que ha provocado esta gran crisis del Covid-19 con la cuarentena. ¿Por qué se celebró el respiro que han recibido los ecosistemas y la atmósfera si no es a causa de que realmente estamos viviendo una tragedia ambiental con graves consecuencias para la vida? La invitación para ese público escéptico es a consultar estas fuentes de información que tienen argumentos, citas, datos y reflexiones de sobra para cuestionar su incredulidad.

También, para que pregunten en lo más cercano, a sus familias campesinas, si no han advertido cambios en los patrones de las lluvias, en los aumentos de las temperaturas, en la desecación del suelo y las quebradas. Los cambios son reales y persistirán en su magnitud de no transformarse la forma como los vemos, no como amenazas a la realización de actividades humanas, sino como una oportunidad de poder mejorarlas en beneficio de la vida.

Un claro ejemplo de cómo se ha sentido el calentamiento global en el país es la extinción o la reducción significativa de nuestros glaciares, solo quedan 6 de los 13 existentes, según lo ha reportado el Instituto de Hidrología, Meteorología y Estudios Ambientales de Colombia (IDEAM), que ha estimado una pérdida entre 3 y 5% de área su glaciar anualmente durante los últimos 50 años, con una disminución significativa de 58% entre la década de 1980 y 2017.

Otro caso es la ocurrencia de altas temperaturas, atípicas, de manera más frecuente, especialmente en el mes de enero, cuando se presenta uno de los periodos más secos en el territorio nacional.

CDM: El OCA ha realizado una gran cantidad de análisis sobre conflictos ambientales de gran relevancia para la actualidad colombiana, como la explotación aurífera en el sur de Bolívar, o la importancia medioambiental del borde norte de Bogotá. A partir de sus observaciones ¿cuál considera usted, personalmente, que es la emergencia ambiental más preocupante en la que deberíamos fijar la lupa los colombianos hoy por hoy, sin que eso quiera decir que las demás no sean importantes?

R.R.R.: Las posibilidades de seguir perpetuando las tragedias ambientales de El Caribe, la Amazonia, la Orinoquia, el Catatumbo, Tumaco, el Cauca, Putumayo, Chocó, Buenaventura, Arauca, etc., producto de actividades extractivas y altamente degradantes en términos ecológicos, en muchos casos a manos de actores externos al territorio (nacionales y extranjeros), como la minería de metálicos y no metálicos, la explotación de hidrocarburos, los monocultivos, los proyectos de infraestructura, entre ellos el de navegabilidad del Magdalena, las grandes represas, los puertos a granel, los megaproyectos de vivienda, etc.

Cortesía: UN periódico/ Medio Ambiente.

Zonas que desde una visión centralista y eminentemente urbana siguen siendo percibidas como aisladas, lejanas y sin ningún valor visible o resaltado para nuestra sociedad colombiana. Áreas en las que se han configurado escenarios de guerra y de disputa que disculpan las intervenciones de proyectos que abanderan el progreso y el desarrollo como si fueran territorios vacíos esperando ser salvados por ellos. Y es en estos escenarios donde todo tipo de acciones violentas se justifican, no sólo desde el conflicto armado, que ya es un panorama desolador, sino desde las heridas profundas y muchas veces irreversibles al agua, al suelo, al aire, a las plantas, los animales, a la vida en toda su plenitud.

CDM: ¿Por qué? ¿Qué características especiales o particularidades específicas tiene dicha emergencia o conflicto ambiental para que nos deba urgir como colombianos atender a ello antes de que sea demasiado tarde?

R.R.R.: El contenido violento de esos proyectos inconsultos que se implantan en los territorios bajo una idea abstracta de interés general, la cual termina aplastando los modos de ser y de estar de quienes allí habitan.

Como se señaló anteriormente, la violencia no se reduce a su ejercicio físico, sino que comprende —además— lo simbólico, cuando la prevalencia del interés general consagrada constitucionalmente (ver, por ejemplo, el artículo 58 de nuestra Carta Política) es capturada por grupos reducidos de actores con incidencia en la toma de decisiones, lo cual termina transformando radicalmente el rumbo de esos territorios que vienen incorporándose con mayor celeridad a los circuitos extractivos.

De allí que la falta de participación (que no se reduce a dar información y menos cuando es a destiempo), sumado a la imposibilidad de cogestionar los territorios en disputa, terminan configurando las condiciones para desplazamientos, esta vez de tipo ambiental (ver p.ej. reasentamientos forzosos en los enclaves carboneros del Cesar y La Guajira), sino también para el surgimiento de conflictos ambientales y el escalamiento de los existentes, sin posibilidades para gestionarlos positivamente, lo que puede degenerar en nuevas violencias en un país que alcanzó a acariciar la opción de ver concretada una paz esquiva desde hace más de 50 años.

Cortesía: UN periódico/ Medio Ambiente.

CDM: ¿Cuál es el impacto más grande o significativo que ha podido ver en su trayectoria y que han tenido los análisis y estudios que realizan en el OCA (algún conflicto ambiental que se haya resuelto gracias a la labor que realizan en el OCA o una iniciativa importante que se haya impulsado a partir de sus observaciones y trabajo, etc.)?

R.R.R.: Se han posicionado o apoyado temas coyunturales, como los efectos nocivos del fracking y las grandes represas en las comunidades y los ecosistemas. Hemos participado en diferentes espacios de discusión como audiencias públicas ambientales, debates en la Cámara de Representantes, la elaboración de artículos de prensa para Semana Sostenible y UN Periódico.

CDM: ¿Cuál piensa que es la importancia de la Universidad Nacional de Colombia para la resolución de conflictos ambientales en el País?

R.R.R.: La Universidad Nacional de Colombia, como el pilar central del sistema público de educación superior de la nación, tiene un compromiso ético y misional de aportar soluciones a los problemas de la sociedad civil en su sentido más amplio, constituyéndose en un actor social académico de gran relevancia. En el desarrollo de esa misión, considerando su carácter de órgano autónomo e independiente, es de vital importancia la formación científica, técnica, profesional y ciudadana para la construcción de una sociedad democrática y deliberativa, cuyo fundamento es la razón y el uso responsable y ético de la información y del conocimiento en beneficio del bien común, siendo este último punto esencial en la transformación de los conflictos ambientales, con una gran potencial de aportar interdisciplinariamente en estas situaciones de gran complejidad.

En el marco de la conflictividad ambiental, también, es necesario resaltar su capacidad de fomentar el estudio y enriquecimiento del patrimonio cultural, natural y ambiental de Colombia, con autonomía académica e investigativa, permitiendo el análisis de cada caso y proponiendo, con independencia, posibles soluciones. Entre ese marco se resalta la labor en docencia, investigación y extensión interdisciplinaria en temas ambientales del Instituto de Estudios Ambientales de la Universidad Nacional de Colombia, IDEA, instituto interfacultades e intersedes al cual pertenece el Observatorio de Conflictos Ambientales (OCA).