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Notas de Prensa

CIEN AÑOS DE SOLEDAD, EL REALISMO MÁGICO y EL CINE

Por: Sonia Velosa y Alejandro

La Mirada Opulenta Nº 2

¿Es posible ponerle rostro al coronel Aureliano Buendía, más allá de la imaginación de quien empieza a leer CIEN AÑOS DE SOLEDAD? ¿Veremos a Remedios la bella, subir al cielo llevada en cuerpo y alma por mariposas amarillas?

¿Nos sentiremos cómodos viendo como Amaranta arrulla a una pequeña Úrsula, convertida en muñeca tras vivir 122 años?

En otras palabras ¿es CIEN AÑOS DE SOLEDAD una novela posible de traducir al lenguaje audiovisual?

Netflix cree que es posible y por eso compró los derechos para producir la primera versión filmada de la novela cumbre de Gabriel García Márquez, la obra que el fallecido escritor siempre quiso lejos de las pantallas.

A raíz de esta adquisición de los derechos de adaptación audiovisual de CIEN AÑOS DE SOLEDAD, he aquí la primera parte de un texto donde comentamos sobre las implicaciones estéticas que tal decisión comporta.

OPINIONES DIVIDIDAS

La crítica, los realizadores, los expertos literarios en la obra de Gabriel García Márquez y hasta el propio autor, presentan opiniones divididas al respecto.

Aunque varios de sus trabajos han sido adaptados para el cine, Gabo escribió CIEN AÑOS DE SOLEDAD como un escape de la pantalla grande, según explica Nicolás Pernett, investigador de la obra den Nóbel colombiano.

La novela fue una reacción al mundo del cine. En aquel momento, en México, Gabo había logrado trabajar en esa industria escribiendo guiones y haciendo adaptaciones, señaló Pernett al portal BBC Mundo.

Creó una novela que fuera difícil de convertir en película, afirma el experto, al señalar elementos como el manejo del tiempo, los monólogos y ciertas escenas del libro que serían muy complicados de llevar a la pantalla.

CIEN AÑOS DE SOLEDAD, juega en contra de muchas de las convenciones del cine, declaró, de manera contundente, Pernett.

Algunos críticos y realizadores de la relevancia de Pier Paolo Passolini, asombraron en su momento cuando afirmaron que CIEN AÑOS DE SOLEDAD es la novela de un guionista o de un costumbrista, escrita con gran vitalidad y derroche de tradicional manierismo barroco latinoamericano.

La nota escrita por Pasolini bajo el título Un escritor indigno, y publicada en la revista Tempo el 22 de julio de 1973, considera que la obra de Gabo es: “casi para el uso de una gran empresa cinematográfica norteamericana”.

Aunque la intención del realizador italiano sea rebajar la obra literaria a una novela no esquiva a este tipo de miramientos, no cae en la inexactitud cuando juzga a García Márquez como guionista.

“Los personajes, continua Pasolini, son todos mecanismos inventados, a veces con espléndida maestría, por un guionista y tienen todos los tics demagógicos destinados al éxito espectacular».

Sabido es que García Márquez empezó a trabajar como guionista, en una época cercana a los inicios creativos de CIEN AÑOS DE SOLEDAD, y la leyenda habla de que gran cantidad de material rechazado por productores, terminó incluido en el célebre libro.

No resulta extraño entonces, que la mirada de un poeta y cineasta como Pier Paolo Pasolini, advierta un sentido cinematográfico en la novela del Nobel colombiano.

Tras los años que siguieron al éxito de CIEN AÑOS DE SOLEDAD, el mismo García Márquez inició una dura campaña en contra del interés de muchos directores que persiguieron los derechos de su novela para adaptarla al cine.

Ha existido un desprestigio que afianza la idea general de CIEN AÑOS DE SOLEDAD como una obra inadaptable. Bajo una sobredosis alucinada de realismo mágico, García Márquez puso freno a las propuestas de un realizador tan talentoso como Giuseppe Tornatore.

García Márquez afirmó en ese entonces que: «Debíamos grabar el libro completo, pero solo lanzar un capítulo -de dos minutos- cada año, durante 100 años».

Otras veces Gabo imaginó un reparto imposible: «Sería una producción muy costosa. Tendrían que intervenir grandes estrellas como Robert de Niro en el papel del coronel Aureliano Buendía y Sofía Loren en el de Úrsula, y eso la convertiría en otra cosa».

Arremete también García Márquez contra el cine y sus limitaciones narrativas, justificando que escribió CIEN AÑOS DE SOLEDAD para liberarse de las restricciones que dominan la construcción de un guion.

Foto: wmagazin.com

¿BAJO EL SINO DE LA FATALIDAD?

Cierto es que los guiones elaborados por García Márquez y las adaptaciones de sus novelas y cuentos, han sufrido una mala fortuna, fracaso atribuido a la dificultad de transfigurar el universo macondiano de la literatura fantástica al cine.

También se sabe que ha habido malas decisiones, tomadas al momento de elegir el equipo de cineastas, en su mayoría directores artesanos de cinematografías tercermundistas.

Al menos, referente a CIEN AÑOS DE SOLEDAD, Gabriel García Márquez manifestaba nociones prejuiciosas sobre las adaptaciones cinematográficas.

