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Notas de Prensa

La mujer fatal del siglo XIX en una exposición, la mirada de Laura Malosetti

Por: Diana González

Durante su primera visita a Colombia –en el espacio del ciclo de Conferencias de las Artes de la Facultad de Artes de la Universidad Nacional (U.N.)–, esta doctora en Historia del Arte habló de lo que fue la polémica exposición “La Seducción Fatal, Imaginarios eróticos del siglo XIX”, que ella misma curó y que estuvo instalada en el Museo Nacional de Bellas Artes, en Argentina, entre noviembre de 2014 y marzo de 2015.

Aunque criticada por las feministas argentinas, la muestra rescató del sótano del Museo de Bellas Artes –por primera vez– más de 60 pinturas y esculturas, grabados y fotografías que fueron expuestas junto a obras de colecciones privadas, material gráfico, películas, partituras y música de tango en los que el cuerpo de la mujer como objeto de deseo y objeto temido representó el imaginario erótico del siglo XIX.

Así lo dejó saber Malosetti, quien además aseguró que durante esa centuria se establecieron nuevos códigos eróticos vinculados a las diferentes formas de trabajo femenino. En este sentido, el cine y el teatro influyeron notablemente en la configuración y evolución de la otrora figura de la mujer sometida a los deseos masculinos hacia la figura de una mujer seductora y poderosa, pero fatal.

Al respecto, la historiadora del arte informó al Centro de Divulgación y Medios de la Facultad de Artes de la U.N. –organizador del ciclo de conferencias– que su intención al curar esta exposición fue “valorizar el patrimonio y recuperar la mirada femenina sobre un universo de deseos que siempre se pensó que era exclusivamente masculino”.

La conferencia se dio en el marco de la conmemoración de los 40 años de funcionamiento del Instituto de Investigaciones Estéticas de la Facultad de Artes de la Universidad Nacional de Colombia. Foto: Yesid Villamizar, Centro de Divulgación y Medios.

También, explicó que su hipótesis inicial estaba orientada hacia si la mujer era considerada un objeto erótico y un ser temido por el hombre. Sin embargo, luego del proceso de investigación que adelantaron ella y el equipo de trabajó de la exposición, se pudo establecer que, además de ello, existió una fascinación absoluta hacia esa nueva figura de mujer, una mujer súper poderosa y súper sexie que invadió la escena mediática de finales del siglo XIX.

“Esta investigación viene de cuando yo estudiaba. Yo trabajaba para ganarme la vida y fui secretaria de los primeros sexólogos de la Argentina, eran sicoanalistas y como yo estudiaba historia del arte, me invitaron a darles clase de sexualidad de arte erótico a los sexólogos. Y ahí empecé a entrar en el tema y nunca lo dejé. Y trabajamos en concreto para la muestra un año, pero yo venía trabajando hacía 20 años”, explicó.

Otro hallazgo de la investigación tiene que ver con las relaciones de poder, violencia y sumisión, pero también de deseo y seducción, que durante el siglo XIX dieron forma, según Malosetti, “a un universo de convenciones relacionadas con las representaciones de la sexualidad humana, algunas de increíble persistencia a lo largo del tiempo”.

De acuerdo con la conferencista, desde mediados del siglo XIX, cuando la popularización de la lectura y de la imagen impresa en diarios y publicaciones periódicas permitió la propagación de los cambios en la cultura, se reformularon y transformaron para el consumo burgués antiguos tópicos relativos a los imaginarios eróticos de Occidente.

Laura Malosetti, doctora en historia del arte. Foto: Yesid Villamizar, Centro de Divulgación y Medios.

En este sentido, dijo que el erotismo de la sociedad burguesa del siglo XIX fue de una doble moral; que existía una culpabilización sobre el sexo pero que, a pesar de ello, se daban con frecuencia esas relaciones de poder sobre el cuerpo femenino.

En la consolidación del imaginario erótico del siglo XIX incidieron también el cine, la fotografía, la caricatura política, la publicidad en las primeras revistas ilustradas y la música, específicamente la milonga y el tango. En el cine, por ejemplo, una de las películas más aclamadas y sensacionalistas de la época fue La higiene del matrimonio, en la cual, dijo, se encubría la pornografía.

Durante su intervención, Malosetti mostró, así mismo, una serie de obras de artistas italianos, franceses, alemanes, uruguayos y argentinos del siglo XIX que hicieron parte de la exposición y que conforman la colección del Museo Nacional de Bellas Artes. Este acervo que hasta entonces había permanecido en reserva no había sido mostrado al público, por lo que cobra aún mayor relevancia, pues pone en evidencia por primera vez –desde la fundación del museo– el imaginario erótico de la cultura de Occidente en el arte y, también, el gusto de los coleccionistas y públicos argentinos.

“Joven oriental”, de la artista Juana Romani; fue la única obra, en la muestra, pintada por una mujer. Foto: Cortesía Laura Malosetti.

El empoderamiento femenino, de vieja data

“El camino de empoderamiento que las mujeres tenemos hoy es un camino de empoderamiento largamente cultivado”, afirmó Malosetti tras argumentar que la fémina bella, poderosa, con capacidad de decisión y de dominio sobre los hombres es un modelo para muchas mujeres.

Tal vez una de las imágenes de ese tipo de empoderamiento lo constituye la figura de la artista italiana Juana Romani, modelo de Ferdinand Roybet y Jean-Jacques Henne y una las pocas mujeres de la época que se atrevieron a hacer pintura erótica y que, según Malosetti, fue caratula de varios catálogos y revistas. De ahí que su obra Joven oriental, un autorretrato semidesnudo, haya sido la imagen central de la muestra.

“Fueron pocas las mujeres que, como ella, pudieron representarse a sí mismas y disfrutar de la contemplación del propio cuerpo. […] Es el museo (Nacional de Bellas Artes) que más obras tiene de Juana Romaní”, concluyó la historiadora del arte.

La conferencia contó con el apoyo del Instituto de Investigaciones Estéticas de la Facultad de Artes de la Universidad Nacional de Colombia, que este año conmemora su cuadragésimo aniversario de labores ininterrumpidas.