Temía que los valores literarios de su afamada obra fueran trastocados y convertidos en imágenes carentes de una poética conforme a la naturaleza de la novela y que la gran pantalla destruyera el imaginario personal de cada lector.

Los registros señalan que fueron varias las veces que productores y directores tentaron a García Márquez con filmar CIEN AÑOS DE SOLEDAD para el cine o la televisión, pero una en particular ganó notoriedad.

Fue una propuesta realizada por Anthony Quinn, el actor y director de origen mexicano, quien intentó convencerlo con una oferta pública de $1 millón de dólares a finales de la década de los 70.

El hecho no habría pasado de ser anecdótico si no fuera porque Quinn se ganó un desmentido de Gabo. Quinn, según relató el propio García Márquez, lo había acusado de comunista y de pedirle que la oferta económica no se hiciera pública.

Finalmente, ambos se conocieron en una cena, pero de la oferta no se volvió a hablar.

Pese a que su mayor reconocimiento se debe a la literatura, los aportes de García Márquez a la cinematografía son parte importante de su trayectoria.

LA PASIÓN POR EL CINE

Sin embargo, la producción audiovisual fue parte de las pasiones de García Márquez y lo demostró desde los guiones que escribió, adaptaciones, crítica especializada y la apertura de la Escuela Internacional de Cine y Televisión de San Antonio de los Baños (Cuba), inaugurada en 1986.

Según el criterio de Nicolás Pernet, los reparos para filmar su novela más famosa, no son contradictorios con la pasión del colombiano por la cinematografía. De hecho destaca, que desde San Antonio de los Baños, incentivaba a los alumnos a la producción de series televisivas "ya vaticinando el enorme potencial que este género tomaría".

Los hijos de Gabo desean aprovechar ahora ese potencial, para que finalmente puedan tener rostro los numerosos personajes de CIEN AÑOS DE SOLEDAD, aunque esto no vaya de la mano con lo que su padre escribió en una columna de 1982.

"Mi deseo es que la comunicación con mis lectores sea directa, mediante las letras que yo escribo para ellos, de modo que ellos se imaginen a los personajes como quieran, y no con la cara prestada de un actor en la pantalla"… "Anthony Quinn, con todo y su millón de dólares, no será nunca para mí ni para mis lectores, el coronel Aureliano Buendía", afirmó tajante.

A CONTRA CORRIENTE Y SIN PERMISO

Curiosamente existe una película japonesa de 1984 titulada SARABA HAKOBUNE (Despedida del arca), inspirada en CIEN AÑOS DE SOLEDAD y dirigida por Shûji Terayama, la cual participó en la competencia oficial a la Palma de Oro en el Festival de Cine de Cannes de 1985.

Tal vez sea el referente cinematográfico más cercano a CIEN AÑOS DE SOLEDAD. En Macondo, una aldea del Japón rural, una pareja de primos anhela vivir juntos, pero sus familiares se oponen a que mantengan relación alguna.

Los habitantes de la aldea profesan la creencia que si llegan a tener hijos, los niños verán la luz sufriendo malformaciones físicas. Sin encontrar otro remedio, la pareja de primos escapa, pero a su regreso, trascurrido un tiempo, deberán pagar las consecuencias de sus acciones.

El punto central de la película es el incesto, la larga historia de una familia y su relación con el pueblo en donde viven, así como el complejo y perturbador simbolismo que le imprimó su realizador.

Aunque el filme no sigue al pie de la letra la obra cumbre de Gabriel García Márquez, sí hay detalles calcados como el cinturón de castidad de Úrsula Iguarán; las peleas de gallos; el fantasma de Prudencio Aguilar atormentando a José Arcadio; los gitanos y los circos; los relojes musicales, entre otros.

“La gran inteligencia de esta película fue no cometer el error de querer adaptar el Caribe en Japón o de querer interpretar el Caribe según un japonés, sino más bien tratar de encontrar la universalidad de la obra llevada a la pantalla a través de un ciudadano del mundo”, dice Sergio Becerra, docente de cine de la Universidad Central y exdirector de la Cinemateca Distrital de Bogotá.

Se sabe que la relación entre el Nobel y el cine no fue afortunada y menos cuando García Márquez intervino en las adaptaciones de sus obras. “La última de las preocupaciones de Terayama fue contar con el visto bueno del autor”, dice Becerra.

El docente considera como dos aciertos el hecho de haber filmado el largometraje en el archipiélago de Okinawa, el punto más septentrional de Japón, para tratar de entender qué es el trópico y, además, ubicar la historia en la primera mitad del siglo XX, según el relato de CIEN AÑOS DE SOLEDAD, con la llegada de la electricidad, del tren y otros inventos técnicos.

Según Sergio Becerra, el largometraje de Terayama está enmarcado en la escena teatral japonesa de posguerra. La cinta retoma el esquema de la narrativa de la novela de García Márquez y plantea cómo detectar el componente dramatúrgico de la tragedia detrás de la maldición de los Buendía.

Saraba Hakobune cumple con el rigor de una adaptación hábil al tomar elementos presentes en CIEN AÑOS DE SOLEDAD y unificarlos con la cultura japonesa, imprimiéndole una autonomía estética a la película y sentenciando además que para el séptimo arte no existe nada imposible.

Fin de la primera entrega